“Duaba, la odisea del honor”:

Una buena historia sobre la Historia

Paquita Armas Fonseca • La Habana, Cuba

Cuando, los sábados por la noche, conecto el canal Cubavisión a las 8 y 30, me apena que el tiempo sea inexorable y una anciana que conocí hace muchos años hoy esté muerta. En junio del 2011, escribí sobre esa mujer, de un brillo singular en los ojos, que me encontré en los campos de mi querido Holguín. Aquella nonagenaria me contó que “cuando tenía si acaso 14 años, estaba una noche en un baile de esos, cuando para su asombro los músicos pararon, nació el silencio y se abrió el camino a un hombre que acababa de llegar con otros montados en sus caballos. Ella se quedó mirando a aquel mulato no tan alto, pero bien plantao, vestido de blanco con unas botas relucientes, y dijo ‘ese podría ser mi hombre’. Y el mulato de fino bigote se le acercó. Casi se desmaya cuando una amiga le dijo: ‘Ese es Maceo’. Contaba la anciana: ‘El General tenía deseos de bailar, me pidió un baile, si tenía espacio en la lista —porque entonces se hacía una lista de los hombres que querían bailar con una—. Y yo, pa´qué voy a mentir, siempre tenía un grupo detrás de mí, pero esa noche se me olvidó la lista. Bailé con él y después que lo hizo con otras muchachas, repitió conmigo’”.

“Volaba, yo volaba en sus brazos” narraba la descendiente de esclavos para la que Antonio Maceo fue mucho más que el Mayor General, el Titán de Bronce, el indiscutible jefe de mambises negros, mulatos y blancos que lo reconocían como un guerrero de gigante talla. Para ella, Maceo fue el príncipe azul que bajó del reino de los cuentos a enlazarla por el talle y danzando, hacerla vivir momentos que nunca olvidaría.

Imagen: La Jiribilla

Maceo y las lomas de Oriente
 

Estoy casi segura de que si aquella negra hoy viera “Duaba, la odisea del honor”, coincidiría con la imagen de quien fuera Antonio, su especial bailarín.

Ese es el primer mérito de la serie de Roly Peña: “nos creemos” a  Antonio y José  Maceo,  a Flor Crombet  y, aunque encontremos a José Martí un poco alto, podemos pensar que camina por una superficie que lo eleva.

Imagen: La Jiribilla

Martí caracterizado por el actor Roberto Albellar
 

El segundo logro es que la mayoría de los intérpretes no son actores: Antonio es Anrid Rodiles del Río y José es Héctor Luis Heredia, Teniente Coronel y Mayor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) respectivamente, sin ninguna experiencia en la actuación. Martí sí va a cargo del actor profesional Roberto Albellar, mientras Crombet lo interpreta Eduardo Rodríguez con experiencia en el teatro. Una buena cantidad de extras aportó el Ejército, y otros son jóvenes actores, la mayoría provenientes de Guantánamo y Santiago de Cuba.

Imagen: La Jiribilla

Expedicionarios que fueron apresados durante las operaciones. Como se
aprecia, Lezcano envejeció la imagen para ajustarla a la intención "documental".
 

Las FAR no solo participaron de esta manera en la obra producida por RTV comercial. Me refirió Roly que, por lo menos un día, contó con un helicóptero que le permitió captar desde las alturas esa geografía agreste, y maniobras muy puntuales que necesitan un plano en picada.

Pero, y he aquí otro aspecto a destacar, con los pesados equipos sobre los hombros, comandados por Oscar Feria, como director de fotografía,  subieron los camarógrafos las empinadas montañas para conseguir planos  verdaderamente impresionantes.

Sin embargo, todo esto no tendría valor si no se contara una buena historia sobre la Historia. Eduardo Vázquez Pérez,  (“La isla y el tiempo”,Lo real maravilloso” y “Dos ríos, el enigma”) con su guion, demostró una vez más que es un mago para dar un poco de fantasía a hechos verídicos y heroicos, generalmente enunciados de manera plana. Para mayor suerte tuvo la asesoría del Coronel Hugo Crombet, nieto del héroe mambí y autor del libro La expedición del honor.

Imagen: La Jiribilla

Revolucionarios apresados por los Indios de Yateras. Al fondo, el actor que interpreta a Pedro Garrido, el andaluz jefe de Los Indios de Yateras, quien persiguió a los expedicionarios con mayor eficiencia y estuvo tres veces a punto de eliminar al General Antonio.
 

