Literatura

Acerca de Memoria de mundos varios,
de Raúl Roa Kourí

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Bajo el sello UNION, editado por la cuidadosa Vivian Lechuga, ingresa en el cúmulo de libros publicados en Cuba en el 2012 esta suerte de compilación memorística de Raúl Roa Kourí, a quien (aunque no conozcamos personalmente) todos llamamos Raulito Roa, para distinguirlo de su padre, cuyo centenario se cumplió en el año 2007, y a quien el pueblo cubano reverencia por múltiples razones.

No traigo a colación el parentesco directo del autor de esta Memoria de mundos varios con el llamado Canciller de la Dignidad por mero señalamiento filial, sino porque su figura recorre la mayoría de las doscientas sesenta páginas de este libro, a pesar de que Raulito pretende fabular con otros asuntos que no se relacionan directamente con su padre. Tal es el caso de las narraciones “El hombrecito del condón negro”,  de “Yo Mambo”, de “El sueño de Eliécer” y de “Las antiguas escaleras del castillo”, por citar algunos ejemplos. En ellos, se demuestra la habilidad narrativa de Raulito, caracterizada por ese estilo antiguo, de buen gusto, refinado y cuidadoso que recuerda a escritores de épocas pasadas.

Precisamente de tiempos remotos (que a los jóvenes les resultarán remotísimos, y por lo mismo, de lectura insoslayable), es el resto de los textos, escritos todos (salvo uno) en Roma, y fechados entre los años 2002 y 2010. La Historia de Cuba, con el mismo énfasis patriótico que depositara Raúl Roa padre en sus libros, aparece reflejada, con toda la complejidad social que entraña una Revolución social como la nuestra.

Uno de los grandes méritos de estas memorias es la visión íntima, de primera mano, que Raulito ofrece, sin guardarse para sí el privilegio de haber conocido (y amado) a personas que se convirtieron en “personajes” debido a sus papeles protagónicos en los aconteceres políticos. Ejemplos de esto son los capítulos dedicados a “Che cotidiano”, “Memoria de Nicolás”, “Vicentina Antuña” y “Miguel Alfonso”.

Sus Anécdotas con Fidel, y Para Silvio, incluye a quienes afortunadamente aun nos acompañan, aunque, por supuesto, su contacto con ellos supera con creces  los nuestros. Es fácilmente reconocible (lo cual constituye otra muestra más de la lealtad visceral de Raulito) el interés en conservar, en defender en su justa medida la importancia del servicio constante que ejerció su padre. Los textos “A la zaga de Roa”, “Maceo en la visión de Roa” y “Extraña ‘historia’ y deficiente ‘memoria’” así lo demuestran.

Como resulta imposible reseñar los treinta y seis fragmentos de la prodigiosa memoria del autor de este libro, escojo “Habana mía”, porque me parece el más abarcador en el sentido del esclarecimiento que ofrece, para sentir realmente cómo fue nuestra capital, y su ebullición en los tiempos de tiranías. Parecerá difícil constreñir en 30 cuartillas la evolución de hechos trascendentales como la muerte de Chibás, el golpe de Estado que encabezó Batista, los asaltos a Radio reloj y al Palacio Presidencial, el asesinato de José Antonio Echevarría y de sus compañeros de lucha, asi como el ambiente cultural que pese a todo, se empeñaba en sobrevivir, como muestra de resistencia de quienes desde el arte aportaron aquello de lo que fueron capaces.

Los lectores encontrarán, más que recuerdos de una vida entregada a funciones en varias localidades del mundo, el testimonio apasionado de alguien cuya capacidad intelectual alcanza para ser diplomático (tarea ya de por sí complicada) y escritor, cuyo valor le permite afirmar, en tiempos en que solo se habla del triunfo de 1959 en voz baja: “la revolución cubana (es) la más progresista que haya conocido Nuestra América y tal vez el mundo”.

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