Conflicto en Siria

Miradas de un corresponsal

Aline Marie Rodríguez • La Habana, Cuba
Jueves, 3 de Octubre y 2013 (4:56 pm)

Siria tiene grandes problemas en estos momentos para presentar su verdad al mundo. No tiene cómo hacerlo. Le han negado la mayoría de los satélites que se pudieran ver en América Latina, en Europa y en Asia. Se le está haciendo una guerra también de información”, aseguró Luis Brizuela ― quien desde noviembre del pasado año fungiera como corresponsal de la Agencia Latinoamericana Prensa Latina― durante el espacio De primera mano, realizado este 3 de octubre, en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí

Sus vivencias en el país árabe así como las posiciones de Rusia y EE.UU. sobre el conflicto fueron algunos de los temas que centraron el diálogo de Brizuela con los periodistas asistentes al encuentro.

Al referirse a la situación actual de la nación afirmó que aunque hoy ha disminuido la tensión, sigue latente la amenaza de ataque al país, porque EE.UU. no tiene la voluntad de sentarse a la mesa de negociaciones junto con Rusia para concretar la Conferencia de Ginebra II.

Brizuela destacó el papel de Rusia para frenar la agresión y la invasión contra Siria y profundizó cómo, en tres ocasiones, este país junto con China ha vetado resoluciones en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas para impedir la intervención militar en la nación árabe.

Pese a encontrarse en medio de un conflicto armado, en la ciudad de Damasco se respira cierta calma. Desde su llegada, el 8 de noviembre, hasta su regreso a La Habana, hace una semana, Brizuela permaneció en la capital siria.  

“En Damasco funciona la infraestructura normal de una ciudad ―comentó―, pero está amurallada, llena de puntos de control, de barreras. El tráfico a veces es imposible por los desvíos. Todos los edificios de seguridad y los ministerios están protegidos por vallas, ante la posibilidad de que exploten coches bomba. Uno va al mercado y siente que la vida es aparentemente normal, salvo por el cañoneo intenso y el vuelo de la aviación. Pero, la ciudad es vulnerable a los ataques con mortero y a los coches bomba. Hay días en que han caído 60 proyectiles de mortero en distintos lugares”.

Estremecedoras resultan las anécdotas contadas por este corresponsal sobre las explosiones de coches bombas. “El primero explotó a tres cuadras de la casa, el 18 de noviembre, a las doce de la noche y fue algo impactante”.

Luego se sucederían varios incidentes de este tipo, pero el más cercano sería el atentado al Primer Ministro Wael Nader Al Halqi. El coche bomba explotaría a unos 75 metros de la oficina de Prensa Latina, el pasado 29 de abril, a las nueve y cinco de la mañana.

“Cuando ponen un coche bomba por lo general colocan un segundo para crear más víctimas ―aseveró―. Por ello no es recomendable ir directamente hasta el lugar. Se debe esperar entre 10 y 15 minutos. Lo más impactante de todo fue ver los cuerpos de las personas carbonizados. Eso es algo muy duro”.

Una de las principales dificultades del trabajo periodístico en Siria fue entender a los medios de comunicación nacionales, pues solamente la agencia SANA transmitía en otros idiomas, el resto lo hace en árabe. Ante el desconocimiento del idioma, para Brizuela resultó indispensable el apoyo de los compañeros del Ministerio de Información, quienes lo ayudaron en las traducciones y en las entrevistas en la calle. 

Además de tener una cultura totalmente diferente a la latina, los árabes tienen nociones también disímiles sobre lo que es considerado noticia y las maneras de construirla. Al referirse a este asunto comentó que “en la página árabe de SANA las informaciones podían tener de 20 a 25 cuartillas y no arrancaban por lo más importante. La concepción del noticiero de televisión también es diferente. Muchas veces empezaban con otras noticias y, a la media hora, comenzaban con las noticias sobre un bombardeo o un coche bomba en el centro de Damasco”.

El manejo de las fuentes resulta un tema bastante complejo y más en un contexto como el de Siria. Brizuela llamó la atención sobre el empleo, en los cables de agencias y televisoras que no tienen corresponsales en el país, de una entidad llamada Observatorio Sirio de Derechos Humanos. “Lo curioso es que el Observatorio ―aclaró― es una persona que radica en Londres y desde allí informa. Ello lleva a cuestionarse qué tan objetivas son las noticias sobre Siria ofrecidas por la gran prensa occidental”.

Durante el encuentro, el también Máster en Ciencias Políticas, destacó la manipulación en el uso de determinados términos para abordar el conflicto. Señaló la denominación de guerra civil. “En Siria está ocurriendo la invasión a un estado democrático, que tiene una Constitución y un presidente. Esa es una de las grandes falacias de esta guerra”.

Sobre la denominación de rebeldes para designar a las fuerzas de la oposición aclaró que no se puede calificar como tal a personas que reciben dinero para ir a combatir a un país extranjero. “Eso no es un rebelde, es un mercenario”, puntualizó.

La devastación del patrimonio cultural de una nación en conflicto es irreversible. Brizuela mostró algunas imágenes del satélite que evidencian la ruina de sitios históricos y comentó que “las llamadas fuerzas de la oposición han destruido lugares emblemáticos, como la Mezquita Omeya de Alepo, donde detonaron el minarete, que tenía cerca de mil años. Además, el gran mercado de Alepo, considerado el mercado bajo techo más grande del mundo, fue quemado”.

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