Ubicado como género en el docudrama, “Duaba…” tiene otro ingrediente: presentar las apreciaciones de especialistas de la talla de Eusebio Leal, Historiador de La Habana; Eduardo Torres-Cuevas, director de la Biblioteca Nacional José Martí; Alejandro Hartman, historiador de la  ciudad de Baracoa; además, del propio Crombet, Jorge Sánchez Guerra, Manuel Sevila y José Fresneda. De Costa Rica toman parte Armando Vargas Araya, escritor, periodista e historiador que se ha dedicado a estudiar la huella cubana en su país; Miguel Guzmán-Stein,  profesor de las universidades de Costa Rica y de Zalamanca y una autoridad en su especialidad; Manuel Araya Incera, profesor universitario; Carlos Arauz, escritor dedicado a la cultura de la provincia de Guanacaste, a  la que pertenecen Nicoya y La Mansión, donde se instaló la colonia fundada por Maceo y Marco Jiménez, alcalde de ese poblado.

Jorge Ferdecaz quien ya había mostrado sus dotes como conductor en el programa “Como me lo contaron…”, aquí repite en ese “personaje” que bien le va: es el hombre moderno que viaja al tiempo de los mambises. La voz de José Mejía Rodríguez se encarga de narrar los hechos que se conocen por testimonios y Ángel Ferrera, con carácter informativo, lee documentos oficiales, de los que se encuentran en España.

Imagen: La Jiribilla

Expedicionarios luego de ser dispersados
 

En la producción  de esta serie —15 capítulos de 27 minutos cada uno, filmados en Guantánamo, Baracoa, La Habana y Costa Rica—, intervinieron, además, el Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano de Radio y Televisión y las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Roly y su equipo contaron con la colaboración de las autoridades de Guantánamo y del Ministerio de Cultura y Juventud, de Costa Rica.

La serie comenzó a grabarse en noviembre del 2012, hubo un corto descanso a fines de diciembre y se recomenzó en los primeros días de enero hasta el 15 de febrero del 2013; en mayo se filmó en Costa Rica.

Durante una de las presentaciones en el multicine Infanta, Roly se sentó a mi lado. Cuando vi a Maceo le dije muy bajito: “Es él”. Casi grita de alegría porque este hombre, que estudió actuación, es una suerte de volcán creativo al que le interesa estar detrás de las cámaras.

Imagen: La Jiribilla

Los dos héroes y hermanos. José Maceo con su impertinente tabaco que tanto molestaba a Antonio
 

Con respecto a “Duaba”, luego de que Crombet y Eduardo amasaran la historia, se fue a buscar las locaciones en Guantánamo para diseñar sus puestas en escena. Se estudió a los Maceo, la Guerra del 95, y al fin decidió cómo emprender la obra inspirada en los 18 días que vivieron los expedicionarios de la goleta Honor, que desembarcaron por Duaba el 1ro. de abril de 1895.

Imagen: La Jiribilla

Antonio reunido con sus oficiales
 

Para ello, el director de “El elegido del tiempo”, “Enigmas de un verano” y “Dos ríos, el enigma”, realizó un exhaustivo trabajo de mesa con Vázquez y, entre los dos, decidieron cómo llevar adelante el proyecto: actuación, narración, uso de tiempos diferentes (cuando los sobrevivientes hablan de lo que sucedió y la cámara difumina sus colores en sepia, para dar la pátina imprescindible), locución, entrevistas con especialistas reconocidos y acciones bélicas que resultan verosímiles.

Obsesionado por la historia, Roly considera “que la televisión debe dejar esa etapa de la preocupación y pasar a la fase de la ocupación, y la gran responsabilidad que tenemos, después que nos ocupemos, es cómo vamos a contar esa historia. Nosotros tenemos un público muy inteligente y, cuando descubre que le mentimos y que obviamos verdades, pasa a no creernos y eso es algo que la televisión debe tener en cuenta. Ahora, el problema es hacer programas históricos pensando en el público y en esa verdad histórica”.

Imagen: La Jiribilla

Antonio Maceo  hablando con Flor Crombet
 

Conozco algunas personas y he leído ciertos comentarios criticando el hecho de que “Duaba…” se trasmita los sábados a las 8 y 30 de la noche. En mi caso, y en el de no pocos asiduos televidentes, prefiero tener, a esa hora, unos minutos que me sumerjan en mi historia antes que tal tiempo se dedique a espacios cursis en los que la banalidad impera. Espero que padres, abuelos, tíos, maestros… le propongan a sus descendientes y alumnos que vean esta historia, donde reina la Historia.

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