Premios Maestro de Juventudes

“Esta isla está hecha a la medida de sus habitantes”

Sheyla Valladares • La Habana, Cuba

Este 18 de octubre la Asociación Hermanos Saíz llegó a la edad de 27 años en medio de la celebración de su II Congreso, cita a la que concurren centenares de escritores y artistas con el propósito de debatir de manera general sobre el vigor de los espacios ganados por el arte joven en el acontecer del país y su papel en el robustecimiento de la identidad nacional.

La evocación de la fecha fundacional de la organización, cuyas fuentes nutricias fueron  la Brigada Raúl Gómez García, la Brigada Hermanos Saíz —surgida en la UNEAC— y el movimiento de la Nueva Trova también fue propicia para entregar a un grupo de personalidades de la cultura cubana el Premio Maestro de Juventudes. Entre los homenajeados estuvo la poeta y ensayista Nancy Morejón, miembro de la Brigada Hermanos Saíz en 1962 y quien ayudara a redactar sus primeros estatutos.

Hace apenas unas horas la  Asociación Hermanos Saíz (AHS), la ha distinguido con el Premio Maestro de Juventudes por la trascendencia de su creación poética y ensayística, así como por su labor en la promoción de la literatura y la cultura del Caribe; ¿con cuál sentimiento recibe la acogida dispensada por los más jóvenes creadores de la isla, quienes identifican su obra como parte insoslayable de la nación?

A mí me ha conmovido mucho. El trabajo de la Asociación es muy tierno, como todo lo que le llega a uno. Son muy cariñosos, están siempre con una actitud tan inclusiva, con una comprensión de nuestra época que es muy importante. No es lo mismo ser joven en el año 62 cuando yo redacté, tuve ese privilegio, los primeros estatutos, -que después fueron cambiados o modificados-, de la Brigada Hermanos Saíz, que ahora. Estamos en coyunturas distintas, estamos en un siglo diferente, en una época verdaderamente que nos enseña muchas cosas todos los días, como el peligro que entraña la violencia, por ejemplo, la falta de aprecio al prójimo, que empieza entre los individuos y termina en la familia, en la vida doméstica y en las guerras de agresión que son el alimento de la filosofía del despojo que siempre Fidel combatió.

Esa frase a mí siempre me llamó mucho la atención. Yo era una muchachita cuando Fidel estuvo en Naciones Unidas y la pronunció, no me lo explicaba, no lo entendía, aunque comprendía perfectamente lo que pasaba alrededor mío. Yo te quito y quitándote, despojándote de lo que es tuyo y de lo que trabajas estoy cometiendo un montón de delitos y estoy violando los más elementales principios de convivencia. Por ahí se empieza, por ese tipo de violencia terrible. Comienza la devaluación de determinadas culturas, la desigualdad entre las comunidades y la familia, entre los estados, entre las naciones. Es un concepto que ha atravesado el siglo y que está vigente.  Entonces la Asociación sin un programa rígido, sin una teoría a priori, en el trabajo cotidiano, en las cosas de todos los días, muestra un respeto muy grande por los jóvenes y por los viejos. Eso es verdaderamente una cosa única, y para mí que tuve la suerte de haberla visto nacer en los jóvenes de mi generación y ver estos, es verdaderamente muy conmovedor. Yo me he sentido temblorosa.              

Usted eligió una posición de puente para asumir la literatura, para que esta sirviera de reconocimiento y cercanía entre las comunidades y culturas caribeñas en el constante viaje físico y espiritual de sus hombres y mujeres. Durante el II Congreso de la AHS sus participantes han reflexionado sobre su propio quehacer y buscan que éste también sirva para unir y visibilizar los diversos rostros de la nación, ¿cómo se reconcilia el discurso propio con las urgencias del tiempo en que se vive?

Trabajando, es lo primero, y considerando la lectura y el estudio como un complemento insustituible de esos dos polos. Solo creando, haciendo, en condiciones favorables y en condiciones desfavorables nos fogueamos, nuestro carácter se hace vigoroso, porque sencillamente todo lo subordinamos al bien público. Es el trabajo de todos los días, en donde no se desprecie nada. Es estar disponibles, estar dispuestos, estar preparados para enfrentar la vida en cualquiera de sus facetas. Yo creo que eso es fundamental.  

Una de las preocupaciones fundamentales de los escritores más jóvenes cubanos es la crisis global del gusto por la literatura y la creciente banalización en la expresión y difusión literarias, ¿con cuáles armas cuentan los autores para enfrentarse a esta situación? 

Con la entereza, con la terquedad de estar convencidos de que leyendo uno se transforma y transforma su entorno. Ningún joven puede admitir que le digan que leer no es un trabajo. Mediante la lectura llegamos a conocimientos muy profundos, a conocimientos elementales que requiere nuestra época.

Mi generación se dio a la tarea de alfabetizar y no sabíamos en aquel año 61 que nosotros mismos íbamos a condicionar, a crear nuevos lectores, a propiciar que se extendiera más el hecho literario. Por lo tanto yo pienso que es fundamental también saber que tiene que haber el cultivo de una técnica, su conocimiento. No podemos improvisar, no debemos hacerlo, ni en arte ni en literatura. Y tenemos que erradicar el facilismo y también salir del fatalismo de que las imágenes son tan importantes en nuestra época, de que las imágenes son más importantes que la letra escrita, porque qué hubo antes, ¿cuáles eran las imágenes de la literatura medieval?

Cuando nació la televisión mucha gente pensó que la radio iba a desaparecer. Hoy por hoy la radio cubana tiene mucha más historia, más calidad y más presencia. Creo que se parece más a cómo quisiéramos que fuera un medio de comunicación que la televisión. Entonces es muy delicado estar estimulando esa supuesta desigualdad. Los libros no van a desaparecer, aunque se conviertan al lenguaje digital. El libro es un objeto de cambio, es un objeto de cultura, de educación.              

La escritora Alice Walker dijo sobre usted: “Qué refrescante y casi insólito el hecho de leer los poemas de una mujer negra que está en paz con su país”, ¿cómo ha sido llegar a esa paz?, ¿cuáles aguas turbulentas o quietas  la abrevaron?

Todos estos años han sido de una paz ecuménica. Una paz que no ha dejado de tener todos los ojos posibles, no ha dejado de tener tropiezos, una paz humana, no una paz paradisíaca porque esta isla no es un paraíso y no es un infierno, está hecha a la medida de sus habitantes.   

¿Cómo  es asumir la cubanía en cubano, actitud con la que el poeta Pablo Armando Fernández define su escritura?

Creo que uno es cubano porque quiere serlo. Es muy improbable que un cubano se plantee no serlo, eso está por encima de muchas predisposiciones, aunque no debemos caer en estereotipos. La cubanidad es cada vez más amplia. La cultura cubana es una sola y se encuentra donde quiera. Lo importante es el espíritu que defienda su propia esencia, que la enriquezca. La comunicación cotidiana con otras culturas la hace más fuerte y la hace al mismo tiempo más característica, más especial, ni por encima, ni por debajo de ninguna otra.    

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