Catálogo de las salas permanentes de Arte Cubano

Bojeo a un tesauro

Luz Merino Acosta • La Habana, Cuba

“Catálogo”* es un enunciado que hoy día ofrece amplia cobertura. El diccionario lo define de manera muy genérica; pero con determinados apartados que serán comunes a todos: memoria, inventario o lista de personas, cosas o sucesos puestos en orden. Visto así y guiados por la que “fija y da esplendor”, encontramos diversidad de tipologías, pues hoy se adquieren ropas, enseres, etc.… por catálogos; de manera que ahí estarán presentes las listas, los modistos, los costos...

Mas, el de Arte es un catálogo que sin perder algunos de los requerimientos antes mencionados se coloca en otra zona e, incluso, tiene sus propias tipologías. El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) hace constantemente catálogos; algunos los denominamos plegables o trípticos por la estructura, pero todos contienen información sobre qué se expone. Estos son los de las muestras transitorias y, en ese sentido, se equiparan con los de otras instituciones o galerías que entregan a la demanda de sus públicos un recordatorio de lo realizado.

Asimismo, están los catálogos de las muestras permanentes de los museos —en particular del nuestro—, que se refieren a la colección; se pueden encontrar algunos como guías o aquellos que reseñan la colección como simple enumeración de lo que contiene. A esta pluralidad se suma el denominado catálogo razonado que dice cómo es el tesauro y se detiene en las obras y su valor. Así, desde 1913, el MNBA tuvo un catálogo donde se enumeraban los fondos con breves datos técnicos de la colección, confeccionado por Emilio Heredia y que próximamente se presentará. Con esto el público podrá comprobar y comparar cómo se han modificado las miradas en cuanto a la diversidad de estas memorias que denominamos catálogos.

Desde 1913 hasta hoy, de alguna manera todos los catálogos se han referido a las salas permanentes del la institución, una posible excepción es la Sala de la Antigüedad que por su especificidad, incluso antes de 2001, se publicó un catálogo de una zona de la colección. Con la creación de dos edificios en los que las colecciones se han emplazado de manera particularizada, surge entonces la necesidad de que cada sala tuviera uno.

En 2001, para la apertura del Museo de Arte Universal, se concibió un libro de presentación de las colecciones que muestra la medida de la diversidad de ese tesauro. No reproduce una lista ni enumera, sino que presenta una muestra que no sigue la colección en sentido genérico, en lugar de seguir las salas. Para Arte Cubano se confeccionó un catálogo de la Sala Permanente 2001 y una segunda edición en 2008. Hoy nos convoca la presentación de la tercera.

Este objeto refleja el sistema sala y se presenta en el catálogo a través del listado de las obras, con las fichas técnicas correspondientes, a partir de los lineamientos más contemporáneos y de una curaduría editorial. No obstante la actualización y la novedad, es heredero de una tradición de interés por conservar esta mirada particularizada de la Sala Cubana y así en los años setenta se realizó un catálogo cuyo valor reside en la catalogación que presenta. Más cercano en el tiempo y con la lógica de la nueva estructura institucional, esta tercera edición se conecta con las dos anteriores de manera tal que se puede hablar de una continuidad.

Efectivamente, la curaduría editorial data de la primera edición con algunos ajustes realizados para la segunda; pero lo más significativo es el hecho de la selección, pues los especialistas acometieron un proceso curatorial que no es para colgar y exhibir sino para ser recogido en un corpus que se define como catálogo y que tiene una dimensión manual —aunque este catálogo parece “grande” es manuable.

La selección del tesauro —en este caso desde la Sala del Museo— se expone y despliega a otra escala, más cercana al lector, en una relación que desplaza la mirada y la visualidad a través de la fotografía una naturaleza sustitutiva que debe de traducir el original, presentando otro modo de ofrecer el todo y las partes.

De 949 entradas en un listado catalográfico de autores y/o títulos donde se recogen los datos técnicos, se seleccionaron 125 imágenes equivalentes a un 17 % de lo que se expone en las salas, realizado por un equipo de curadores, y que responde a las especializaciones. Como se puede apreciar, este domina un diagrama por etapas, períodos o momentos. Esto supuso una intervención curatorial que no fuera la mirada mecánica  de la suma de las partes para conformar el todo. En este sentido, el equipo estuvo dirigido primero por Roberto Cobas y, posteriormente, por Hortensia Montero quienes previos trabajos de mesa laboraron para otorgarles a las particulares curadurías un sentido holístico, artífices de una concepción que se esmeró en presentar al lector un conjunto de sólida arquitectura en el cual se entrecruzaron: novedad, tradición, canon, emblema, actualidad, valores técnicos, nueva visibilidad, mensajes, conceptos, entre otros aspectos.

