Matrimonios

Omar Valiño • La Habana, Cuba

Aunque son normales en cualquier parte del mundo e, incluso entre nosotros, también eran (y hasta son) frecuentes las jornadas culturales, generales o específicas, de distintos países, parte de nuestro teatro enfrenta con prejuicios las más recientes en el tiempo, léanse las semanas teatrales alemanas, noruegas o polacas. Para sus organizadores —entre los que me cuento en algunos casos— no se trata de una predilección particular por la escena de esas naciones, con independencia de la importancia que le adjudiquemos, sino de aprovechar la manifiesta vocación de tales países para promocionar sus respectivas culturas, la de antes y la de ahora, a través del teatro, así como, de paso, contribuir al desarrollo de proyectos locales, que cuentan, al igual que cada uno de estos eventos, con el decisivo amparo de las instituciones cubanas, en primer lugar el Consejo Nacional de las Artes Escénicas.

Parte de su red de espacios capitalinos —Sala Adolfo Llauradó, Teatro Trianón, Sala El Sótano, Sala Tito Junco del Centro Cultural Bertolt Brecht—, acoge en estos días, del 28 de septiembre al 9 de octubre, la II Semana de Teatro Polaco, cuya primera versión aconteció en 2012, con los auspicios, en ambos casos, de la Consejería Cultural de la Embajada de Polonia en La Habana, así como el Instituto Teatral y el Instituto Adam Mickiewicz, de ese país y, por nuestra parte, el la Fundación Ludwig de Cuba y la Casa Editorial Tablas-Alarcos, del CNAE, más la participación de la Universidad de las Artes (ISA) y el Centro Teórico-Cultural Criterios que acogerá la conferencia “Gombrowicz-Piñera, los años argentinos”, a cargo de la actriz polaca Magdalena Krauze y el narrador cubano Alberto Garrandés, en torno a ese célebre “matrimonio” literario entre los dos grandes escritores.

Entiendo el prejuicio al principio enunciado. Se trata, sobre todo, de la habitual evaluación ante las puestas en escena a partir de textos dramáticos de los países implicados. Cuando no se “trasvasa” el material original a una contextualización nacional que interese al espectador aquí y ahora, y solo asistimos, en el mejor de los casos, a una simple lectura escénica de la pieza, destaca en primer plano el carácter de obra por encargo y no el sentido de apropiación artística que deberá guiar y conquistar cualquier travesía de esta naturaleza.

Sentido logrado por Raúl Martín en Matrimonio blanco, de Tadeusz Rozewicz, con Teatro de la Luna, que, por ahora, se despide este domingo de la Llauradó. El famoso casamiento por pacto de conveniencia adquiere aquí un delicado análisis humano y también una inteligente re-dirección hacia la procacidad sexual cubana de hondas implicaciones, en tono de comedia y con un formidable elenco actoral.

Del propio autor, Sahily Moreda repone El archivo, con la Compañía del Cuartel, hasta el jueves 9 de octubre en El Sótano. Con el protagonismo de Carlos Pérez Peña, asistimos al contradictorio repaso de la vida de un héroe que, en su vejez, busca alejarse de la épica y detenerse en las minúsculas experiencias cotidianas.

Con una relación menos directa con Polonia, pero fuerte a nivel subterráneo entre dos culturas, como siempre he sostenido, de profundos nexos a ese nivel, llega el esperado estreno de Antigonón, de Rogelio Orizondo, bajo la dirección de Carlos Díaz, que se mantendrá en el Trianón con la firma de Teatro El Público buena parte de octubre. No dejará indiferente a receptor alguno y brinda un apasionante terreno para la discusión estética entre las búsquedas de lenguaje del texto y el acendrado estilo de Díaz, entre el work in progress hacia la puesta, que fue visto antes en distintos escenarios, y ahora su instancia de espectáculo, y entre su decidida vocación política y el contexto nacional.

A estos puntos centrales de la Semana, se sumaron sendos talleres realizados en el Instituto Superior de Arte. Uno de Actuación, bajo las enseñanzas de la escuela polaca, a cargo de Rafal Mohr y otro de Teatro físico, impartido por Magdalena Krauze, para acercar a los alumnos a esta modalidad poco conocida en Cuba. Un núcleo de estudiantes de la Facultad de Arte Teatral presentó en la Semana Demeciaprecox N°20, basada en El loco y la monja, de Stanislaw Witkiewicz, con la conducción de Patricia Vilá, todavía un ejercicio en estado precoz.

Con esas coordenadas, abarrotadas de puntos de discusión, y la presencia dentro de ellas de nombres del calibre de Witkiewicz, Witold Gombrowicz y Rozewicz, la Segunda Semana de Teatro Polaco ha apostado por matrimoniar orillas de aquí y de allá, jamás de modo blanco.

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