Ecosistema cinematográfico muy diverso

Joel del Río • Canadá

Con  el estreno mundial de unas 150 producciones, originadas en más de 70 países, el Festival Internacional de Cine de Toronto demostró en la práctica la veracidad de las palabras de salutación, escritas por Cameron Bailey, director artístico del evento, en el monumental catálogo que acompaña las numerosas muestras. Bailey asegura que el Festival está a tono con una ciudad capaz de albergar algunas de las mayores comunidades de inmigrantes indios, chinos, italianos y jamaicanos. Se calcula que en Toronto se hablan, diariamente, unos 140 idiomas y dialectos, ocurren en el año decenas de festivales de todo tipo, y como parte de ese entorno, los organizadores parecen interesados en llevarle al público los mejores filmes de cualquier género, tendencia estética, soporte y país de procedencia.

Imagen: La Jiribilla

Por mucho que los principales medios y cadenas de televisión insistan hasta el cansancio en la ropa que llevaban las estrellas en las premieres de alfombras rojas, y un sector de la prensa cinematográfica se enfrente al evento solo como termómetro del mercado norteamericano, el Oscar, y las películas más comerciales y populares del año que termina y del siguiente, Toronto presenta la vitrina más completa, y variopinta, entre las consagradas a divulgar lo mejor de las cinematografías europeas, asiáticas, africanas y de todas las Américas. Intentaremos abarcar aquí una parte del casi infinito espectro de propuestas y hallazgos.

Con el propósito de convertir las películas en mecanismos que propicien la reflexión y aboquen al espectador con dilemas contemporáneos, hubo una serie de producciones inspiradas en personajes o circunstancias reales, y dedicadas a poner en escena temas de plena actualidad. Entre las más elogiadas estuvieron El Quinto Estado, que se acerca a los orígenes de la célebre Wikileaks y a la biografía de Julian Assange, e intenta repasar los efectos de la tecnología e internet sobre los antiguos modelos de comunicación mediática y el verticalismo político; Rush, que es también norteamericana, retrata el ambiente competitivo en la carreras de Fórmula Uno en 1976; Nelson Mandela: El largo camino a la libertad intenta comprimir la biografía del célebre líder antirracista sudafricano, mientras que Dallas Buyers Club debe representar una nominación al Oscar para Matthew McConaughey en el papel de un homófobo cowboy que termina siendo abanderado de la lucha contra el Sida.

Además de las mencionadas, se presentaron sendas biografías musicales como One Chance, sobre el acceso a la fama del cantante operístico Paul Potts mediante un famoso concurso de aficionados en el Reino Unido, y All is by my side, relacionada con los esfuerzos del cantante y guitarrista Jimmy Hendrix por hacerse popular en el swinging London de los años sesenta. Incluso el premio principal y único del Festival correspondió a una película inspirada en hechos reales, la producción norteamericana 12 años de esclavitud, que cuenta la historia de Solomon Northup, un neoyorquino negro y libre que fue secuestrado y vendido como esclavo, en 1841, hasta que logró la libertad, y reunirse con su familia, en 1853, gracias a su coraje, perseverancia y anhelo de emancipación.

También se remite a la realidad histórica y social la británica Filomena, de Stephen Frears, que se ambienta en la Irlanda de los años cincuenta, cuando las autoridades católicas obligaban a las mujeres con un pasado conflictivo, y que dieron “un mal paso”, a que entreguen a sus bebés en adopción. Filomena se empeña en encontrar a su hijo, cincuenta años después de haberlo perdido, en una película que denuncia una práctica atroz del catolicismo irlandés, y también exalta sus principios canónigos de perdón, caridad y amor al prójimo.

El galardón que otorga la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (Fipresci), fue conferido a una película polaca también relacionada con los temas de la religión y la fe. Ida, dirigida por el polaco Pawel Pawlikowski, aborda uno de los más problemáticos temas de la historia nacional: la relación entre católicos y judíos durante la Segunda Guerra Mundial, en tanto Walesa, el hombre de la esperanza, trajo al veterano Andrzej Wajda filmando la biografía de uno de los políticos más conocidos de Europa Oriental.

