Entrevista con Isaily Pérez:

Sueños de una editora, para que usted
los escriba

Isaily Pérez es una de esas piezas ya imprescindibles en el panorama literario actual, de urdimbre y oficio profundamente ontogénicos. Su imagen se precia, como su poética, de elaboraciones nada grandilocuentes, aunque algo de fruición metafísica detentamos de nuestro roce con su verso vivo y enjundioso. Nacida en el centro del país, que es nacer en el centro de la creación misma, ateniense de sabiduría, hacedora de sueños por entramarlos en las páginas de la editorial siempre sedienta de belleza literaria que dirigió, vulnera sus armas de la edición para exponerse a respuestas que, sin embargo, no traicionan su estirpe de filóloga, de buen pensante. Su hermosa manera de resumir es elocuente, conversacional. Y no podíamos menos que esperar que de la síntesis de sus letras brote, sin evitación, la poesía.

Imagen: La Jiribilla

Isa, editar y escribir son dos artes que pueden, si bien no balanceados, pugnar —sobre todo de no asumirse, además, respetuosamente—. Juez y parte de mucha de la literatura joven que se fabrica en Cuba, especialmente en el contexto del centro del país, ¿cómo has podido conjugar tus dos saberes esenciales sin que uno no contamine el otro, sin que se enfrenten en dura porfía?

Un creador auténtico siempre lleva adentro su propio juez; y el editor tiene, entre sus múltiples funciones, que ser juez. Es comprensible entonces que autor-editor compongan una unidad poco envidiable. Me sucede con frecuencia que lo que otros consideran publicable termina, sin miramientos, en la papelera. Una de las escasas ventajas que da el oficio es que llego con cierta rapidez al texto definitivo.

¿Leer o que te lean?, ¿editar o que te editen?,  ¿hablar o escribir?

Leo, por supuesto, mucho más de lo que me leen. Edito constantemente, y le doy el mismo tratamiento al autor inédito de un municipio que a “monstruos” como Sigfredo Ariel, Roberto González Echevarría, Reina María Rodríguez. Mis primeros lectores son algunos amigos que conocen mi poética. Ellos le adelantan casi todo el trabajo al editor oficial, el que figura en los créditos.

Escribir antes que hablar. Escribir permite encontrar, entre todas, la palabra perfecta.

¿Cómo defines al lector de tu obra?, ¿qué elementos no pueden faltarle?

Escribo para el lector que pueda leer los silencios y sepa leer entre líneas. ¿Cómo actuó la timidez de Isaily en una profesión que necesita continuamente de espacios de relación y promoción literaria?

Uno aprende a cohabitar con la timidez y, a la vez, se va entrenando contra ella. Hay días en que estoy en mejor forma que otros. Días en los que ni siquiera yo me doy cuenta.

¿Fue la Asociación Hermanos Saíz (AHS) óbice en el proceso creativo de la poeta o permitió canalizar una energía que solo era posible expresar como parte de un movimiento, de un gremio de jóvenes escritores?

La Asociación es útil a otro nivel, más bien como espacio de socialización, de promoción; o sea, que es tremendamente útil. Para escribir nadie la necesita, ni a ella, ni a la UNEAC, ni al Centro del Libro, ni a los premios. Me fascina el cuento de Borges que trata del hombre que, parado frente al pelotón de fusilamiento, le pide a Dios el tiempo suficiente para terminar una obra. Las balas detienen su curso, se detiene el tiempo, y durante un año el hombre escribe en su mente, memorizando línea a línea hasta el punto final. Entonces, todo vuelve a andar y encara, cumplido, la bala que lo mata. Esta es la bellísima prueba de que no necesitas siquiera lápiz o papel. En la escritura solo existen tú y el tiempo.

Consustancial con los sacrificios de comandar la AHS en Villa Clara, estuvo la imposibilidad de concursar a través del sistema de becas y premios que esta instituye, ¿cómo esta realidad afecta la vida literaria de la autora?¿Te hubiese gustado atesorar algunos de estos premios en tu hoja de vida?

