Artes Plásticas

Traductor de realidades

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Alfredo Otero y Kelvin y Kadir López son tres creadores cubanos que entre el 19 y el  22 del presente septiembre, participarán en una importante Feria Internacional a que se desarrollará en la ciudad norteamericana de Houston, Texas. Ellos serán los responsables de representar a la Galería de Arte La Casona —enclavada en La Habana colonial—, que pertenece al Grupo Génesis.

Imagen: La Jiribilla

Estos jóvenes artistas desarrollan una obra perfectamente diferenciable entre sí, quizá ese —además de sus probadas calidades— haya sido el criterio seguido para exhibir en EE.UU. una muestra del quehacer pictórico contemporáneo en la Isla que, sin duda, se caracteriza por la pluralidad de estilos y de soportes expresivos; pero con un denominador común: expresión de un contenido profundamente cubano.

Con Kelvin, graduado en el año 2000 en la especialidad de Grabado del Instituto Superior de Arte (ISA), quien ha logrado insertar su obra en importantes circuitos, conversamos sobre varios temas que tienen que ver con sus orígenes, el paisaje y su producción más reciente: la serie Achievements donde emplea frases y consignas que definieron el comienzo revolucionario en La Habana de los 60; esas frases —convertidas en cuños— son utilizadas como herramientas para dibujar escenas y contextos específicos de la capital cubana en los que el ayer y el hoy reordenan la percepción de nuestro entorno y redefinen esquemas culturales.

¿Inicios?

Mi madre era profesora en la Escuela de Arte y mi hermano (Kadir) —cuatro años mayor que yo— tenía un estrecho contacto con esta institución y poseía cierto aprendizaje. En mi casa siempre se respiró un espíritu de creatividad y de desarrollo de la espiritualidad, y ese ambiente familiar contribuyó a nuestra formación como artistas. Nuestro padre no es artista, pero tiene  mucha habilidad para resolver situaciones de orden práctico con acierto y eso forma parte, también, de la creación: saber solucionar y encontrar fórmulas para resolver los problemas. Todo ese contexto fue un impulso para mi desarrollo posterior.

Naciste en Las Tunas, en el oriente cubano, en 1976. Antes de llegar al ISA cursaste los niveles elementales, ¿para qué te sirvió?

Los niveles elementales en la enseñanza de las artes son importantísimos porque, generalmente, son carreras largas —más de 12 años—. Los siete años de nivel elemental se convierten en el espacio  indispensable, imprescindible, para educar la formación de un artista en el sentido de la técnica.

Es el lugar en el que te enseñan a desarrollar las diferentes técnicas de manera exitosa; es el sitio ineludible para educar el ojo de un artista y la traducción de esa mirada hacia una técnica o una manera de hacer o de estilo. Es el espacio ideal para permear a un artista de capacidades técnicas y educativas y es, casi, una carrera de resistencia en la que debes vencer nivel tras nivel. Al final, has alcanzado las herramientas para corregir las dificultades técnicas que puedan aparecer en cualquier aspecto.

Y, como parte de esa carrera de resistencia llegas al ISA, ¿cómo fue ese encuentro?

Cuando un artista vive en provincia, piensa en La Habana y sobre todo en el ISA como una meta para alcanzar, y desde que uno cursa los niveles elementales es el objetivo mayor. El ISA —a diferencia de otros niveles de enseñanza— es un espacio donde se le concede gran atención a la creación en su aspecto más amplio, y todas esas herramientas asimiladas desde el nivel medio contribuyen a realizar la obra.

Se le presta más atención a cómo desarrollar un trabajo conceptual y tener claro qué es lo que quieres hacer como artista y cómo lo vas a lograr. Es una especie de cambio a nivel mental; tal vez, quienes residen en La Habana poseen otro tipo de energía o de formación porque están en contacto con exposiciones y con mayor información a la que no se accede en el interior del país. Cuando llegas a La Habana y chocas con todo eso, experimentas una especie de salto. El ISA es un lugar vital para entender la creación desde otro punto de vista y es un regalo que, durante cinco años, me dio la vida para ser libre totalmente: arquitectónicamente y espiritualmente es un espacio único y que agradezco muchísimo. Es, además, un continuo hervidero de situaciones mentales, es la confrontación con otros colegas, y te educan para entender la creación que, posteriormente, traduces de la vida real al arte.

