Despertar la pasión por la lectura es un problema no resuelto todavía

Ana María Bavosi • La Habana, Cuba

Mis sinceros reconocimientos a los organizadores de este congreso. Es un verdadero honor dirigirnos las palabras de apertura de este nuevo y titánico esfuerzo: “Lectura 2013. Para leer el XXl”. A la amiga, compañera, hermana por elección, Emilia Gallego, gracias por ser. A todos los presentes, compañeros de ruta, incansables y resistentes navegantes en mares de lectores y lecturas, gracias también. Creo en los imponderables que nos depara la vida y el encontrarme en Cuba es una más que me ha brindado el destino.

Imagen: La Jiribilla

Allá por marzo de 1948, en la escuela número 172 de mi barrio comencé la etapa escolar. El nombre de la escuela: José Martí. Primer poema aprendido: “Cultivo una rosa blanca”. Cuba formo parte de mi infancia y hoy tengo el privilegio de estar aquí.

A modo de apertura, necesito leerles un fragmento de Alejo Carpentier, tomado del final de su libro El reino de este mundo.

“Ti Noel comprendió…En aquel momento, vuelto a la condición humana, el anciano tuvo un supremo instante de lucidez. Vivió, en el espacio de un pálpito, los momentos capitales de su vida; volvió a ver a los héroes que le habían revelado la fuerza y la abundancia de sus lejanos antepasados del África haciéndole creer en las posibles germinaciones del porvenir. Se sintió viejo de siglos incontables. Un cansancio cósmico, de planeta cargado de piedras, caía sobre sus hombros descarnado por tantos golpes, sudores y rebeldías. Ti Noel había gastado su herencia y, a pesar de haber llegado a la última miseria, dejaba la misma herencia recibida. Era un cuerpo de carne transcurrida. Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerá y esperaran y trabajaran para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre esta precisamente en querer mejorar lo que es. Es imponerse tareas. En el reino de los cielos no hay grandeza que conquistar, puesto de que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, del hombre solo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo”.

Amar la lectura, leer, desear que los otros, nuestros iguales también compartan aquellos que queremos no es tarea fácil. Podríamos considerar una de las tareas en el reino de este mundo.

Cuando hemos pasado gran parte de la vida en esta empecinada lucha por lograr un espacio de felicidad entre lectores y lecturas, resulta muy difícil aceptar que falta muchísimo por hacer, que quedan asignaturas pendientes, que no hemos logrado alcanzar más que alguna metas.

En esos momentos nos sentidos “viejo de siglos incontables”, “cuerpo de carne transcurrida”.

Pero aquí estamos, frente a un nuevo Congreso que ha significado incalculables esfuerzos de muchas personas. Todas ellas con la esperanza de brindarnos lo mejor. Calidad y excelencia.

Este Congreso, como los realizados anteriormente, aborda asuntos complejos como la lectura, la escritura, la comunidad, la familia, los mediadores, los libros y sus políticas editoriales, en fin múltiples propuestas que nos llegaran de diferentes voces y diferentes lugares.

La invalorable diversidad de opiniones y visiones, en este caso con un propósito común: lo mejor para nuestros niños.

Este propósito es realmente “LA” tarea, un compromiso de enormes responsabilidad y, me atrevo a decir, un deber posible de postergar, en los que llevamos ya del siglo XXl.

Los niños de este mundo nos necesitan. Necesitan adultos conscientes, capacitados, comprometidos, honestos y, por sobre todas las cosas, que amen verdaderamente a los niños.

Los cachorros del hombre están en peligro. Hace bastante tiempo que son mirados por los ojos codiciosos de los dueños del poder, solo como potenciales consumidores. Los niños y los jóvenes son el banco al que apuntan los expertos en marketing. Por lo tanto urge tomar decisiones y poner en marcha acciones coherentes sustentables, creíbles.

El lema de este Congreso es: “Se han de conocer las fuerzas del mundo para ponerlas a trabajar”. Menudo lema, creo que es tiempo de remangarse, hincarle el diente a las fuerzas del mundo y ponerse a trabajar.

Fácil decirlo, fácil escribirlo, fácil leerlo… nada fácil hacerlo. Pero ¡ánimo compañeros¡ Si fuera fácil, ¿Qué gracia tendría?

Mientras escribía estas líneas, pensaba en los años que hacen que conozco a Emilia Gallego y a otras muchas amigas unidas por la loca pasión de brindarles a niños y jóvenes los mejores libros, buena literatura, buenas bibliotecas, capacitación a adolescentes, a padres, en fin, a todos.

Las diferentes secciones de IBBY nos unieron. Aprendimos a conocernos, a compartir experiencias, a sentirnos hermanadas, también a discutir acaloradamente diferentes propuestas. Sabemos que en un verdadero proceso de aprendizaje, nada es color rosa. En todo este tiempo, a veces viéndonos seguidos y otras casi sin comunicación, luchando siempre contra un sin números de dificultades, pudimos comprender el profundo significado de ser latinoamericano.

Al fin creo que podemos definirnos como resistentes ciudadanas de una parte del mundo que se niega a aceptar que la lectura no ocupe un lugar de privilegio.

No estamos solos, no podemos aceptar la soledad. Debemos trabajar unidos.

Es que acaso, ¿podemos pensar un mundo sin lectores? Definitivamente no.

Para finalizar, tomare las palabras de un gran maestro y científico uruguayo, Clemente Estable:

“Cuando un niño posee la clave de la lectura, enfebrecido ensaya leerlo todo. Alfabetizar sin esta fiebre es muy poco. Mantenerla es una gran misión educadora. Ya hemos afirmado que no se enseño a leer sino se despertó la pasión por la lectura. Que perdure esta pasión es ahora el gran problema. Hemos sometido en otra ocasión —y la seguridad se nos impone como absoluta— que si los educadores llegan a crear nada más que la perdurable pasión por la lectura en todos los hombres, por eso solo se haría la revolución más grande y superior que jamás haya habido en este planeta”.

Estas palabras escritas hace ya muchos años siguen teniendo total vigencia. Despertar la pasión por la lectura es un problema no resuelto todavía. Es una tarea más para el reino de este mundo.

Los que a lo largo de la vida nos hemos convencido de que uno de los caminos posibles es mantener y acrecentar la pasión por la lectura no podemos dar marcha atrás. Aquí estamos, aquí seguimos y seguiremos hasta que las fuerzas nos lo permitan.


Palabras de inauguración del Congreso Internacional de Lectura 2013. 21 de octubre de 2013

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