Palabras de Roberto Blanco en ocasión del estreno de María Antonia

Roberto Blanco • La Habana, Cuba

 

Imagen: La Jiribilla

Muy buenas noches, estimado público:

Teatro Irrumpe, con esta función del Festival de Teatro de La Habana, 1987, quiere rendir homenaje a Eugenio Hernández Espinosa, ya que este año celebramos el vigésimo aniversario del estreno absoluto en esta misma sede de su obra María Antonia: historia trágica, con cantos y bailes, de un negra republicana.

En la segunda página del programa de entonces se lee:

“Un teatro vivo es la exaltación de un pueblo proclamando sus placeres, sus dudas, sus dolores… exhibir y ser exhibido, mostrar lo suyo y mostrarse a sí. Así ha de comenzar un teatro vivo”.

Íbamos jóvenes y apasionados, con las perspectivas creadoras que se abrían frente a nosotros, como de repente y de par en par por nuestra joven Revolución triunfante, al encuentro de un teatro de identificación cultural, que dignificara la imagen que del teatro popular muchas veces se tenía por legítima y verdadera.

El estreno fue polémico, apasionado y definitorio; marcó a un grupo de artistas teatrales. Señaló los caminos por los que debíamos tomar. En cuanto al público: nos dio el necesario espaldarazo.

La obra encontró su lugar en la memoria de los miles de espectadores que la aplaudieron, y durante los años en que no la representábamos, teníamos a diario que responder a una pregunta constante: ¿Cuándo se repone María Antonia? Fue por eso que decidimos retomarla en la temporada inaugural de Teatro Irrumpe en 1983.

Con esta segunda puesta, que pretendía la recreación de la primera, con los cambios lógicos del tiempo transcurrido y las exigencias de un teatro de repertorio, volvió María Antonia a centrar la atención del público y de nuestro medio teatral. Fue publicitada. Recibió cuatro primeros premios. Fue honrada con la responsabilidad de representar a nuestro país. La reconocieron en la prensa como “un clásico de nuestra escena”.

Permítanme tres consideraciones, que no puedo dejar de hacer:

En primerísimo lugar, la que nos sustenta y une a todos en un pueblo que ejerce la cultura, pero “con un solo pecho y una sola mente, como nos visionara nuestro José Martí: es el desarrollo indetenible de nuestra Revolución, que cada día coloca en nuestras manos posibilidades de luchar con nuestras obras por un mundo mejor.

Las otras tienen otro carácter:

Cuando en 1967 comenzamos los preparativos de la obra que hoy van a ver, dimos inicio a una colaboración casi permanente durante todos estos años con el Conjunto Folclórico Nacional, sin cuya estelarísima participación no habríamos podido siquiera enfrentar las exigencias artísticas del empeño, y con cuyos integrantes se fueron estrechando vínculos, como si entre ellos y nosotros crecieran nuevas raíces fraternas.

Por último, quiero hacer mención del poderoso talento, la generosidad y la disciplina profesional de Hilda Oates, que también desde su estreno ha venido protagonizando nuestra María Antonia.

No es el momento de extendernos más en torno a la importancia que para nosotros tiene este trabajo, porque está a punto de levantarse el telón. Dentro de pocos minutos su personaje central, la María Antonia de los cuchillos, la de candela y el ron, tal vez defina mejor que nadie, con su salida bravucona y popular, lo que está sucediendo hoy, a 20 años de aquel estreno. Y cuando Eugenio la escuche, comprenderá las claves y esencias de este humilde homenaje. Dirá ella en el mercado: “Todavía hay María Antonia para rato”.

Muchas Gracias.

Cortesía del Centro de Estudios del Diseño Escénico

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