Premios Maestro de Juventudes

Siempre hay algo por hacer

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

La pintora y grabadora Lesbia Vent Dumois, quien además preside la Asociación de Artistas Plásticos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, acaba de recibir el Premio Maestro de Juventudes, reconocimiento que otorga la Asociación de Hermanos Saíz (AHS).

Imagen: La Jiribilla

Para Lesbia “sin demeritar los reconocimientos anteriores” éste tiene un significado muy particular porque “como se afirma —con todo justeza— la juventud es la esperanza y por ahí pasamos todos”, afirmó en diálogo exclusivo con La jiribilla.

“Para ser absolutamente honesta, cuando escuchaba hablar de este premio nunca imaginé que se me fuera a otorgar; más bien a la inversa, pensaba en maestros que tuve a lo largo de mi vida y lo importante que fueron para marcar mi vocación e intereses. Por eso agradezco a la Asociación Hermanos Saíz, que me es muy cercana, el que hayan pensado en mí para ésta valiosa distinción.

¿Qué tendríamos que aprender de la juventud y que no tendríamos que aprender de ella?

Siempre de la juventud se aprende. La condición de un buen maestro es el tener conciencia de que cuando se para delante de un grupo va, esencialmente, a transmitir ideas, valores, conceptos. No obstante, el maestro también va a recibir algo de las personas a las que les está enseñando. Yo, que provengo de la enseñanza, afirmaría que de los jóvenes siempre vas a aprender de su fortaleza, su valentía para determinados planteamientos o sus conceptos o su manera de enfocar un problema: eso siempre te va a enseñar. ¿Qué es lo que no te puede enseñar?; creo que no son jóvenes los prepotentes, los vanidosos, los que se creen que lo saben todo porque aún a mi edad estoy convencida que me falta mucho por aprender. De los jóvenes que se expresan de esa manera, no hay nada que aprender, pero tampoco de los adultos que ostenten esas cualidades. La juventud es un caudal de la que siempre hay algo que absorber.

De su rol de pedagoga ¿cuál es la ganancia mayor?, ¿qué le ha aportado a su vida y a su obra?

Como decía, enseñando se aprende porque el maestro se tiene que estar preparando constantemente y ese conocimiento no es solo para trasmitirlo sino que, igualmente, sirve para tu propia formación.

En el caso de la enseñanza de las artes plásticas, uno se tiene que relacionar con otros creadores que son iguales o, incluso, mejores que tú. El contacto con esas personas, con esa otra obra generada desde otros puntos de vista, va nutriendo tu propia obra. Es un toma y daca: la enseñanza es eso, asimilar de otro y ofrecer lo de uno. Ese es mi concepto de la pedagogía.

En las artes plásticas hay de práctica —vale la ética, la moral y el conocimiento profesional—, pero hay mucho de comportamiento ético y eso tú se lo trasladas a la juventud y ella te lo devuelve en la manera en que ellos actúan contigo y en la forma en que se relacionan contigo.

Igualmente, es maestro quien es capaz de mantener el vínculo y en ese aspecto me vanaglorio. Tengo muchaspersonas que continúan visitándome y que se consideran mis amigos porque he sido su maestra o porque, sencillamente, un día vinieron a preguntarme algo y no se lo oculté. Esa es, también, otra condición del magisterio: nunca pierdes enseñando.

De lo que dice se desprende que la ética es algo que se aprende, que se enseña.

Más que todo se trata de trasladar las ideas. El pensamiento ético es un valor que se arrastra desde la familia y desde tu formación personal. En la medida en que uno se comunica con las personas y que tienes una manera de actuar, un comportamiento tú lo trasladas; y eso es unaconducta ante la vida y ante la sociedad.

De todos los maestros que ha tenido en su vida ¿cuál considera que más le aportó?, ¿a quién evocaría hoy?, ¿cuáles fueron los maestros que la marcaron?

Siempre recuerdo con mucho afecto y cariño a una maestra que tuve en la escuela primaria, en Santa Clara, que era muy exigente. Ella visitaba mi casa y en la escuela siempre le tenía gran respeto, pero cuando llegaba a mi hogar la trataba como familia. Ella tuvo una gran frustración en su vida porque quería estudiar arte y no pudo y, por lo tanto, nos incitaba —a mí y a mi hermana— a dibujar. Siento que esa maestra, que se llamaba Elisea, en cierta medida despertó y alentó mi vocación.

Recuerdo con muchísimo cariño al maestro —que aún está vivo y que es muy apreciado y querido en nuestro medio— Antonio Alejo que nos impartía Historia del Arte en la Escuela de Artes Plásticas de Santa Clara. Alejo me abrió las visiones del arte; cuando empezábamos a dar Egipto o Mesopotamia, él comenzaba al revés y nos acercaba al arte contemporáneo y de ahí nos iba llevando hacia atrás. Es una persona a la que recuerdo porque nos develó un mundo.

