Homenaje al jazz y al showman cubano

Ana Lidia García • La Habana, Cuba

A pesar de sus 75 años Bobby Carcassés, considerado como el showman cubano, se siente joven y tiene muchas ganas de hacer. En los próximos meses, por ejemplo, presidirá el jurado del Jojazz, ofrecerá varios conciertos como parte del Festival Jazz Plaza de La Habana y cumplirá con algunos compromisos internacionales. Y como si esto ya no fuera suficiente, hará realidad uno de sus sueños: incluir jazz bailable en uno de sus discos para que todos puedan disfrutarlo como mismo sucede en New Orleans, EE.UU. “Allí las personas siguen a los grupos por las calles y se contagian con su ritmo; por qué no trabajar para que en Cuba suceda lo mismo”, comentó este Premio Nacional de Música a La Jiribilla al término del homenaje que le hiciera el Festival Leo Brouwer, en la jornada teórica del 6 de octubre en la Sala Ignacio Cervantes del Antiguo Casino Español de La Habana Vieja.

Una hora resultó escasa para conversar sobre el jazzista multinstrumentalista, compositor, cantante, pintor, profesor, escritor, deportista, actor y promotor cultural. Sus cualidades histriónicas, su versatilidad en la creación, la admirable proyección escénica, el interés de fusionar e innovar en cada nueva obra y su constante labor de formación de jóvenes artistas cubanos, fueron aspectos de la vida de Carcassés resaltados por la musicóloga Nerys González durante el intercambio. Algunos de sus mayores aportes a la música cubana como la creación del Festival Jazz Plaza que en cada edición convierte La Habana en un hervidero de instrumentos y de sonidos, también sobresalieron en el diálogo, donde Bobby demostró una vez más sus dotes de buen comunicador.

Como “la urgencia de volcar algo hacia afuera con swing” definió el jazz, género al que ha apostado y con el cual se ha desarrollado como ser humano y artista. “Si no posee esa cualidad rítmica que envuelve con su impulso, entonces no existe el jazz, porque solamente ella permite que el creador y el espectador se transporten hacia otra dimensión mediante el sonido. Cuando las composiciones no tienen swing son verdaderamente mecánicas, frías y vacías.

“Por otra parte, muchos estudiosos se han dedicado a analizar con detenimiento las improvisaciones, pues ciertamente constituyen otro aspecto asombroso de este tipo de música. Esos momentos de creación espontánea resultan períodos de éxtasis, especies de viaje dentro de una nave espacial donde el intérprete siente una gran libertad para mezclar y presentar los conocimientos aprehendidos; además, es muy interesante ver la trascendencia de esas improvisaciones que luego se convierten en obras de arte y son útiles para enriquecer la teoría del género”.

Sobre la influencia de las raíces africanas en el jazz que se hace en Latinoamérica, y particularmente en Cuba, también conversó Carcassés, para quien el género en nuestro país está ligado indisolublemente a lo afrocubano: “Es una mezcla que fluye de modo espontáneo, pues la llevamos dentro de nosotros”, aseguró ante un público que también tuvo la oportunidad de escuchar algunas de sus anécdotas más simpáticas y la interpretación, en vivo, del tema BembeDoble, que sintetiza en su estructura musical la idea del ser nacional. Así el jazz sonó una vez más en el Festival de Música de Cámara, evento definido por Bobby como “una olimpíada de las artes, una confluencia exquisita de varias manifestaciones artísticas y géneros musicales”.

Acerca de Leo Brouwer, el artífice de este acontecimiento cultural y su amigo entrañable desde los tiempos del Teatro Musical de La Habana, comentó su innata capacidad de aglutinar en torno a una idea a los artistas más reconocidos a nivel internacional y propiciar el intercambio entre el público cubano y tales íconos, “como Paco de Lucía en esta ocasión y el estadounidense Bobby McFerrin el año próximo”.  

Por considerarlo también un hombre de vanguardia, no le sorprende que en el programa del Festival converjan estilos musicales tan diversos y que, en consecuencia, el jazz goce de un espacio privilegiado. Las Jam Sessions, por ejemplo, han seguido a muchos de los conciertos de estos días y han constituido un espacio de socialización para los jóvenes jazzistas cubanos. Para algunos de ellos, el reto ha sido aún mayor, pues han sido invitados a homenajear con su interpretación a figuras emblemáticas de la música cubana como Ernesto Lecuona.

“Luego de iniciativas tan abarcadoras como estas, solo nos falta acercar más el jazz a la gente, que lo sientan suyo, que sea más popular”, anhela Bobby Carcassés, sin quedarse con los brazos cruzados. Compone, canta, baila y, a ratos, da los últimos toques a un libro de cuentos que verá la luz próximamente. A través de un lenguaje ameno y en muchas ocasiones simpático, el público descubrirá en ese volumen pasajes insospechados de la historia del jazz en Cuba y conocerá aún más a uno de sus máximos exponentes: el showman cubano.

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