Todo se convierte en una herramienta para hacer y los profesores te inculcan ese estilo de vida, no como  una asignatura para aprobar. Cuando terminas el ISA te percatas de que eres un traductor de realidades en función del arte y eso se convierte en un ejercicio diario. Me levanto cada día y entiendo cada proceso de mi vida como un análisis, es decir, voy tratando de comprender qué va pasando con mi día a día y cómo puedo traducir todas esas experiencias vitales en obra futura. Se convierte como en una especie de vicio creativo.

¿Por qué elegiste el grabado como especialidad?

El grabado fue una especie de casualidad en mi vida. En mi provincia, Las Tunas, en el momento en que me correspondió estudiar, no existía escuela de nivel medio y lo que había era una escuela de cerámica —que no me interesaba para nada, aunque posteriormente entendí que era importante para otros aspectos y la ingenuidad de los años no me permitía ver más allá— y decidí que quería estudiar grabado. Presenté una carpeta con diversos trabajos y mi solicitud para ir a una escuela en Holguín —que era muy fuerte en la especialidad de grabado—  y fue la posibilidad de ampliar mi destino estilístico; era una puerta abierta a una nueva forma de hacer que me interesaba mucho más que la cerámica. En la medida en que fui conociendo la técnica, me sedujo al punto que desarrollé una larga serie de litografías que me permitieron ingresar con facilidad al instituto (ISA).

Imagen: La Jiribilla

Trabajas por series: Fantasmas zodiacales, Tormentas, Plein Air, Arriving, Islas, Amigos comunes, ¿cómo organizas el trabajo por series estructuralmente?   

Ha sido un deseo de remover las estructuras creativas. En lo personal, he intentado ir en contra de la lógica —a modo de estructura— que los artistas persiguen para desarrollar su trabajo. El hecho de llevar cinco o seis series al mismo tiempo pretende desarrollar una manera diferente en relación con el género. Es decir, he querido que todas estas series se agrupen bajo el género de paisaje y que todos ellos estén pensados de forma diferente en el momento de desarrollarlo como estilo y de plasmarlo en la tela o en el papel o, sencillamente, de mostrarlo como intento. En ese sentido es que las series se dividen y diferencian unas de otras sobre todo en la intención o en la actitud de no ser siempre el mismo artista. La preocupación de no tener un estilo, creo que se puede convertir en un estilo, pero en el aspecto epidérmico porque en las obras sí se respira una diferencia; me he propuesto que cada serie exhiba un aspecto físico diferente y que —metodológica y conceptualmente— se diferencien aunque esté hablando siempre del paisaje como género.

¿Paisaje, pero no paisajista?

Podría ser paisajista. Lo que sucede es que no es el paisaje convencional o común o al que estamos acostumbrados. Este paisaje tiene un aspecto distinto por la técnica en que se hace, por los temas que aborda, por los lugares a donde miro para desarrollarlo y, sobre todo, por la metodología... Lo que trato es de resolver el mismo problema de diferentes ángulos; es una especie de acercamiento o bosquejo a una misma idea desde diferentes maneras. Si tuviera que definir un estilo en mi obra, sería la metodología en que desarrollo mi trabajo y la forma en que entiendo la creación. El proceso creativo lo interpreto como el momento de búsqueda, de experimentación o de acercamiento a diferentes maneras de pensar el arte y, sobre todo, la representación. Todo esto me mantiene activo y feliz con lo que produzco porque no me encasillo ni me ato a una manera u otra de hacer; siempre estoy como intentando leer un libro nuevo o encontrando nuevas rutas para desarrollar mi trabajo.

Es difícil entender cómo puedes ir mutando de un tema a otro…

La clave es entender la creación como un espacio conceptual e interiorizar la realidad estilística como plural y diversa. También asimilar el proceso físico de producción de la obra con un proceso más mental, más racional, de mayor concentración de ideas; medito en cómo voy a resolver la obra y al comenzar a producirla todo está muy consciente. Nunca he sido de los artistas que comienzan a hacer algo sin saber qué final va a tener. No. Aunque no hago bocetos, sí sé con toda certeza a dónde quiero llegar. 