Las 125 imágenes ofrecen una alta calidad técnica y en todo este proceso que viene desde el 2001, es en esta tercera edición cuando, por primera vez, el equipo de Arte Cubano muestra consenso con la calidad de las imágenes. Este colectivo cotejó imagen por imagen en las salas, o sea, reproducción contra original, pues, como sabemos hay obras difíciles en términos de captación de efigie, que se ven muy bien en sala y no se logran plasmar de la misma manera en soporte editorial. Con esto, la curaduría editorial debe de revisar, comparar, pues no depende de un despliegue físico sino del tecnicismo del fotógrafo y en su maestría de diálogo con las obras, o sea, que no concluye con la selección.

Además de la lista y la curaduría editorial, se comentan las obras seleccionadas más sobresalientes, y resulta una plataforma indispensable desde lo informativo, las precisiones del conjunto, las interpretaciones y valoraciones de las obras que conforman las salas así como de los autores. En este sentido, el equipo aunó a curadores, profesores universitarios, artistas y curadores independientes quienes lograron una conjunción que permite un alto nivel en este corpus multimodal y viene precedido de dos discursos de presentación, voces que dejan sentada la historia de la colección de arte cubano, la propuesta organizativa y la expografía.

Resulta interesante que hoy tengamos una muestra en el edificio de Arte Cubano denominada Almacenes afuera que ha resultado un complemento entre el despliegue de las salas permanentes y el catálogo presentado, ya que se expone una parte del tesauro de donde emergen sala y catálogo.

Este nuevo texto, además, es portador de una esmerada edición que contribuye a valorar su presencia. Esta acción va acompañada de un depurado diseño asentado en una gama cromática y tonal en sincronía con la tipografía, y guía al lector en la malla entre textos discursivos, imágenes y lista.

Esto nos conduce a la cubierta, que conjuga el centenario de la institución y el del pintor Mario Carreño —cuya obra en portada es el primer nivel de comunicación con el público. Sentido homenaje a un artista que no solo está cumpliendo cien años, sino que según las informaciones, fue quien concibió la expografía de la primera sala permanente de arte cubano instalada en el recién estrenado edifico en 1955.

En términos de selección, con esta obra se articula la modernidad del creador emplazada en el ámbito caribeño, “Saludo al Mar Caribe”, la tematización de  las islas y del mar que las rodea y las une, en fin, de una insularidad que nos pertenece y singulariza tanto a la naturaleza, como a sus  habitantes. Un discurso que se mueve entre figuración y abstracción en el horizonte de los años 50, y en estos momentos bajo la lupa de los especialistas, el museo es pionero por corresponderse a nuevas miradas de estudio que algunos ya denominan el umbral del tardo moderno.

Obviamente, el haber logrado una edición bilingüe es uno de los núcleos duros de esta publicación. En cien años esto no se había concretado, los esfuerzos tenían un carácter muy puntual. Este empeño cristaliza anhelos, al menos desde la nueva reapertura, ya que abre ventanas a una difusión tanto para la producción cubana, como para el Museo. Se amplían los públicos, se le otorga un nuevo sentido a la zona comercial de la institución que puede mostrar, tener y vender un producto vinculado de manera directa con lo que se admira y ve en las salas y dar respuesta a un reclamo de una determinada franja de visitantes desde hace 12 años. Edición  heredera del libro catálogo Pintura cubana de hoy, muestra cubana al MOMA, que si no fue la inicial sería una de las primeras ediciones bilingües pensadas por ese gestor que fue G. Sicre.

Estamos ante un catálogo de referencia que, como toda obra profesional, avanza relacionalmente con las precedentes sin dejar de incorporar lo mejor de esos antecedentes. Es un relato que contiene elementos medulares y que incorpora aspectos contextuales, situacionales e históricos en la medida en que agrupa ansias, afanes y anhelos no solo de los que hoy están aquí, o de aquellos a los que correspondió la gestión y las acciones; sino también de los que ya no nos acompañan y que fueron especialistas del Museo de Arte Cubano, cuando el término curador no se aplicaba. Pero, además, están representados años de estudio y trabajo, de logros, tinos y desatinos, luces y sombras, forjados desde Heredia y Rodríguez Morey con su silencioso Diccionario, y donde asoman tanto María Luisa Gómez Mena, como Pérez Cisneros, la incansable Marta Arjona, junto a Natalia, Rosario, Lucy, Pilar y Moraima. Cada uno desde su personalidad, horizonte y nivel de gestión han sido contribuyentes a esta obra. A todos, nuestro agradecimiento.

*Palabras en la presentación de la tercera edición del Catálogo de las salas permanentes de Arte Cubano. La Habana, agosto de 2013.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato