María Teresa Andruetto, Premio Hans Christian Andersen:

“Un buen libro nos lleva a preguntarnos
acerca de nosotros mismos”

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba

Conocí a María Teresa Andruetto hace un par de años cuando visitó nuestra Isla por el Congreso Internacional Lectura 2011 “Para leer el XXI”, que bienalmente organiza el Comité Cubano del IBBY (International Board on Books for Young People). En aquel momento, María Teresa era candidata a un premio que ganaría pocos meses después, el Hans Christian Andersen.

Desde los primeros momentos, cuando nos movíamos por los diversos espacios donde se presentara su primera obra con nosotros: El caballo de Chuang Tzu —cuyos derechos de reproducción generosamente cedieran ella y su ilustrador Istvansch a Cuba—, percibí estar junto con una persona muy entrañable y especial, tocada por la magia de nuestros niños y de nuestra Habana, una mujer de corazón en la mano, con mucha palabra a flor de labios y en cuanto escribe, una reivindicadora de la niñez eterna, de las mejores causas, de esos libros que defienden argumentos originales y trascendentes.

A punto de publicar ya su tercer libro en Gente Nueva, María Teresa Andruetto, ganadora del llamado Nobel infantil, accede a estas preguntas para La Jiribilla, con la misma humildad y transparencia que le hacen emocionarse frente a un grupo de niños de una escuela, la que experimentó al visitar la sede de su editora cubana por entonces en reconstrucción, o al recibir un ramo de flores que confesó nunca se le marchitarían jamás…

¿Existe para ti una literatura infantil? ¿Una LITERATURA? o simplemente ¿Literatura para personas?

Depende del lugar desde donde se mire. Existe un campo de la cultura, de estudio y circulación de libros que conocemos como Literatura Infanto-Juvenil (LIJ) y a ese campo irían a parar todos los libros publicados en colecciones interesadas en conquistar un lector niño o joven. Todos los libros, todas las colecciones, todas las editoriales y todos los escritores e ilustradores que publicamos en esa zona de libros, aun cuando muchos de esos libros no hayan sido escritos especialmente para niños o aun cuando esos autores no sean exclusivos de ese campo, entrarían ahí. Si lo pensamos desde la escritura misma, la cuestión cambia. Salvo algunos libros para primeros lectores, donde la especificidad “infantil” se vuelve quizá más evidente, estaríamos hablando —si hay calidad— simplemente de literatura, esa suerte de arte de la palabra y del pensamiento, con mil matices y complejidades diversas.

Según tu concepto, ¿los niños y niñas leen hoy día más o menos que antes?

Podría hablar por mi país, que es el país que más conozco. Si pensamos en un sector social que tradicionalmente ha tenido acceso al libro, tal vez podríamos decir que los niños de ese sector social culturalmente alto lee hoy quizá menos que los niños pertenecientes a ese mismo sector varias décadas atrás, porque los actuales agregan a la lectura de libros otros recursos tecnológicos y otros focos de interés. Pero si lo pensamos en relación con la cantidad de niños que leen, hoy leen más muchos más niños que antes. Hay una creciente —y muy fuerte— inclusión de nuevos lectores, más niños de sectores que tradicionalmente no accedían al libro o no lo tenían como campo de interés.

¿Qué piensas acerca del tono que deben tener las historias para niñ@s?

El tono de un libro es una de las cuestiones de escritura que más me interesa, encontrar el matiz particular de cierta voz narrativa, diferente para cada libro, es algo muy difícil de lograr, uno de los aspectos más sutiles…

¿Y encuentras similitudes más o menos evidentes entre tu persona y algunos de los personajes de tu obra?

En algunas ocasiones, puede que algún rasgo personal haya ido a parar a alguno de mis libros, pero nunca se trata de un personaje como alter ego sino de ciertos rasgos desperdigados, esparcidos en un texto y casi siempre involuntarios. El espíritu de búsqueda tal vez haya ido a parar a El árbol de lilas, cierta ironía al payaso de El incendio y cierta melancolía a la niña de La niña, el corazón y la casa…, pero la zona de mayor semejanza suele aparecer en la voz narrativa, en el ángulo de mirada, el punto de vista de un texto.

¿Cómo concibes idealmente a un autor para niñ@s?

Para niños o para grandes, un buen escritor es un escritor que escribe de modo diferente a otros escritores

¿Reconoces influencias de autores clásicos o contemporáneos?

Me parece ver, reconocer, rasgos de los neorrealistas italianos, de los narradores argentinos de provincia de los años 60 y 70, de los narradores del sur norteamericano, de mucha narrativa escrita por mujeres, de la poesía en general…

¿Leías mucho cuando eras niña? ¿Cuáles fueron tus lecturas en las primeras edades?

Muy diversas, azarosas, de toda calidad y todo orden. Desde libros de aventuras hasta vidas de santos, desde fotonovelas hasta enciclopedias, desde relatos policiales hasta poemas patrióticos… pocas cosas específicamente destinadas a niños; desde temprano leí lo que me caía en manos, sin ningún criterio. Después, en la adolescencia, fui encontrando en mi relación con los libros un cierto orden.

¿Cómo insertas tu obra dentro del panorama actual de la llamada literatura infantil de tu país?

Ahora es una obra que tiene mucho reconocimiento, nunca dejaré de agradecer esa distinción que me han hecho lectores, colegas, instituciones…; sin embargo, lo que escribo conserva de algún modo ese carácter periférico con respecto a lo central (asuntos, formas) de la LIJ, ese estar en los bordes…

¿Qué atributos morales piensas que debe portar consigo un buen libro infantil?

Un buen libro nos lleva a preguntarnos acerca de nosotros mismos

¿Podrías opinar de la relación autor-editor?

Entiendo al editor como el primer lector de un libro, un lector al que hay que saber escuchar y también del que, a veces, hay que aprender a cuidarse.

Si tuvieras que salvar solamente diez libros de un naufragio, ¿cuáles escogerías? ¿Alguno de los que has escrito?

Algunos clásicos, desde Edipo de Sófocles o el Popol Vuh a la Divina Comedia, las tragedias de Shakespeare o los cuentos tradicionales…, que son los libros que antes que nosotros, la humanidad salvó de innumerables naufragios para que llegaran hasta hoy.

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