En una oportunidad dijiste: “el arte es un intercambio con el día a día”, ¿cuánto de cotidiano tiene el arte que generas?

Como lo que he pretendido hacer es paisaje, lo interpreto no solo en su aspecto físico o de  relación con un lugar determinado; mi paisaje tiene que ver con las energías que me llegan, la manera de interpretar un entorno, la forma de relacionarte con él en un contexto social y en un contacto mental. Estamos acostumbrados a interactuar con el paisaje como realidad que nos circunda y, quizás, mi manera de ampliarlo nos conduce a niveles más sicológicos.

Los artistas reconocen influencias; en tu caso, ¿a quién le agradeces?

Le debo al arte conceptual. Soy un artista que, aparentemente, puede catalogárseme como un pintor de género, pero mi obra es muy racional y, a la vez, la historia del arte me ha nutrido mucho. El estudio de la historia del arte y las exposiciones que veo continuamente me sirven de referente. Ese es el camino hacia el cual miro como realidad y me sirve para delimitar las zonas del trabajo y también para orientarme y saber por dónde seguir y por dónde no. Ese es mi termómetro en mi producción como artista. Tengo esa idea muy consciente: lo que nos rodea condiciona el actuar y hay que prestar atención a todo: por eso mi trabajo es plural.

¿Fantasmas zodiacales?

Los Fantasmas zodiacales aparecen cuando uno alza la mirada hacia un horizonte distinto; al dormir nos enfrentamos con situaciones que no controlamos. La idea de pintar constelaciones y el espacio sideral es coquetear con esa parte de la historia del arte en la que los artistas son más idílicos; supuestamente el zodíaco controla  el futuro y nuestro accionar; pero las estrellas indican el camino. Fantasmas zodiacales juega con la idea del no control de situaciones determinadas. Ese tipo de representación me facilita alzar la mirada y prestar atención a otros contextos.

¿Tormentas?   

Esta serie surge como una especie de trauma tropical. Debido a la posición geográfica de nuestro país estamos expuestos a ciclones. Tormentas está dedicada a los efectos dejados por los huracanes a su paso por Cuba; es el momento en que se paraliza el país y hay que recuperar lo perdido. Tormentas es un intento de representar un paisaje en destrucción o de desolación y hacer una alegoría al entorno geográfico; es un paisaje melancólico en el que no hay verdes ni brillo, sino gris y oscuros, y posee características pictóricas muy distintas a lo que podría ofrecer un paisaje tropical.

¿Plein Air?

Es una de las más elaboradas mentalmente. La historia de Plein Air tiene que ver con la historia del arte porque fue una escuela que se desarrolló en Europa y se  caracterizó por que el artista se paraba, con su caballete, frente al paisaje que iba a pintar: captaba la realidad más inmediata y tenía mucho que ver con la luz y el color. Desarrollé un Plein Air, pero a mi estilo; convoqué a varios amigos que viven en distintas partes del mundo y les pedí que me enviaran —vía correo electrónico— sus fotografías digitales que, a su vez, se convertían en mi realidad. O sea, que pintaba los paisajes que recibía por e-mail y que no había visto directamente. Era una referencia indirecta con una realidad otra. La denominación de Plein Air nace del intento de usar todos los medios digitales y contemporáneos de traslación de imagen y emplear el monitor de la PC como realidad que a su vez me es ajena, pero que tiene el denominador común del puente. Tenía como un pie forzado y ese puente me servía para hacer distintas conexiones con diversos lugares del mundo y unir distintas zonas geográficas. Plein Air es una especie de enlace global, pasado por el filtro de la tecnología como manera de tener una aproximación a  una zona específica.

¿Arriving?   

