Entrevista con Yasek Manzano:

Encontrar a Cuba a través de la música

Paula Companioni • La Habana, Cuba

El nombre de Yasek Manzano se asocia con el genio y el talento musical. En 1997 Roy Hargrove, gran jazzista de los EE.UU., le dio a Manzano su primera trompeta, con lo que el joven cubano pudo empezar a tocar en varias sesiones de Nueva York. Reconocido como uno de los más grandes trompetistas de su generación, hoy es un comprometido estudiante de las sonoridades de su instrumento.

Imagen: La Jiribilla

Su formación profesional estuvo sellada con la beca del Programa Especial de Jazz en la Julliard School, prestigiosa escuela de música de Nueva York, donde fue alumno del célebre trompetista, compositor y arreglista estadounidense Winston Marsalis. Pero los fundamentos de la formación musical de Manzano radican en sus estudios en los Conservatorios Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán, en Cuba.

Yasek Manzano considera que la enseñanza artística es un tema clave para el proceso de creación de los jóvenes en la Isla y uno de los puntos fundamentales a debatir en el 2do. Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), organización juvenil que vela por una cultura en la que los cimientos de nuestra nacionalidad sean el motor de arranque del arte joven.  

“Mi formación fue clásica. Las escuelas de música cubana tienen una formación basada en la música clásica europea, por lo que aborda de una manera muy escueta y simple la música cubana.

“Cuando estudiante no comprendía la importancia que tenía, porque tampoco se me enseñó a valorarlo de alguna forma. La música de Ernesto Lecuona, de Leo Brouwer, de Harold Gramatges, de Armando Romeu y de una serie de grandes compositores se enseña ‘con grietas’: se dan pequeñas y aisladas porciones de lo que hicieron, y de una manera que ni siquiera las relaciona. Lo que conocía entonces no lo aprendí con la secuencia cronológica, con sus concepciones o con la filosofía que estos creadores le imponían al trabajo.

“Estudiamos un poco sobre los ritmos, pero no los tocábamos. Podíamos diferenciar los ritmos de los tambores batá, los tambores yuca, los carabalí de los congos… todo lo relacionado con la cultura yoruba. Pero cuando fui a los EE.UU. y me pidieron hacer conferencias sobre esto, tuve que correr y ponerme a estudiar realmente.

“Es increíble que haya más interés, a veces, en la música tradicional cubana — tanto campesina como afrocubana— afuera de la Isla, y que aquí los estudiantes tengan en su cuartilla a Mozart, a todas las tendencias clásicas desde el barroco hasta el clasismo y no miren a lo que nos da identidad. Eso nos margina y ha sido algo que ha afectado muchísimo al panorama musical actual.

“Debemos profundizar más sobre la historia de nuestra música popular, es un tema que la enseñanza debe priorizar. Hay que organizar mejor los programas de estudio con eventos como concursos de danzón, danzonete, de música bailable en sí para que los estudiantes estén obligados de alguna manera a escribirla y todos sean capaces de tocarla.

“Los estudiantes que en la escuela podían tocar un tumbao no lo hacían porque allí se enseñara, sino porque lo habían aprendido en la calle. Sólo se enseña lo básico de lo cubano pero lo complejo como, por ejemplo, los montunos de Isaac Delgado todo el mundo los aprendía en la calle. La música tradicional cubana, que ha tenido una historia tan larga y que hemos tenido orquestas importantes, quedaba fuera de la escuela.

“Para la enseñanza debe transcribirse toda la música popular cubana desde que nació el danzón en el siglo XIX, para organizar las bandas con los instrumentos tradicionales y tocar pasando cronológicamente por todos los géneros hasta llegar a un arreglo como los de Isaac Delgado.

“El músico no aprende solamente en la calle, para la enseñanza artística debe hacerse un programa y organizarse la historia musical con sus fundamentos. Creo que, incluso, hay que motivar a los grandes artistas actuales y pagarles —si fuera necesario— para que impartan conferencias sobre su trabajo. En eso hay que hacer más hincapié para que no sea algo tan estándar como ‘dos conferencias de Chucho Valdés, o de cualquiera, al año’, sino que sea parte de un programa sustentado.

“Si invertimos en la formación musical podemos cambiar la historia de la música cubana y de su apreciación totalmente. Eso va a influir también en el público: tener músicos preparados que no solamente conocen la música clásica sino que pueden hacerte una conferencia sobre identidad, sobre la música campesina, o sobre lo que ellos quieran especializarse”.

¿Crees que la AHS trata de promocionar la creación auténtica cubana?

Obviamente. Estaba viendo un pedacito de una entrevista a Luis Morlote (actual presidente de la Asociación) donde también habían miembros de la AHS y se estaba hablando de la necesidad de crear espacios para que los artistas hagan sus demos, se organicen mejor y hagan un trabajo más profesional con las herramientas básicas para producir su propia música.

Hoy vemos que hay muchas ideas pero sin los medios es imposible un desarrollo musical. Hace falta viabilizar los medios para poder lograr una producción artística con más calidad y competencia.

¿Alguna expectativa acerca de este 2do. Congreso?

Estoy muy ansioso por hablar de la enseñanza artística, para mí es un elemento básico fundamental que debe ser cambiado. Debe inculcarse en los alumnos el interés por reconocer nuestras identidades, profundizar en ellas y modernizarlas.

Va a haber un panel acerca de esta temática, ¿vas a participar?

Voy a estar allí el 17 de octubre. Quiero enterarme de las opiniones y de las inquietudes de los demás artistas. Tengo mis inquietudes, mi visión, pero necesito nutrirme. Pienso que va a ser una gran oportunidad para compartir las ideas, estas opiniones, estas quejas, estas cuestiones que tienen que ser habladas.

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