A falta de pan, casabe

Josefina Ortega • La Habana, Cuba

Es muy probable que el burén fuera mirado con indiferencia por los primeros europeos. Su forma —como dice el historiador Francisco Pérez Guzmán en La aventura cubana de Cristóbal Colón—, no incitaba a la curiosidad.

Sin embargo, en la superficie lisa de aquel disco de barro —de un diámetro entre 30 y 60 cm, y un grosor de 1,5 a 4 cm— los aborígenes depositaban la harina de yuca o catibía. Y bajo el fuego obtenían el pan de casabe, de cuyos beneficios pronto gozarían también los conquistadores, quienes —debido a sus posibilidades de conservación— lo utilizaron como sustituto del pan de harina de trigo, de ahí el refrán popular “a falta de pan, casabe”.