Ever. Razón de un premio

Moraima Clavijo • La Habana, Cuba

La elección de los PNAP no ha sido nunca en Cuba tarea fácil. Al principio por los muchos merecedores acumulados, después por la coexistencia de grandes talentos unidos a fecundas trayectorias, luego por algunas carreras más breves pero particularmente relevantes y sorprendentes.

No es una cola, tampoco un acertijo, ni se puede decir “le llegó el turno” y mucho menos a Ever.

¿Le llamamos Maestro? (que lo es), o se trata de un eterno alumno por su insaciable curiosidad, por el brillo de sus pupilas cuando “descubre” algo, (y esto ocurre con mucha frecuencia) ¿Es entonces un eterno discípulo porque no se cansa de aprender?

Su larga trayectoria es conocida y está marcada por hitos dados por los premios, sus abundantes exposiciones personales, su frecuente presencia en certámenes de carácter nacional e internacional ¿Cómo ha podido entonces sostener una carrera sólida, poseer una polifacética cultura, dominar las manifestaciones tradicionales de la plástica y más allá, erigir un tótem de enormes dimensiones; sin abandonar su trazo reconocible, sus jigües, sus mensajes siempre alusivos a la vida, a la naturaleza, a este mundo que tanto ama.  Son líneas que se complejizan, como el amor del que en última instancia toda la esencia de su obra es deudora.

Contemplar las piezas de Ever, hablar con él, oir sus relatos o simplemente sus conversaciones de la vida cotidiana se torna fascinante. Tuve ese privilegio de manera exclusiva en un viaje desde Topes de Collantes a La Habana en el que le escuché en exclusiva y sin parar,  y mi imaginación se desbordó, tratando de suponer –o más bien de graficar- sus historias. Para él resultaba simple, a mí casi me supera.

Le conté entonces mi encuentro con “El Circo” cuando era adolescente y proyectaba estudiar Historia del Arte. Sus enigmas ahora puede que me resulten más cercanos, pero de cierto modo siguen siéndolo, y es que aunque parezca que se muestra, Ever también se nos oculta, como ocurre con las estrellas fugaces de los cielos que en su campo natal lo cautivaban.

Es el Premio Nacional de Artes Plásticas, el máximo galardón que se otorga a un artista vivo en nuestro país, y aunque sea el más común de los lugares, hay que reiterar lo mucho que lo merece. Para homenajearlo nuevamente estamos hoy aquí, como cuando hace casi un año se dio a conocer el fallo del jurado.

También estamos para escuchar su música, para degustar la comida que Mirna nos va a obsequiar, para oírlo cantar y leer poemas, para escuchar a su grupo musical. Creo que ningún artista contemporáneo nos ha resultado tan polifacético, no solo por incursionar en tantos géneros, sino además por hacerlo en primera persona.

Estamos aquí igualmente para otra vez disfrutar de una de sus magníficas exposiciones y esta, la del Premio, particularmente especial.

Con un conjunto de obras excepcionales a las que no resulta fácil acceder y algunas no vistas con anterioridad y predominando el gran formato que lo caracteriza, casi una veintena de piezas marcan pautas en un espacio temporal que abarca desde 1967 hasta nuestros días.

La magnífica pieza escultórica que nos recibe, acabada de concluir, es el mejor testimonio de la madurez, y a la vez de la vitalidad del artista.

Gracias Ever por esta tarde, y por todas las que vendrán. Hemos disfrutado de tu obra casi 50 años, pero Uds. son indisolubles, por eso también te hemos disfrutado a ti junto a ella, como eres, como solo tú puedes ser.

Muchas gracias

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