Y por supuesto los franceses también se insertaron en esta especie de vuelta de tuerca a la realidad y a la historia. En Abuso de debilidad, la realizadora Catherine Breillat le encarga a la eminente actriz Isabelle Huppert que la interprete en un fragmento totalmente trágico en la vida de la cineasta. Y un personaje imaginario, insertado en un contexto completamente real e identificable, presenta Quai d´Orsay, en la cual el veterano Bertrand Tavernier satiriza nada menos que la política exterior francesa en una película muy entretenida y completamente seria.

Imagen: La Jiribilla

Por otra parte, el premio Netpac (Network for the Promotion of Asian Cinema) correspondió a la película india Qissa, de Anup Singh, que retrocede a 1947, en el momento de caos que acompañó la partición de India y Pakistán, y pone en escena las tensiones religiosas y nacionalistas vistas al interior de una familia obligada al fingimiento para sobrevivir. Un hombre menos conocido, pero que realmente existió protagoniza también la británica The Railway Man, protagonizada por Colin Firth, y que trata sobre Eric Lomax, un soldado británico que padeció inhumanas condiciones de trabajo forzado en la construcción de la línea del ferrocarril en Tailandia.

Maestros y estrellas

No puede decirse que el Festival de Toronto tenga años malos y otros buenos. Siempre se dan cita los más grandes maestros del mundo entero con sus mejores y más recientes producciones. El brillo y el glamour corre a cargo de las estrellas mayormente norteamericanas. De todo hubo este año. En cuanto a los cineastas líderes del cine mundial se contaban los franceses Claire Denis y Guillaume Caunet con sus respectivas Los bastardos y Lazos de sangre, el coreano Kim Ki-duk (con la provocativa y sadomasoquista Moebius), el japonés Hirokazu Koreeda (De tal padre, tal hijo) o el taiwanés Tsai Ming Liang con Perros callejeros.

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Varios de los actores famosos decidieron presentarse como realizadores, y así Ralph Fiennes resucita el pasado romántico de Charles Dickens en The Invisible Woman, Keanu Reeves escarba en sus ancestros asiáticos mediante El hombre de Tai Chi y Jason Bateman dirigió la comedia Bad Words. Según especulaciones de los críticos todos intentaban aprovechar el efecto Ben Affleck-Argo, y conseguir el éxito inmerecido que tuvieron actor y película en el anterior Festival de Toronto y luego en el Oscar. Por cierto, entre la representación canadiense destacaba el documental Nuestro hombre en Teherán, que le dio voz al embajador canadiense en Irán, y aclara las numerosas inexactitudes que colman la muy exitosa y mentirosa Argo.

Y por supuesto que Toronto servirá una vez más como antesala del Oscar, porque así ocurrió con las consagradas Silver Linings Playbook (2012), El discurso del rey (2010), Slumdog Millionnaire (2008), Amelie, Tigre y dragón, Belleza americana o Shine, entre otras muchas. Seguramente quedarán nominados como lo mejor de 2013 Idris Elba interpretando al líder sudafricano en Mandela: Long Walk to Freedom y Chiwetel Ejiofor por 12 años de esclavitud, Meryl Streep o Julia Roberts (por el melodrama filial Agosto: Condado Osage) y Matthew McConaughey (por bajar de peso y renunciar a la apostura en su papel de Dallas Buyers Club). Además, pasearon sus talentos y películas por Toronto, Julieche Binoche y Cliff Owen (Words and Pictures), Sandra Bullock y George Clooney (Gravity), Ewan McGregor (Agosto: Condado Osage), Keira Knightley (¿Puede una canción salvarte la vida?)