Fue, también, una especie de conexión, pero más global y que tiene que ver con la nostalgia. Es un paisaje que desarrolla el tema de regresar al lugar de origen y fue bastante coyuntural. Fue el momento en que aprobaron los vuelos directos de cubanoamericanos a La Habana y un reencuentro con la familia. Constituyó el momento oportuno para representar la nostalgia y ese sentimiento de ida y regreso; del pertenecer a una zona o no. Es un paisaje sicológico más que físico, es un reencuentro con la familia, con tu lugar y, a la vez, un paisaje muy social porque cada cubano tiene un familiar en algún lugar del mundo y es como una constante para la familia cubana. Por eso, lo considero paisaje porque es un denominador común, es algo recurrente.

¿Islas?   

 Es una serie muy corta y tiene apenas una veintena de obras y lo que cuestiona es qué símbolos o qué tipo de oscilaciones condicionan nuestro país. Cuba es una isla rodeada por tiburones, un lugar que para llegar se necesita un transporte ya sea aéreo o marítimo. Ese aislamiento es el verdadero protagonista de Islas que es muy simbólica y nostálgica porque revisita el fenómeno isleño desde el cómo irse o cómo llegar.

¿Amigos comunes?

Son dibujos que reflexionan sobre la idea de la infancia; constituyen una evocación a esos amiguitos que tuvimos en la infancia que —gracias a la ingenuidad de ese momento de la vida— hacen de denominador común para cualquier niño en el mundo. Por ejemplo, Mickey Mouse puede establecer la misma relación mental en un niño japonés, hindú, español, francés o cubano; es un espacio único para, gracias a la infancia, unir distintas zonas geográficas y que, como intención, suele ser muy ingenua. Pero al mismo tiempo, nos hace reflexionar sobre las distancias y qué pertenece a nuestras mentes y qué no, qué es de un lugar y qué es de otro y cómo la globalización hace que seamos, en el fondo, los mismos.

En estos momentos estás inmerso en una nueva serie e, incluso, utilizas instrumentos no convencionales como los cuños para hacer la obra…

Es una serie que estoy desarrollando y pretende, metodológicamente y conceptualmente, ser muy distinta; he realizado una investigación social sobre los comienzos de los años 60’ en Cuba, que coincide con los inicios de la Revolución; es el tratar de entender qué sucedió en ese momento en relación con los cambios sociales ocurridos en el país y de qué modo redefinió una nueva relación social en nuestro pueblo. Es, igualmente, cuestionar cómo cincuenta y tantos años después esos cambios se reflejan en la sociedad. Achievements, que es como se llama, aborda el tema del hogar en Cuba; son fachadas de viviendas que fueron abandonadas por sus dueños al marcharse del país y que se convirtieron en hogares de ancianos, clínicas para niños, círculos infantiles, etc. La Revolución que a nivel social enfrentó el país es un fenómeno que siempre me llamó la atención y por eso insisto en que Achievements es un registro temporal.

Imagen: La Jiribilla

Hice unos cuños contentivos de frases que especificaban la energía social y revolucionaria respirada en esa época,  y que al paso del tiempo se han convertido en símbolo de permanencia en nuestro país. Esta serie es muy atractiva visualmente porque el emplear los cuños me permite acercarme, nuevamente, al grabado como  herramienta. La obra generada a partir de la utilización de los cuños podría llamársele dibujos o pintura, pero si lo analizamos más profundamente es la repetición de una matriz y eso no es otra cosa que grabado.

Esta forma de hacer me permite un regreso al grabado porque al egresar del ISA no lo cultivé más y me dediqué a la pintura. Entonces, ha sido un retorno y un reencuentro con mi formación.

Achievements, creo, tiene mucho de memoria ¿cómo es el proceso?

La idea de esa serie viene dándome vuelta en la cabeza desde hace tiempo. Surgió cuando comencé a observar mi entorno, apreciar las transformaciones y constatar cómo casas tan bellas se fueron convirtiendo en oficinas y, lo mismo pueden estar en perfecto estado o deterioradas. Fue una curiosidad conocer qué pasó con esas casas, quiénes fueron sus dueños y qué hay detrás. Es como un curioseo social y este acercamiento me llevó a entender una realidad específica y contextual de nuestro país y a relacionarme directamente con este tema del hogar en Cuba, que ha sido un tópico social de constante revisión. La serie de las casas está dibujada con cuños que construí con frases que están contenidas en las placas que se colocaban en las viviendas en esos años para identificar que eran espacios que la Revolución había otorgado para diferentes fines sociales.   

