Melaza

Rolando Pérez Betancourt • La Habana, Cuba

A principios de los años cincuenta, imposibilitado de ir solo al cine, mis primas me hicieron conocer la estética de la miseria en filmes mexicanos en blanco y negro que me llevaban a ver de noche y que, por lo mucho que me hacían sufrir, terminé por rechazar.

Las historias de esas películas se parecían bastante: precarias condiciones de vida familiar, hijos enfermos, techos apuntalados, padres sin trabajo que se convertían primero en ladrones y luego en presidiarios, y amantísimas madres que para llevar un bocado a la boca de sus pequeños (casi siempre volados ellos en fiebre) terminaban por prostituirse.

Es raro encontrarse una cinematografía que haya escapado de las tentaciones creativas que en su amplio espectro aporta la estética de la miseria: la italiana, la rusa, la norteamericana... y la cubana, por supuesto, casi todas ligadas a difíciles periodos económico-sociales.

Conocido es el documento redactado por el cineasta brasileño Glauber Rocha en torno a una "estética del hambre" en el cine de América L