No veo a los escritores muy afectados por la cláusula que mencionas, pues a lo largo del país diversas instituciones y organizaciones convocan certámenes literarios. Creo, incluso, que los jóvenes son los más favorecidos, ya que los protegen los premios y becas que tienen topada la edad: el Calendario, por ejemplo —lo obtuve antes de pensar siquiera en trabajar en la Asociación—. De otro modo, la ética me hubiera impedido concursar. Considero los premios criaturas muy engañosas; útiles como forma de acceder a la publicación o a ese dinerillo que suele ser tan esquivo al escritor. Mi generación ha publicado sin dificultad y yo prefiero vivir del multioficio.

¿Concuerdas con la tesis de que para escribir es innegociable la paz, la calma y recogimiento que ofrece no estar enfrascada en otras actividades que puedan desvirtuar la creación fundamental, o eres partidaria del multioficio?

El multioficio es un imperativo que algunos sobrellevan mejor. El recogimiento al que te refieres es un rasgo romántico, un lujo que muy pocos se pueden permitir. Muchos escritores que respeto ansían ese espacio casi claustral. En mi caso, el recogimiento acompaña la creación y la lectura, pero no me interesa que la vida se me vaya leyendo. Hay espacio para muchas otras cosas.

Hablando de responsabilidades, asumiste con mucha eficiencia —subrayo— la dirección de la Editorial Sed de Belleza de la AHS en Villa Clara. ¿Qué reclamo merece hacerle a esta institución de la cultura desde una profunda autocrítica?, ¿cómo lograste detentar un poder tal sin privilegiar, ni vulnerar talentos en formación?

Te agradezco inmensamente el elogio. No me dio tiempo a trabajar todo lo que hubiera querido en la factura de los libros, muy importante en estos tiempos. Adelanté algunas líneas de trabajo, y noto con alegría que la imagen que va logrando Sed de Belleza ya es sumamente competitiva. Sin embargo, la promoción es una asignatura en la que merecemos un 3. Una editorial tiene que saber promoverse porque de su gestión depende su catálogo. No mandas tu libro a una editorial que no conoces o no respetas.

Escribir, editar, dirigir: un poderoso tridente para una mujer sencilla pero segura; ¿qué luces y qué sombras, pesos y contrapesos derivan de estas tres actividades, sobre todo de esta última al frente de una Organización, no de esquemas, sino de constante creatividad y cambio?

Mientras estuve al frente de la Asociación, también dirigí editoriales; primero, Sed de Belleza; luego Capiro, uno de los sellos más antiguos y productivos del país. Tenía claro que si quería seguir editando (mi verdadero oficio) debía simultanear y hacerlo bien. Creo haber estado decorosa. Clasifiquemos esto dentro de las luces y hablemos de las sombras, que los antihéroes suelen ser más atractivos. Tuve que cuidarme del agotamiento, pues muchas veces me puso cerca de aceptar no lo mejor, sino lo menos trabajoso. Impedir que las metas suplantaran a las personas. Dormir a pesar de los problemas. Saber que mis aciertos se darían por sentado y los errores se amplificarían con frecuencia. Vigilar la soberbia. Evitar que me encasillaran en el personaje de la presidenta, la jefa, el cuadro. Tener muy claro que eso no me definía, que solo era esa durante algunas horas de un día mucho más largo.

¿Cómo maniobrar el presupuesto finito que se le otorga mensualmente a la AHS en todo el país sin propender a la injusticia, a recargar más a una manifestación que a otra, a un artista por encima de otro creador?

Los problemas económicos de la Asociación se expresan en dos niveles: en las jornadas de programación (eventos) y en la vida cotidiana. Puedes hacer una jornada de programación que dure cuatro días y agrupe 20 bandas de rock de todo el país con solo 20 mil pesos. El truco es que todos ayuden: desde las instituciones culturales hasta el gobierno de la localidad. Veinte ediciones del festival de rock Ciudad Metal lo demuestran, y la fórmula es traslaticia a todas las provincias y todas las manifestaciones. La Organización es más útil a sus artistas en Holguín, Matanzas, Camagüey, Villa Clara, lugares donde los decisores comprendieron hace tiempo que la Asociación tiende un valioso hilo de relación y diálogo con los jóvenes, y saben aprovecharla, no solo para enriquecer la programación cultural, también para pensar las políticas.

