Entrevista con la profesora italo-francesa Silvia Mancini

Indagaciones en torno a la religión y la cultura popular

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Con el propósito de promover los estudios histórico-culturales en Cuba, el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y la Universidad de Lausana (Suiza) desarrollan un proyecto conjunto que incluye, entre otras iniciativas, la organización de varios cursos en la institución de la Isla por parte de un grupo de investigadores franco-suizos.

Temas como la Teología de la Liberación, las relaciones entre el marxismo y el pensamiento mesiánico, la Antropología Política y Económica, se abordarán en un intercambio donde investigadores cubanos e interesados en el tema podrán familiarizarse a su vez con el campo de la Antropología Visual mediante la enseñanza del uso de la cámara en el contexto de una investigación antropológica.

La principal gestora por la parte suiza de este proyecto es la Dra. Silvia Mancini, investigadora que ha dedicado su vida profesional al estudio de las religiones, el folclor y la cultura popular. Su adhesión a la Antropología está vinculada al contexto italiano de los años 70, cuando se produjo una oleada de interés intelectual por las llamadas “Ciencias Humanas”. Se trataba del surgimiento de un enfoque distinto, novedoso, que rompía las barreras del humanismo más antiguo para abrirse a la confrontación con otras culturas.

Como parte de la joven generación entusiasmada con las nuevas ideas de la izquierda europea, Mancini se integró al grupo de estudiantes destinados a las carreras de investigación en Humanidades. De esta forma, realizó su licenciatura, especialización y doctorado en Historia Comparada de las Religiones, en la Universidad de La Sapienza, Roma.

Luego se trasladó a Francia, donde completó su educación en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Durante diez años se dedicó a la enseñanza de Antropología Social y Cultural en la Universidad de Bordeaux, hasta que comenzó a trabajar en la de Lausana, Suiza, a partir del año 2002, cuando se fundó la Cátedra de Historia Comparada de las Religiones.

Desde joven Mancini ha sido comunista, y aunque después de su partida de Italia abandonó la militancia activa, conserva sus principios intactos y es notable la admiración que siente por el gran pensador marxista de su tierra: Antonio Gramsci.

La ideología de compromiso social en la cual cimentó sus estudios superiores ha determinado, sin dudas, su interés por acercarse a Cuba ¿Cuándo y cómo se iniciaron estos vínculos?

Siempre me interesé por Cuba, pero no quería venir solamente como turista. Llegué acá gracias a una estudiante de Lausana que era hija de un guerrillero argentino, víctima de la dictadura militar, que se trasladó a Cuba junto a sus hermanas y primas. Ella me explicó que su prima, María Santucho, era la esposa de Víctor Casaus, y que podía proporcionarme una invitación a la Isla.

Así, visité Cuba por primera vez en enero de 2011 y establecí vínculos institucionales con la Universidad de La Habana (UH) y el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. A través de este último descubrí un poco la cultura habanera y desarrollé una afinidad muy fuerte con sus miembros. A partir de ese momento, algunos trovadores vinculados al Centro fueron a Suiza y yo di algunas conferencias en la UH.

¿Qué proyectos de intercambio y colaboración está realizando actualmente con Cuba?

Hemos desarrollado un convenio cultural que involucra a dos instituciones del Ministerio de Cultura de Cuba: el Centro Pablo y el Instituto Juan Marinello. Propuse estos intercambios a mi facultad de la Universidad de Lausana, y Cosude (Oficina de Cooperación Suiza) y la embajada de Suiza aquí en Cuba apoyaron el proyecto. Como resultado de estos convenios, los investigadores Fernando Martínez Heredia y Ana Vera Estrada ofrecieron dos conferencias en mayo en la Universidad de Lausana y yo di otro curso en el Marinello.

Además de los cursos que tenemos programados en este centro, este proyecto ha permitido constituir un fondo bibliográfico dedicado especialmente a la Antropología. El Marinello ahora cuenta con un fondo de alrededor de 150 títulos sobre Ciencias Humanas y Antropología, Sociología e Historia Social que no se encontraban en Cuba.

El curso que acaba de impartir en el Instituto Juan Marinello forma parte de este intercambio académico ¿Cómo fue su concepción, teniendo en cuenta el estudiantado cubano destinatario?