Imagen: La Jiribilla

Estas placas dicen: “esta propiedad es de quien la vive gracias a la Revolución. Patria o Muerte” o "Esta es tu casa Fidel" o "Apoyamos al gobierno y sus leyes". Dentro de la serie de las casas hay un aparte o subserie que se titula Logros y me ha llevado a revisar y evaluar edificaciones que se concibieron desde el inicio para fines sociales, pero fueron construidas antes del 59. Por ejemplo, la Ciudad Deportiva se construyó a fines de los 50, y la Revolución la asumió con inteligencia para impulsar el desarrollo deportivo en Cuba. También pretendo conocer qué sucedió con las instituciones públicas y con edificios que, anteriormente, fueron construidos para algo específico y que ahora se utilizan para objetivos totalmente diferentes.

En las distintas series has asumido una paleta diversa. Ahora empleas el negro, blanco y la gama de los grises ¿no te implica contradicción?

No, porque el trabajo mental es muy sólido; lo que organizas desde lo racional no deja espacios a la confusión. Con gusto y facilidad transito de una serie a otra y de un ejercicio  pictórico a otro; lo tengo incorporado como una práctica.

Tu hermano, Kadir, también tiene una obra sólida ¿cómo te distancias si poseen una relación cercana?

No se trata solo de Kadir  porque desde que uno comienza a estudiar arte tiene plena conciencia de la idea de ser diferente uno de otro, es decir, no serás un artista serio si copias o te pareces a otro. Es como una evasión constante contra el parecido. Si uno aspira a ser un artista sólido, la obra tiene que poseer condiciones y características únicas que sean fruto del desarrollo individual. La fórmula tiene que ser personal y no puede existir en paralelo: creo que ahí está la clave del éxito para cualquier artista: ser uno mismo.

¿Cuál es la obra soñada?

Es una pregunta difícil de contestar para un artista joven que está comenzando y que tiene un afán constante de experimentación. Por el momento, la obra soñada la realizaré cuando llegue a una determinada edad y mire hacia atrás y sienta que he  dejado un camino distinto. La obra soñada la entiendo como un proceso no como un objeto, pero también como una huella que queda. Ese sentimiento más que físico, es mental.

Tu obra ha sido muy bien acogida en circuitos importantes de EE.UU., por solo citar un país…

Es cierto, y creo que se debe a la formación que recibí en las escuelas cubanas de arte. Hay algo que en este sentido me gustaría subrayar: muchos artistas jóvenes  han sido reconocidos y, reitero, creadores muy jóvenes y eso es resultado del  aprendizaje en las distintas academias de la Isla. Nada sale de la nada.

Has manifestado que no te gusta que te encasillen ni por estilos ni por generaciones…

He estado en una especie de limbo temporal; me caracterizo por no hacer mucha presencia física en los lugares, es decir, que socialmente no soy muy activo. Así lo he preferido porque concibo la creación y, hasta tal vez el éxito, desde una postura más personal. No creo que ser para todos sea felicidad ni sinónimo de éxito. Soy un poco introvertido y me gusta ensimismarme en mi propia relación. Soy de pocos amigos y, quizás, esa manera de ser me ha llevado a alejarme de pertenecer a sectores sociales o epocales.

¿Tiene tu obra una dosis de intimidad con los propios temas que abordas?

Eso le sucede a muchos artistas que tendemos a la introspección, a la revisión personal y también, a veces, somos muy egoístas; tenemos un mundo interior y de relación personal con nosotros mismos que nos hace ser un tanto diferentes y raros para el común de los mortales. Me reconozco como una persona muy casera y el vínculo con mi propio trabajo es visceral. Me levanto en la mañana, tomo una taza de café y, de inmediato, empiezo a producir algo. He tenido épocas en que he estado tres o cuatro meses sin hacer nada y luego no paro de trabajar en una semana y hasta me cuestionan por este comportamiento inusual. En esos días, precisamente, que ‘doy a luz’, tengo un ritmo que no puedo controlar y en este aspecto, soy impredecible.

¿Planes?

Continuar trabajando y experimentando, nada más.

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