Silk Road, oscuridad en la web profunda

Miguel Ernesto Gómez Masjuan • La Habana, Cuba

La llaman “web profunda”, un segmento de Internet al que no llegan los buscadores y solo puede ser visto por personas que utilizan programas especiales, como Tor, un software que encripta el tráfico por la web y lo hace rebotar tres veces entre miles de servidores en todo el mundo, para así ocultar las identidades de los internautas. ¿Enredado? Cierto. A tal punto que ni siquiera las agencias de seguridad han podido detener la proliferación, en esta “web profunda y oscura”, del mercado online de drogas, armas y pornografía infantil.

El sitio más visitado por los que buscaban comprar y vender online desde marihuana, cocaína, éctasis, heroína hasta modernas armas era Silk Road (SR). Durante dos años y medio, esta plataforma logró posicionarse como el mejor mercado para los más diversos productos ilegales y su desarrollador, conocido como Dread Pirate Roberts, alcanzó notoriedad, no solo por los millones de dólares que obtuvo, a partir de las comisiones cobradas por las ventas, sino por su continua defensa de las “libertades individuales” en Internet, como justificación para todo el negocio de SR.

Imagen: La Jiribilla

La protección del anonimato siempre fue uno de los puntos más fuertes de sitios como SR. En un mundo completamente vigilado, los usuarios de SR sabían que, a través de Tor, las comunicaciones quedaban encriptadas y, como se distribuían por diferentes servidores, en todo el mundo, a las agencias de seguridad les resultaba muy difícil seguir la pista. Además, las transacciones en SR se efectuaban en bitcoins, una moneda virtual que también emplea la encriptación y, al no estar asociada con una cuenta bancarias directamente, las agencias tampoco podían rastrear la “ruta del dinero”.

Todas estas “ventajas” le permitieron a SR convertirse en un prolífico mercado negro para el comercio de drogas. En esa plataforma, las personas colocaban las ofertas de sus productos, con los precios en bitcoins. Los interesados en comprar—sobre todo marihuana, el ítem más vendido—enviaban la cifra exigida a SR. La plataforma retenía el pago y cobraba una comisión (entre el 8% y el 15% del total invertido). Solo después de que la droga estuviera en manos del comprador, el sitio liberaba los bitcoins.

Durante tres años, el Buró Federal de Investigaciones (FBI), de EE.UU., trató de detener un negocio que propició ventas superiores a los 1200 millones de dólares. Los esfuerzos por frenar a Dread Pirate Roberts chocaron, una y otra vez, contra el muro de anonimato que rodeaba todas las actividades de SR; pero, finalmente, apareció una grieta y las autoridades detuvieron, en San Francisco, al “Pirata”, cuyo nombre real es Ross William Ulbritch y tiene 29 años.

Ulbritch encarará diversas acusaciones, no solo por el tráfico de narcóticos y el lavado de dinero; sino también porque, al parecer, contrató a un asesino profesional para matar a otro usuario de SR que había amenazado con revelar las identidades de los usuarios del sitio.

En los últimos meses, el FBI ha tratado de controlar el auge de la “web profunda”. Primero vino el cierre de Liberty Reserve —una plataforma que, de acuerdo con los agentes federales estadounidenses, se utilizaba para la compra y venta de identidades robadas y la comercialización de pornografía infantil—; luego llegó el extraño cierre de Atlantis, un rival de SR, y que aludió, como justificación, problemas de seguridad más allá de su control.

La cancelación de SR, como sucede en el mercado físico de las drogas tras la detención de un traficante o intermediario, no significa el final del comercio online de estupefacientes. La caída de SR de seguro fue bien recibida por otros servicios similares, como Black Market Reloaded, Sheep Marketplace o BuyItNow, que ahora tratarán de ocupar el espacio dejado por SR.

Quizás en otro escenario, la utilización de mensajes encriptados y cualquier medida extra que ampliara la protección de la privacidad en las comunicaciones sería vista como un elemento imprescindible para evitar la invasiva mirada de las agencias de espionaje; sin embargo, cuando el anonimato online se utiliza para enmascarar acciones ilícitas, entonces la “web profunda” se adentra en oscuros abismos de los que difícilmente pueda salir.

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