Y, lógicamente, la persona que recuerdo todos los días es a Carmelo González porque, además de haber sido mí maestro, me puso en contacto con una profesión,  con la práctica de diversos géneros artísticos y fue mi compañero de toda la vida. Carmelo jamás me guardó un secreto profesional, con él trabajé de conjunto y que siempre lo tuve a la mano. Sin embargo, nunca me forzó a que hiciera nada en cuanto a arte y lo que él hacía y lo que yo hacía era completamente diferente. Todo lo que es la gramática del arte, o sea, el conocimiento técnico se lo debe a Carmelo y le agradezco, además, la relación con el trabajo de taller. El trabajo artístico no es tan personal sino que se tiene que compartir y un buen ejemplo es el grabado. Hay creadores que aseguran que la pintura es muy solitaria y no estoy de acuerdo con eso ¡y mucho menos en estos momentos! en que uno se está confrontando todo el tiempo. Todo ese saber se lo debo a Carmelo.

Volviendo al grabado, especialidad por la que comenzó y en la que desarrolló una sólida obra ¿no es molesto crear con personas alrededor opinando y hasta en cierta medida, influyendo?

Imagen: La Jiribilla

Puede que existan personas a las que les moleste. Por ejemplo, Antonio Saura —pintor y cineasta español considerado  uno de los grandes artistas del siglo XX— venía mucho a Cuba y trabajaba en la Casa de las Américas en la parte de atrás de mi oficina, que era mi taller. A Saura nunca le gustó que lo viéramos trabajar. Él cerraba la puerta y yo le ponía la cafetera con el café y tocaba y le decía: “Antonio, le dejé el café” y ¡ni siquiera entraba porque sabía que no le gustaba! Yo soy al revés y no sé si por formación porque comencé haciendo grabado en una escuela y junto a esos mismos compañeros,  ingresamos en la Asociación de Grabadores. Sinceramente no me gusta trabajar en solitario y tanto es así que cuando estoy sola pongo la radio, me gusta escuchar músicao enciendo la grabadora o prendo el televisor para tenerlo de fondo, de compañía. Tampoco me molesta que me miren trabajar. Hubo una época en que trabajaba pintaba muy cerca de una ventana y había un vecinito se todos los días se acercaba y comenzaba a conversar y a preguntar y yo le contestaba… había quienes me decían ¡cómo puedes! Y yo contestaba: a mí no me afecta en nada, él no mueve mi mano. Como todo el mundo, necesito un grado de concentración para trabajar, pero pienso que en arte preparas primero mentalmente la obra y, luego, la ejecutas.

Entonces ese mito del artista en su cúpula de cristal, en su Torre de Babel no funciona para usted…

No solo para mí, creo que para muchos ya no funciona porque el que se considera que está en una Torre de Babel tiene que saber que hay algo que se llama Mercado y las Torres de Babel dependen, también, de esa relación, de esa movilidad, de la circulación de la obra, de la promoción de y quien este encaramado solo allá arriba no podrá resolver esos problemas. Se aniquilará como artista.

Al estar al frente de la Asociación de Artistas de la Plástica de la UNEAC está muy cerca de lo que acontece en el mundo de la creación ¿cómo valora el grabado actual?

En grabado hace uno tiempo tuvo un ligero descenso a causa del Mercado que en muchas ocasiones beneficia, pero que también marca en déficit en ciertos momentos. Y pensar en una obra que se multiplica, en una obra que se realiza sobre papel, influyó en que muchas personas abandonaran el grabado como género. La ausencia en los talleres o el rigor en esos talleres han hecho que se abandone. Nosotros tendremos este año la oportunidad de comprobar cuál es el estado de salud del grabado cubano cuando en noviembre próximo se efectué el Encuentro Nacional de Grabado, que patrocina nuestra Asociación de conjunto con el Consejo Nacional de las Artes Plásticas. Lo que me parece más interesante no es lo que se va a enviar al concurso —que puede ser muy valioso— sino que se ha tratado de que participen talleres que no son de Ciudad de La Habana.

Esa será una oportunidad única para poder decir en qué situación está en el país y quiero citar, por ejemplo, al Taller de Cienfuegosque siendo uno de los más jóvenes —porque tenemos el Experimental de Grafica de La Catedral o el de Santiago de Cuba— está trabajando con mucho rigor y sistematicidad. Hay provincias que no tienen ni siquiera un espacio para el grabado y me parece que el hecho de que podamos valorar como expresión el grabado también nos va a decir dónde tenemos que fortalecerlo. El grabado tiene la gran ventaja de que se puede adquirir por la población debido a su naturaleza multiplicable y es un error que no se cultive a lo largo de toda la Isla.