La vida cotidiana es más tortuosa y desgastante, y solo puedes encararla jerarquizando artistas, proyectos y espacios. No hay que acomplejarse: en el mundo entero jerarquizar es una práctica común. Hay un artista plástico con obra para una galería modesta y otro que “arrasa” en la Saatchi Gallery. Un escritor que vende 50 000 ejemplares y otro que cubre su público con 5000. Tampoco hay que tapar el sol con un dedo: el arte necesita de mecenazgos y subvenciones. No hemos sido eficientes en eso de los mecenazgos, y las subvenciones han venido a menos en estos duros años.

¿Qué ejemplos de tu trayectoria como miembro de la Dirección Nacional de la AHS puedes irradiar a otros territorios y esferas del país?

Personalmente, no he hecho nada que alguien no hiciera antes o no se pueda hacer mejor. Las palmas se las lleva la provincia en que vivo, donde hay un diálogo cotidiano, no el que suscita un balance o un congreso. Es normal que vaya a la oficina del director de Cultura, un hombre maravilloso, Serguei Pérez, sin cita previa, sin formalidad de ningún tipo. “Me hace falta verte”. “Pues echa pa´cá”.

¿Qué decisiones disfrutaste más tomar durante tu gestión de gobierno y cuáles otras, por el angosto tiempo de mandato, no viste resueltas?

En Santa Clara fue muy bueno estrenar una Casa del Joven Creador. El inmueble que ocupamos durante dos décadas tenía muy pocas condiciones. Trabajamos inmensamente. Recuerdo haber ido a un chequeo de obra un domingo 14 de febrero a las 7: 00 am., por solo ponerte un ejemplo. Para echar a andar la sala de navegación acarreamos, pusimos macetas, limpiamos, hasta las 3:00 am. del día inaugural. No hemos visto mejorar la velocidad de conexión, los artistas escénicos no pueden llevar sus obras más allá de la provincia, excelentes músicos no han logrado grabar un disco. La lista de carencias sería interminable pero tenemos experiencia en lograr imposibles.

¿Cómo sueñas la AHS del futuro?

La Asociación Hermanos Saíz siempre me asombrará. Ya lo hacía desde principios de los 90. Yo era una adolescente y me maravillaba que tanta gente rara tuviera cabida en un espacio oficial sin levantar “sospechas”. Me encantaba pasar por la galería de arte Pórtico, donde lo mismo vendían libros de uso que colgaban espectaculares exposiciones. En pleno Periodo Especial, cuando todo estaba apagado, se proyectaban películas y la recaudación pagaba los libros de Sed de Belleza. Sed de Belleza, que más bien parecía un humilde taller de corte y costura, pues los cuadernos se manufacturaban allí, ya había merecido el primer Premio de la Crítica que obtuvo una editorial “de provincia”. Alguna que otra vez se celebraban en la azotea fabulosos shows de travestis, y aunque fueras homosexual o no fueras militante, podías integrar el ejecutivo. La Casa del Joven Creador fue el espacio más vivo de Santa Clara, el más interesante, donde siempre pasaba todo, y el precio de la entrada era simbólico, lo mismo para la Camerata Romeu, que para Gema Corredera y Pavel, Amaury Gutiérrez, el trío Enserie. Todas las semanas Díaz-Canel pasaba por allí, lo mismo para disfrutar de una descarga que para deshacer entuertos. Sacaba a los roqueros de la cárcel durante los cuatro días de Ciudad Metal y los hospedaba en el hotel del Partido. La Asociación del futuro tendrá que parecerse a esa del pasado, inevitablemente.

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