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Entre los cineastas canadienses destacó Denis Villeneuve, que este año presentó dos filmes, ambos hablados en inglés y con la presencia de Jake Gyllenhaal: Enemy, inspirada en un relato de José Saramago sobre un hombre que de pronto encuentra un doble de sí mismo con otra vida y otro contexto, y Prisoners, un thriller protagonizado por Hugh Jackman sobre un padre de familia que se toma la justicia por su mano. El célebre Atom Egoyan dirigió a Colin Firth y Reese Witherspoon en Devil´s Knot (también en inglés) y el quebequense Jean-Mac Vallée fue el encargado de conducir la impresionante transformación de Matthew McConaughey en Dallas Buyers Club. Xavier Dolan se mantuvo fiel a sus orígenes con Tom en la finca, que él mismo dirige, produce, escribe, edita y protagoniza.

Éxito en el estreno mundial de Libertador

Toronto también acogió con calor la coproducción entre Venezuela, España y Cuba, Libertador, filmada parcialmente en la Isla, y que significa otro notable esfuerzo de síntesis emprendido por el guion, para resumir una vida como la de Simón Bolívar, pletórica de peripecias y acciones emancipadoras. Considerada por el Hollywood Reporter como una de las películas más esperadas del 2013, Libertador tuvo su premier mundial el 9 de septiembre en el Isabel Bader Theatre en la sección High-Profile Premieres and The World’s Leading Filmakers junto con filmes de enorme prestigio como Gravedad, de Alfonso Cuarón, que protagonizan George Clooney y Sandra Bullock, o Third Person de Paul Haggis con Liam Neeson y Adrien Brody.

“Tratamos de presentar a un hombre de carne y hueso, a un hombre que reía, que amaba, que luchaba, que bailaba. Creo que el principal riesgo del cine histórico es perder la perspectiva del ser humano y caer en el acartonamiento. Los grandes héroes de la historia hablaban como hombres, no como libros. El gran peligro de este género es solemnizar la vida cotidiana. En esta película hemos intentado ir en contra de esto buscando una realidad orgánica”, destacó el director Alberto Arvelo acerca de su película Libertador.

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En relación con la participación de Edgar Ramírez en el rol protagónico, el cineasta ha dicho que “por la naturaleza internacional del proyecto necesitábamos un actor con dos características fundamentales: que fuera venezolano y que tuviera una carrera consolidada fuera de nuestras fronteras. El personaje de Edgar en Carlos, El Chacal, deslumbró a los productores internacionales del proyecto. A todas luces, él tenía la capacidad de enfrentar los muy variados niveles del personaje, desde el soldado en campaña hasta el joven enamorado. Edgar es un actor de una inmensa versatilidad. Logró un personaje extraordinario”.

El ascendente actor venezolano se ve acompañado por el español Imanol Arias en el rol del general realista español Domingo de Monteverde o el actor estadounidense Danny Huston en el papel de Martin Torkington, un británico con intereses exclusivamente comerciales en las otrora colonias españolas. El guion le pertenece al estadounidense Timothy Sexton, nominado al Oscar por la historia de Hijos del hombre de Alfonso Cuarón; el montaje es de Tariq Anwar, postulado a la estatuilla por El discurso del rey; y la música es del venezolano Gustavo Dudamel, el famoso director de la Filarmónica de Los Angeles.

Libertador se propone contar más o menos toda la vida de Simón Bolívar y en ese sentido se distancia de la recientemente Bolívar, el hombre de las dificultades, coproducida entre la Villa del Cine (Venezuela) y el ICAIC (Cuba). Este largometraje dirigido por Luis Alberto Lamata y con Roque Valero como Bolívar, sólo recorre un año en su vida, entre 1815 y 1816, cuando el caudillo se exilia en Jamaica y Haití. Libertador tiene un presupuesto 25 veces mayor, recurre a una detallada utilización de los paisajes y mezcla hazañas políticas, batallas inmemoriales y pasiones amorosas puesto que se dirige a un público internacional.