Tocó un tema vital: el grabado no es una reproducción sino un original múltiple…

El Mercado ha hecho que no se respete la multiplicidad de la obra porque muchas personas no toman en cuenta que es una obra enumeraday el término multiplicación lo han convertido en reproducción. Nosotros hacemos ¡valiosas reproducciones! Por ejemplo, el Fondo Cubano de Bienes Culturales pone a disposición del público reproducciones de obras que están en el Museo Nacional de Bellas Artes, y reproduce esa obra por sistemas que son puramente comerciales —que pueden ser hermosos. El grabado es una obra de arte hecha a mano, manufacturada y dos o tres técnicas implícitas y por lo tanto no pierde el valor de una obra original.

Hace unos años preside la Asociación de Artistas de la Plástica de la UNEAC y ha tenido —y tiene— mucho que ver con la Galería Villa Manuela, también de la UNEAC ¿ese trabajo hasta cierto punto burocrático, no le ha restado?

No he abandonado la creación, pero este trabajo, efectivamente, te quita mucho tiempo. Primero, no trato de burocratizar la obra aunque sé que este trabajo tiene mucho de administrativo, pero está en función de la promoción de la propia creación.

En relación con la galería —no sé si obedece a mi condición personal— es un trabajo que ha estado siempre muy cercano a mí. La primera vez que entré a trabajar en una galería fue en el año 1965 para Casa de las Américas y, aquí, en la UNEAC comencé por Villa Manuela; con esto quiero decir que es un trabajo de entrenamiento profesional. El trabajo de galería si no le ves desde ese punto de vista, no se pude realizar. Primero porque es una labor que te mide a ti misma debido a que tienes que hacer una selección, tener un criterio, poseer la relación personal con el creador y, sobre todo, para cuando le dices no.

Generalmente, cuando se tiene miedo a decir no es cuando comienzan las contradicciones no solamente desde el punto de vista artístico sino de la relación interpersonal y, segundo, porque con ese trabajo se corren siempre riesgos —el riesgo de promover lo que debes o lo que no debes—  y tienes también que contar con la respuesta del público —si de verdad le interesa o no la propuesta—. Ese es uno de los aspectos que se ha cuidado en Villa Manuela; aunque ya no la dirijo tengo el vínculo desde la Asociación con la galería.

Nosotros apoyamos y, al final, decidimos la programación de la Galería, pero es un trabajo que se hace de conjunto con las especialistas de la galería y el ejecutivo de la Asociación. No hay una sola visión para decidir quién expone o no en la galería y todo parte de una institución en la que es muy complejo seleccionar porque es donde están la mayoría de los artistasmás reconocidos del país, el tope más alto. Hay creadores que dicen “todavía no estoy listo para Villa Manuela” y eso me parece saludable, que la gente tenga ese sitio como una meta, como  un propósito. Ahí es cuando este trabajo se convierte en interesante y pierde el cariz burocrático porque es una labor en la que no te sientas a estructurar un plan por tu gusto. Por el contrario, es un proceso de debate continuo durante todo el año.

Usted dirigió el departamento de Artes Plásticas de la Casa de las Américas en un momento en que el arte del continente estaba en plena efervescencia ¿cómo evoca ese paso por Casa?, ¿qué le dejó?

¡Imagínate! cuarenta años de trabajo. Recuerdo, sobre todo, el sentido de arte total, es decir, arte sin divisiones ni de géneros ni de creadores ni de tendencias sino que me tocó moverme en sectores tan diferentes como expresiones del arte popular —porque teníamos que trabajar en una galería que se dedicaba solamente a expresiones populares como la Mariano Rodríguez, o el trabajo de la galería Latinoamericana en la que, mes tras mes, exponíamos lo más valioso del Continente. No había límites y hablo, sobre todo, del período de 1960 a 1980que es cuando el país podía darse el lujo de decir “invito y traigo”, es decir, que no es que tú me propongas sino que soy yo quien quiero que estés y todo es estaba avalado por un trabajo de investigación.

Lo que más recuerdo de esa etapa son los procesos de trabajo que es algo en lo que insisto mucho con la gente joven. No puedes ser directora de una galería sino investigas, sino tienes referentes para saber qué seleccionas y con quién te comparas. El trabajo en Casa de las Américas me dio esa posibilidad. Luego creamos la galería Haydeé Santamaría que era para trabajar una colección en la que tenías que decidir qué se quedaba y qué es lo más valioso de ella —eso que llaman valor I, valor II o valor III ¡y esos conceptos había que tenerlos bien claros! En la Casa de las Américas aprendí lo que era un sistema de trabajo.

¿Qué le falta por hacer que no hecho en relación con el arte?

¡Mucho! Por hacer siempre te va a faltar. Me encantaría, en algún momento, hacer cerámica —algo que jamás he hecho. El arte siempre te va descubriendo cosas y uno tiene que ir aprovechando las posibilidades que la propia creación te brinda. Siempre hay algo por hacer.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato