Selección de poemas

Carlos Aguasaco • Colombia

Destino Manhattan (Manhattan Bound)

Me dedico a los libros, es fácil parecer interesante.
La lectura disimula la imperfección de mi rostro;
en el metro, las gentes me miran como pidiendo auxilio:
sácame de este día monocromo, destruye esta película muda,
una palabra tuya bastará para que salte de la silla
e inicie una recitación en mi lengua materna.

¡Préstame tu nombre Carlos Aguasaco,
déjame ser esa voz que te dicta el poema!

Me niego a compartir mis momentos de lectura,
y sus voces tratan de disimular el desencanto.

¡Márchate de aquí Carlos Aguasaco,
y llévate ese libro que lees en silencio!

Me dedico a los libros, mi gorro me protege de sus palabras
hay una muralla de aire enrarecido entre nosotros

En el tren, ocupo la silla en que dormía un vagabundo
junto a mí una nota escrita en urdu y mal traducida al español

¡Regresa Carlos Aguasaco, poeta que viaja en metro,
déjame ser esa chica que tuerce la cabeza y lee de tu libro
un poema que habla del invierno!

Nueva York

Este mundo es por definición desprecio y arrogancia.
Gesto de asco y el asco de hombres hombro a hombro
Sentados en el tren.
Mirada fija que en el punto medio se cruza sobre ti
Y en ti se disipa en un arabesco con forma de turbante.
No es este mundo tu mundo y lo es.
La ciudad está allí para ser tomada
La ciudad está allí para derrocharse
Para dar desprecio, para ser reflejo del hombre y el hombre
Para recordar que siempre, no importa donde se mire,
El calor de un lente te abriga con la discreción obscena
De quien sin mirarte te observa.
Sería necesario matar a John Lenon y afrontar el sarcasmo
De sonreír a la cámara para que ella te denuncie
En titulares de prensa diez años continuos sin pagarte un centavo.
Reírse como un loco y apestar a dinero
Apestar como un loco y reírse del dinero.
Nueva York, no es a mí a quien saludas
Con tu antorcha encendida en el atlántico

Nueva York a ras de tierra

La saliva de un hombre se convierte en granizo
Y cae desde los rascacielos directo hacia mi cabeza
¿Debo creer es una señal del cielo?
Quisiera escupir de vuelta y hacerle tragar su miseria

Mis palabras son un viento frío que corta en las orejas
Es mejor callarse y seguir el camino en busca de albergue

Dormido en el autobús, sueño con una palabra convertida en flecha
Una pieza de hielo triangular capaz de cruzar el atlántico

Una paloma de viento frío, y de agua, que llegue hasta mi casa
Una imagen traslúcida que descienda sobre mi madre
Y le deje saber que estoy vivo

Contraseña

para la contraseña que abre puertas y ventanas
tener prevista la palabra dolor
dolor que las especies reconocen cuando duermen
que se adhiere a la piel y se transforma como tú
línea adyacente de pueblo colindante
artículo primero temerse como hermanos
abrazarse para que nadie pueda apuñalar por la espalda
gemir para que escuche todo el mundo
el transparente hilo de la sangre
todos estamos inventados por la nuca para la pistola
hechos en serie fragilidad para satisfacer a la cuchilla
la cabeza sobre los hombros sobre los hombros la línea
y tras la línea la contraseña
dolor
salir entonces por la puerta
o por la ventana.

Bajo esta piel mestiza duerme un enano

Bajo esta piel mestiza duerme un enano
usa mi epidermis como una manta de vagabundo
la enrolla alrededor de su cuello
y, con una taza de café en la mano, pide limosna

Me molesta su olor a acróbata de circo
sus ínfulas de domador de trenes
sus deseos de saltar de una plataforma a la otra
en la estación del metro

En ocasiones, juego a dejarlo descubierto en mitad de la calle
halo mi piel y echo a correr por Lexington Avenue
lo abandono allí, en la esquina de la sesenta y ocho,
con su cuerpo de yuca y su taza de café
corre tras de mí, iracundo
mi piel ondea como una bandera agarrada a mi puño

Bajo esta piel mestiza duerme un bufón
arlequín neoyorquino que bromea en otra lengua
una lengua gruesa como mi piel,
una lengua-manta que cubre a quienes tienen frío.

Cuerpos siempre hallarás en el camino

Cuerpos siempre hallarás en el camino
Pero nunca hallarás más alma que tu alma
Oh, ¡Qué bello es el perdón del más fuerte!
Libérate, salva tu alma de esta enfermedad
Las muertes, casi todas son buenas
Pero nunca hallarás más alma que tu alma
 

Tomado de poesiacastellana.es Antología de la poesía castellana.
 
Carlos Aguasaco: Poeta, ensayista, editor, profesor y realizador audiovisual colombiano. Nació en Bogotá, en 1975. Profesor asistente de Estudios Culturales Latinoamericanos y Español en el Departamento de Estudios Interdisciplinarios en The City College of the City University of New York. Doctor en literatura y lenguas hispanas (Stony Brook University), Máster en literatura (The City College, CUNY), Profesional en estudios literarios (Universidad Nacional de Colombia). En marzo de 2010 recibió el premio India Catalina en la modalidad de video arte dentro del Festival Internacional de cine de Cartagena de Indias. Su trabajo en video arte ha sido exhibido en Cartagena, Nueva York, Washington D.C., Buenos Aires, Camaguey, Puerto Vallarta, Islas Canarias, Vigo y Sevilla. Es coeditor de cuatro antologías: Antología del Festival Latinoamericano de poesía ciudad de Nueva York  (2012), Ensayos sin frontera (Estudios sobre narrativa hispanoamericana) (2005); Narraciones sin frontera 27 cuentistas hispanoamericanos (2004) y 10 poetas latinoamericanos en USA. (2003). Ha participado en festivales internacionales de poesía en Estados Unidos, Puerto Rico, España, México, Honduras, Colombia y la República Dominicana. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, el catalán y el alemán. Libros de poemas: Conversando con el Ángel (2003) & Nocturnos del Caminante (2010). Dirige el portal www.artepoetica.com

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