Otras latitudes del cine latinoamericano

El Festival de Toronto se inició pocas horas después de que supiera la excelente noticia respecto al triunfo en Vancouver de la película cubana Melaza, que alcanzó el premio del premio en el concurso de cine latinoamericano en aquella ciudad del Pacífico canadiense. El presidente del jurado de ópera prima fue el cineasta cubano Juan Carlos Cremata, a quien se dedicó una muestra retrospectiva integrada por  Nada (2001), Viva Cuba (2005) y Chamaco (2011). Sin embargo, Toronto continúa dejando fuera al cine cubano, y clasificando entre sus elegidos a una buena cantidad de cineastas latinoamericanos. Aunque para ser honestos tampoco hay que culpar de cubanofobia a los organizadores. En el Festival de La Habana también hemos percibido la superioridad de las cinematografías brasileña, mexicana, argentina, y también chilena o uruguaya. La supremacía del cine cubano en América Latina es cosa del pasado. Debemos reconocerlo. Y Toronto es otro síntoma de nuestra falta de propuestas convincentes.

El jurado de la Fipresci confirió su  galardón entre los cineastas más jóvenes, y con menos experiencia, elegidos para figurar en la sección Discovery, a Los insólitos peces gato, la vibrante ópera prima de la mexicana Claudia Sainte-Luce por “la simpática, precoz e incisiva aproximación a la dinámica naturaleza de la familia, y la capacidad humana para la generosidad y la ternura, en condiciones muy difíciles”. México fue el país latinoamericano mejor representado pues además del filme premiado, motivaron considerable atención mediática y de público Paraíso, de Mariana Chenillo, que subvierte los principios de la comedia romántica; y Club Sandwich, del joven y consagrado Fernando Eimbcke (Temporada de patos, Lake Tahoe). Perú coprodujo con México El mudo, dirigida por Diego y Daniel Vega, quienes impactaran circuitos internacionales en 2010 con la memorable Octubre.

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La lista de filmes latinoamericanos presentes en Toronto puede verse cual avance de lo que veremos en La Habana en diciembre. Pasaron dos óperas primas brasileñas muy inquietantes tituladas El lobo detrás de la puerta y Faroeste Caboclo; de Chile, El verano de los peces voladores y la muy premiada y reconocida Gloria, sobre la segunda oportunidad que se confiere a sí misma una mujer muy mayor. De Venezuela y Haití, respectivamente, estuvieron Pelo malo y Cristo Rey, ambas dirigidas por mujeres, la primera por Mariana Rondón, a quien se debe la muy famosa Postales de Leningrado (2007) y la segunda por la dominicana Leticia Tonos, quien fue la primera mujer en dirigir un largometraje de ficción en su país.

Uruguay clasificó en la nómina de Toronto con El lugar del hijo, el segundo largometraje de Manolo Nieto, mientras que Costa Rica logró colocar Por las plumas, ópera prima de Neto Villalobos, quien vuelve al tema de los gallos de pelea, muy presentes en el cine mexicano a través de filmes memorables como El gallo de oro o El coronel no tiene quien le escriba, pero el filme tico aborda el tema en tono de comedia y se propone al fin y al cabo exponer positivamente los lazos afectivos que se establecen entre un hombre y su beligerante mascota.

En fin, que las principales secciones del Toronto, es decir, las Presentaciones de gala, Maestros, Mavericks o conversatorio con grandes personalidades, Descubrimientos, Cine contemporáneo internacional, Documentales TIFF, Vanguardia, De ciudad a ciudad y Locura de medianoche se puede recomponer un panorama bastante completo de lo más aportador y significativo que se está produciendo en el mundo. Quizás en algún momento el City to City (este año consagrada a Atenas, y por supuesto al cine griego) se dedique a La Habana, y entonces podamos ver en la calle King o similares lo mejor de lo que se ha hecho últimamente. No hay que perder las esperanzas, que todo llega. Y el director del Festival, Piers Handling acaba de declarar que su festival de cine preferido es el de La Habana. Algo es algo.

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