Ever. Razón de un premio

Moraima Clavijo • La Habana, Cuba

La elección de los PNAP no ha sido nunca en Cuba tarea fácil. Al principio por los muchos merecedores acumulados, después por la coexistencia de grandes talentos unidos a fecundas trayectorias, luego por algunas carreras más breves pero particularmente relevantes y sorprendentes.

No es una cola, tampoco un acertijo, ni se puede decir “le llegó el turno” y mucho menos a Ever.

¿Le llamamos Maestro? (que lo es), o se trata de un eterno alumno por su insaciable curiosidad, por el brillo de sus pupilas cuando “descubre” algo, (y esto ocurre con mucha frecuencia) ¿Es entonces un eterno discípulo porque no se cansa de aprender?

Su larga trayectoria es conocida y está marcada por hitos dados por los premios, sus abundantes exposiciones personales, su frecuente presencia en certámenes de carácter nacional e internacional ¿Cómo ha podido entonces sostener una carrera sólida, poseer una polifacética cultura, dominar las manifestaciones tradicionales de la plástica y más allá, erigir un tótem de enormes dimensiones; sin abandonar su trazo reconocible, sus jigües, sus mensajes siempre alusivos a la vida, a la naturaleza, a este mundo que tanto ama.  Son líneas que