Artes Plásticas

Trienal de Aichi 2013: Cuando las paredes gritan

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Una tienda por departamentos, esas que ofrecen al consumidor mil cosas útiles y otras mil inútiles, puede transformarse en un buen lugar para incitar desde el arte la curiosidad de la gente. Una estación de trenes, que enlaza a la ciudad con múltiples destinos, se presta también para que una propuesta artística atrevida y reflexiva encuentre pupilas receptivas.

Así acontece por estos días en Okazaki, ciudad que a una hora de Nagoya comparte con esta las sedes de la Segunda Trienal de Arte de Aichi, prefectura japonesa a la que pertenecen ambas urbes.

En la estación ferroviaria Higoshi-Okazaki, un dúo de artistas cubanos despliega una sugerente instalación. Con sus apellidos unidos registran una firma que encierra una paradoja, Guerra de la Paz (Alaín Guerra y Neraldo de la Paz), actualmente reconocida en los circuitos internacionales de la vanguardia.

Imagen: La Jiribilla
Instalación de los artistas cubanos Alain Guerra y Neraldo de la Paz en la ciudad Okazaki

Un piso de la estación se halla cubierto de bultos textiles, semejantes a los envíos de ropa reciclada, que se articulan desde una experiencia escultural. Jardín secreto se titula la pieza, en la que sus autores arropan a los transeúntes con sus formas mórbidas. Alaín y Neraldo han desarrollado esa línea de trabajo a partir de su convivencia con las comunidades étnicas de los barrios marginales de Miami, una de las cuales está conformada por migrantes haitianos.

Tres pisos en media manzana cubren el centro comercial Kosei. Flechas azules dispuestas en el suelo, con el indicativo de la Trienal, invitan a los clientes a subir a las plantas superiores. En una de estas puede accederse a un laberinto sobrecogedor diseñado por el artista palestino Bashir Makhoul. El recorrido muestra paredes totalmente cubiertas por una sucesión de imágenes fotográficas (a escala gigantográfica) del barrio este de Jerusalén, donde se halla confinada la población palestina, y de los campos de refugiados, hasta desembocar en paneles construidos con cajas de cartón, como para que el espectador sienta en  carne propia la atmósfera opresiva a que ha sido injustamente condenada una comunidad.

Imagen: La Jiribilla
Diseño del artista palestino Bashir Makhoul

La Trienal de Aichi, abierta el 10 de agosto y con cierre previsto el 29 de octubre, refleja los conflictos del mundo contemporáneo. No es la simple exhibición de poéticas de la vanguardia. El accidente nuclear de Fukushima, luego del terremoto y el tsunami del 11 de marzo de 2011, compulsó a los curadores a plantear como ejes temáticos del evento la interrogación sobre el destino y la memoria de la especie humana y las posibilidades de resurrección de una conciencia ética.

Los 76 artistas y grupos creativos invitados de 32 países  tomaron nota de esta decisión y trabajaron para ello. De ahí que la atención a las zonas de mayor conflictividad haya estado presente en las entregas de varios expositores.

Una antigua casa de entrenamiento de las geishas en el arte del shamisen (guitarra tradicional) fue reconvertida en sitio de exhibición de Okazaki. El artista japonés Yoshinori Niwa documenta en una videoinstalación la íntima celebración del aniversario del nacimiento de Karl Marx por militantes comunistas de su país. Por contraste, esta obra se relaciona con la que la estonia Kristina Norman  exhibe en una de las sedes de Nagoya, el Toyo Logistics Building, donde mediante el video, la fotografía y la escultura, testimonia y cuestiona el desmontaje de los íconos del poder soviético en su país.

Por cierto, muchos jóvenes visitan por largas horas esta sede de Nagoya, seducidos por las propuestas de los artistas. Si en Okazaki el palestino Makhoul abordó la condición de los suyos, aquí la israelí Nira Pereg proyecta un videoarte inquietante sobre la imposición de restricciones durante la celebración del Sabbath en Tel Aviv por parte de la comunidad judía ortodoxa.

En esa propia locación, el británico Richard Wilson, uno de los gurúes el arte contemporáneo, y el japonés Kohei Nawa se llevan las palmas de la imaginación. Recuperando la tecnología del antiguo uso comercial de la edificación, Wilson dispuso una plataforma tirada por un carril, que en sus  movimientos de ida y regreso permiten al espectador observar un juego de bolos y la pelota que los golpea en dos planos diferentes. ”Pretendo evocar en los espectadores tres sentimientos: juego, excitación y optimismo”, confesó a Wilson a la prensa mientras preparaba su demostración. Con  un verdadero alarde técnico, Nawa  concibió Foam, un vasto paisaje recreado con espuma de detergente que deriva en fuentes, superficies lacustres y montañas.

Imagen: La Jiribilla
Instalación del artista británico Richard Wilson

Pero si de denuncia directa se trata, hay que ver cómo los visitantes al Centro de Arte de la Prefectura de Aichi, en Nagoya, se detienen ante los dibujos realizados por el rumano Dan Perjovshhi sobre las ventanas de cristal del mirador del portentoso edificio. Irreverente e incisivas son sus imágenes contra la crisis financiera, las superganancias capitalistas, la destrucción del medio ambiente y el caos ético.

Imagen: La Jiribilla
Dibujos del artistas rumano Dan Perjovshhi

Aichi 2013 demostró que un foro internacional de arte puede y debe aunar creatividad y toma de conciencia.  Cuando las paredes gritan, los ojos son más sensibles.

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