Diga, Padre

Nunca he oído decir que exista el dios de las casualidades, pero estoy seguro de que sí, porque si no ¿cómo habría sido posible?                                   

Tony fue siempre un niño sabio —lector empedernido, quiero decir— y también muy tímido. Para la gente menuda y bellaca su nombre era “La pajarita”. Ya fuera por convicción o por complacer a su padre, lo cierto es que no he conocido estudiante más aplicado y responsable. Los que no se burlaban de sus maneras sospechosas, le auguraban un futuro brillante.       

Yo era más bien desaplicado y explosivo. A veces pienso que la rudeza con que mi padre me obligaba a obedecer fue la causa de mi irresponsabilidad en un asunto tan serio como es la escuela. Claro que mi rebeldía no se manifestaba en su presencia; las víctimas propicias fueron mi madre —que al final todo me lo perdonaba y hasta entraba en ciertas componendas a mi favor que nunca pude comprender