Cienfuegos es la ciudad de Lisbeth Ledo

Virginia Alberdi • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Al centro de la Isla en su vertiente Sur, Cienfuegos quizás no sea la ciudad cubana que con mayor relieve se distinga en el panorama histórico de las artes plásticas en la nación, pero tampoco, ni antes ni ahora, pasa inadvertida.

A vuela pluma debemos recordar la existencia de un escultor imprescindible como Mateo Torriente, del  caricaturista fuera de serie Juan David, la actividad creadora y aglutinante del inefable Samuel Feijóo, la iniciación de los Aldo Menéndez I y II, la impronta de destacados pintores populares (Benjamín Duarte y Ñika) y aunque desde hace muchísimos años no residen en la ciudad  ni en el territorio de la actual provincia, una denominación de origen reúne nombres como Lesbia Vent Dumois (de Cruces), Tomás Sánchez (de Aguada de Pasajeros), y Leandro Soto (de la propia ciudad).

Gente que fue a parar allá y otros que nacieron y viven allí, unos desde la academia y otros al margen de ella, han mantenido, en medio de vientos y mareas, un clima creador que se ha expresado de muy diversas maneras, entre las cuales destaca el Salón Provincial 5 de Septiembre.

Un crítico local, Antonio Enrique González Rojas,  cuestionó la edición de este 2013, debido a “la ausencia de los creadores más consolidados no carentes de altas cuotas de audacia y lozanía, quienes marcarían rasero verdaderamente sólido contra el cual medir fuerzas, calidades”. Ciertamente, la pluralidad del movimiento artístico cienfueguero debió tener una concurrencia mucho más significativa en un salón que cumplió treinta convocatorias, lo cual es un hecho importante por su continuidad.

Pero más allá de esta consideración, atendible en el marco de quienes tienen que ver con la organización del evento y con las instituciones culturales del territorio, el Salón 2013 deparó a los observadores una sorpresa: la obra de una joven de 23 años con voz propia, para nada atada de las circunstancias de la moda y con posibilidades de aportar a la pintura cubana contemporánea: Lisbeth Ledo.

El jurado le acreditó el único premio del certamen por tres obras ejecutadas en acrílico y grafito sobre tela: “El dialecto del lobo gris”, “Conejos de Carroll” yEl Rey del Círculo Tercero”, de la serie El mundo de la Princesa Triste del 2012, en virtud de “una poética personal y sugerente en el uso de una manifestación como la pintura, de larga tradición en las artes visuales, con un lenguaje e intenciones expresivas coherentes en el conjunto de las piezas presentadas”.

Imagen: La Jiribilla

Lo distintivo de Ledo es la reelaboración de los códigos de la figuración de personajes tradicionales de las historias para niños, alejándose de la ilustración e introduciéndole un toque que pareciera perverso pero que en definitiva abre las compuertas para una lectura distanciada de los referentes. Todo ello expresado mediante cuidada factura profesional.

A pesar de su juventud, Ledo ha ido acumulando fuerzas no solo en la pintura sino también en el grabado, en una porfía por definir estilo y oficio, camino por el que transitan otros jóvenes cienfuegueros de nacimiento o adopción y que hacen que la ciudad, en términos visuales, siempre tenga algo que ofrecer.

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