Lizzy:

The beginning

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

Hay una idea de Leo Brouwer que desde el primer instante en que la conocí, siempre me ha cautivado. Es esa que se refiere a que, tanto en arte como en la vida, todo es una espiral eterna. De ahí el título de una de las obras guitarrísticas de Leo que en lo personal más valoro.

El principio filosófico e ideoestético de que las cosas se van repitiendo con determinada periodicidad, fenómeno representado en esa suerte de espiral eterna a la que alude Leo Brouwer, se corrobora a la perfección con la historia del rock y el pop en Cuba. Si bien en un primer momento, los cultores de la manifestación preferían el inglés para expresarse en las melodías interpretadas, desde mediados de los ochenta y hasta buena parte de los noventa del pasado siglo XX dicha tendencia cambió y la inmensa mayoría de las agrupaciones asumió el español como idioma para su repertorio. Sin embargo, con el arribo de los años 2000, volvió a producirse un cambio y así, comenzaron a prevalecer los grupos que escogían para defender sus temas la lengua de Shakespeare, con lo que se daba un retorno a la etapa iniciática del rock en Cuba.

Es en esta línea en la que se inscribe la propuesta de la banda denominada Lizzy, joven colectivo de pop rock que en la anterior emisión de Cubadisco consiguió que su primer disco, el álbum titulado The beginning, fuese nominado en un par de categorías del máximo certamen de la discografía cubana.

Contentivo de diez cortes, lo primero que llama la atención de este CD es su excelente producción, algo particularmente sobresaliente si se piensa en el hecho de que se trata de un fonograma realizado con esfuerzos propios y sin el respaldo de ninguna compañía de las existentes en nuestro contexto. Ello vuelve a corroborar la importancia que han cobrado entre nosotros las producciones de carácter independiente. En este sentido, hay que felicitar el desempeño del guitarrista Miguel Comas, responsable de la producción del material.

Un segundo aspecto que considero logrado en estas piezas, es la buena pronunciación del inglés por parte de la vocalista y figura frontal de la agrupación. Ella es también la compositora de los temas aquí recogidos, los cuales, si bien son clasificables como de pop, se enriquecen con la utilización de pequeños detalles de otros estilos como los procedentes de la canción de autor y del rap.

Así, cortes como “Sometimes”, “Feel nothing”, “Single word”, “The sweetest breakdown” y “By my side”, se escuchan de forma placentera y fluida. Música que no pretende ser renovadora de nada en lo más mínimo, está facturada con buen gusto y elegancia, cosa que siempre ha de agradecerse, en especial cuando se trata de la ópera prima de gente muy joven, pero con muchas ganas de hacer.

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