Al inicio me fue sugerida la idea de preparar algo sobre Cultura Popular, pero enseguida me señalaron que no existe en Cuba la carrera de Antropología y que, tal vez, un curso más amplio que permitiera sintetizar un poco la historia de esta ciencia social y detallar algunos conceptos fundamentales sería más útil para un público proveniente de carreras muy distintas.

Intenté entonces imaginar un curso que, a partir de una problemática más amplia, ofreciera nociones para identificar la relación de la Antropología con otras ciencias sociales. Las dimensiones históricas que abordé fueron importantes porque no se puede entender la disciplina, su método, su temática, su problemática, sin comprender de dónde salieron sus cuestionamientos. Entonces, como la historia de la Antropología se desarrolla simultáneamente a la historia de las ideas, traté de articular la trayectoria de ambas.

Además, el Marinello necesitaba que se examinara de manera más profunda el debate sobre la cultura popular desarrollado desde finales del siglo XIII hasta hoy, pasando por la postura de los estudios culturales hasta llegar a los estudios subalternistas que, sobre todo en América Latina, parecen tener un éxito muy grande.

Cuba ha sido también objeto de estudio para las investigaciones que desarrolla ¿Hacia qué líneas ha dirigido sus análisis y cuáles son los resultados obtenidos hasta el momento?

He estado trabajando en torno a la relación política-religión en Cuba. Me interesan los vínculos entre el simbolismo y discurso religioso por un lado, y el simbolismo cívico por el otro. Empecé a investigar estos temas alrededor del Centro Pablo porque es uno de los gestores de perpetuación de la memoria revolucionaria cubana, y me di cuenta de que estos procesos de educación civil que permiten interiorizar los valores de la revolución, se hacen aquí a través de dispositivos artísticos.

Como historiadora de las religiones, interesada en los lenguajes simbólicos que permiten estructurar la conciencia y visión del mundo, imaginar que el arte podía ser un vector de difusión del pensamiento revolucionario —y religioso también, como en el caso de la teología de la liberación— fue algo inédito.

Ahora estoy estudiando el culto a la Virgen de la Caridad del Cobre. Me propongo ver cómo en este culto hay diferentes niveles donde el código simbólico cívico y el religioso se interpenetran, se mezclan. Este tópico me atrae porque las formas de devoción popular son un laboratorio viviente, un observatorio privilegiado que te permite, en situación de cambio social, observar cuáles son las verdaderas referencias que estructuran el imaginario popular. Es una investigación que está todavía en fase de desarrollo, pero pienso publicar un artículo dentro de uno o dos meses en alguna revista de antropología en Francia o Italia.

En el contexto actual, dominado por los consorcios económicos, mediáticos y políticos; ¿cómo cree que se manifiestan las culturas populares?

Pienso que la cultura popular cambia hoy de cara al entorno urbano. Se ha producido un acercamiento de la cultura rural a la urbana a través de los medios de comunicación, la facilidad del transporte, etc. Antes se estudiaba mucho las culturas campesinas que permanecían en zonas ancladas, aisladas. Ahora la cultura popular se puede estudiar en la ciudad. Por ejemplo, aquí en La Habana, mirar la vida del barrio, la creatividad enorme de la gente que elabora estrategias de sobrevivencia reinventando permanentemente el mundo; la modalidad de las relaciones sociales… la cultura popular está bajo nuestra mirada, basta observar con atención e intentar comprender la lógica que organiza todas las formas de la expresividad social, cultural, e incluso urbana, para seguir estudiándola.

¿Qué importancia adquieren en el presente los estudios culturales y antropológicos?

La Antropología tiene una gran capacidad para abrir el espíritu a la dimensión comparativa. La facultad de analizar lo que diferencia y singulariza a las culturas me parece un elemento de importancia fundamental en un mundo como el actual. Solamente la confrontación y la comparación permiten relativizar las situaciones y abrirse a la diversidad. Después, estas indagaciones te llevan a valorar esa diversidad, que deviene combate social y político para preservarla y evitar la uniformización a la cual el capitalismo está llevando al mundo contemporáneo.

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