Semana de Cine Ruso en Cuba

Nuevos filmes, nuevas miradas

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba
Jueves, 5 de Septiembre y 2013 (11:19 am)

El cine ruso no es ajeno para el público cubano. Fueron varias las generaciones que disfrutaron de aquellos filmes producidos en la otrora Unión Soviética, muchos de los cuales son considerados hoy clásicos a nivel mundial.

Fieles adaptaciones literarias; argumentos históricos, belicistas, de realce patriótico, eran las propuestas fundamentales que llegaban a cines y televisores del país. Aunque esta cinematografía abrigaba una segunda corriente, menos convencional, donde se experimentaba a través de un lenguaje distinto, más subjetivo y sardónico.

Sin embargo, en Cuba se conserva el recuerdo de la primera tendencia, cuyas producciones fueron ampliamente difundidas en la Isla. Tal vez por eso, en esta Semana de Cine Ruso que propone el ICAIC desde el cine Chaplin, la interrogante principal se encamine a si vamos a apreciar filmes que conserven las huellas de los clásicos soviéticos o si, por el contrario, nos toparemos con algo diferente.

La delegación de cineastas y actores rusos asistentes a la muestra reconoce la herencia clásica, sin embargo, la mayoría confiesa su pertenencia a una nueva generación, crecida y educada con otros valores, en un contexto distinto, y expuesta a otras alternativas y formas de hacer el audiovisual. Los tiempos han cambiado y con ellos las miradas.

Por eso esta selección de la filmografía rusa reciente (2010-2012) cuenta con películas que, si bien conservan el sello de autor, están realizadas bajo el principio de enamorar a la audiencia para alcanzar su objetivo primero: la popularidad. De ahí que la mayoría de las nueve propuestas fílmicas vengan respaldadas por el éxito de taquilla.

Quizá sea, entre todos, La Fortaleza de Brest el largometraje que más recurra al legado soviético. Ambientado en la segunda guerra mundial, el drama bélico relata la defensa de dicha fortaleza ante la invasión nazi. Según comentó su director Alexandr Kott, se trata de una película única, ya que no se propone recaudar dinero: constituyó un material realizado por encargo para un proyecto conjunto bajo presupuesto estatal entre la Federación Rusa y Bielorrusia, territorio donde se encontraba la fortaleza de Brest.

“A pesar de que la película es dura, difícil y bastante larga, debo reconocer que fue elogiada por la crítica y recaudó bastantes fondos en taquilla —apuntó Kott. No es un filme documental, aunque tratamos de seguir sus pautas e informarnos profundamente. Sus actores representan a héroes reales y no teníamos derecho a inventar nada. Sin embargo, lo que sucedió ahí no lo sabe nadie con certeza porque apenas hubo sobrevivientes. En general todo está basado en testimonios de testigos que sobrevivieron”.

La segunda guerra mundial inspira igualmente las historias de los filmes El partido y El espía. El primero refleja una de las anécdotas más populares y fascinantes del conflicto bélico: el llamado partido de la muerte entre las fuerzas armadas nazis que ocupaban Ucrania y el Dinamo de Kiev, integrado por obreros de la fábrica de paños. Los sucesos de este épico juego sirven de telón para recrear el romance entre Anna Shevtsova y el portero del Dinamo, Nikolay Ranevich.

En El espía el espectador encontrará, más allá del tradicional cine de espionaje, una propuesta atípica donde se mezcla la visión de su director Alexey Andrianov con los principios del cine soviético y occidental, en especial el tan conocido patrón de “las películas americanas”. Un filme difícil de clasificar, al aunar elementos del drama, la aventura, lo romántico y lo fantástico. Junto a ello, comenta su coprotagonista, el actor Vladimir Yepifantsev: “El estilo y la imagen son del cómic, y los planos se ven como a través de una lupa. Si un edificio soviético es grande, imponente, en el filme se muestra monumental; todo está sobredimensionado, llegando hasta lo grotesco”.

La muestra reúne, además, tres atractivos largometrajes de dirección múltiple: ¡Moscú, te amo!, Madres y Árbol de Navidad. Quien haya disfrutado de su par francesa irá sin dudas a la caza de ¡Moscú…, con la expectativa de descubrir, por medio de los 18 cortos que la conforman, los encantos y misterios de esta ciudad en la modernidad.

Por su parte, Madres es un ejemplo del interés de Rusia por acercarse al cine de familia; de ahí que, a través de las historias que la conforman, se reflejen los momentos y circunstancias que rodean las relaciones entre diversas madres y sus hijos, todas unidas por el denominador común del amor maternal.

Árbol de Navidad, una de las películas más atrayentes de esta muestra, es una comedia conformada por nueve relatos insólitos que acontecen el 31 de diciembre en 11 ciudades rusas e involucran a los más disímiles personajes: un taxista y una diva del pop, un hombre de negocios y un actor, un practicante de snowboarding y un esquiador, un estudiante y una jubilada, un bombero y una ejecutiva, un ladrón y un policía, un extranjero que trabaja en Rusia y el presidente de la nación.

El culto a la abnegación materna también se presenta a través del melodrama Estaré a tu lado. En otro sentido, Sobre el amor da una visión acerca de lo efímera y engañosa que puede resultar, en algunos casos, la pasión inicial del romance. Y para los que prefieren reír Rusia trae Los caprichos, refrescante comedia coprotagonizada por la conocida actriz Milla Jovovich.

La Semana de Cine Ruso abre el diálogo con una oferta audiovisual renovada y distinta. En espera de la reacción del espectador cubano, la delegación rusa aspira a alternar cada año las muestras cinematográficas, ya que, si bien en Cuba existen referencias del cine ruso, aún se conoce poco de la filmografía cubana en el gigante del este europeo.

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