Entre festivales: Montevideo y La Habana

Omar Valiño • La Habana, Cuba

A los montevideanos les encanta destacar que su ciudad está hecha a escala humana. Así es. Se puede recorrer a pie, con tranquilidad, y apreciar la moderación de los espacios urbanos y sus edificaciones. Ese tono placentero, de encuentro cercano, marca también el Festival Internacional de Artes Escénicas (FIDAE), cuya tercera edición ocurrió entre el 3 y el 17 de octubre. Su extensión temporal permite evitar ese ritmo frenético que caracteriza a las citas de su tipo. Apenas dos o tres funciones por noche y, a veces, solo una en Montevideo porque el resto se hace en el interior del país, aunque por supuesto van rotando por la capital.

Sin embargo, el FIDAE quiere abarcar las cuatro esquinas del mundo y por ello convocó a agrupaciones de Argentina, España, Canadá, Dinamarca, China, Bélgica, Israel y Colombia, más colectivos nacionales de danza, teatro y títeres. Sumó actividades pedagógicas y compartió sus últimos días con el Coloquio Internacional “Lenguajes escénicos en el nuevo milenio”, organizado por Roger Mirza.

Como solo pude estar unos días, me resulta imposible intentar una valoración totalizadora de las muestras y el resto de los segmentos. Destaco, de lo que vi, las conclusiones del tercer “Taller de temas tabú para la infancia y la adolescencia”, a cargo de Carlos Urquiza y la importante autora canadiense Suzanne Lebeau, con la destacada participación de su colega argentina María Inés Falconi. Otros detenimientos merecen, en su momento, La vida crónica,  el más reciente espectáculo colectivo de Eugenio Barba y el OdinTeatret, y Tebas Land, con texto y dirección de Sergio Blanco, que se presentó al margen del evento.

Curiosamente, el actor y director Iván Solarich, al frente del FIDAE, cierra las puertas de su encuentro y entra por las del Festival de Teatro de La Habana que se han abierto, desde este jueves 24, para ofrecernos su montaje de El vuelo. Aquí chocará con temperaturas aún veraniegas, a pesar de octubre, y con una programación hasta excesiva, en la que será difícil orientarse y acertar, el primer reto de cada espectador ante la teatral “mesa sueca” de estos días.

Como preámbulo, esta semana no ha sido menos. El lunes 21 la Unión de Escritores y Artistas de Cuba rindió homenaje al entrañable actor Pancho García, nombrándolo Artista de Mérito de la organización, a la misma hora que un ensamble argentino nos enseñaba Islas de la memoria en Casa de las Américas, un montaje a propósito de la Guerra de las Malvinas.

El martes 22, Teatro de Títeres El Arca convocó a su Primer Arqueo, una reflexión abierta sobre sus tres años de andanzas como sala, museo y grupo en la Avenida del Puerto, en plena Habana Vieja.

El miércoles 23, y durante 24 y 25, en manifiesto saludo al Festival de Teatro de La Habana, el Centro Teórico-Cultural Criterios acogió al teatrólogo alemán Benjamin Wihstutz con un ciclo de conferencias denominado "El otro espacio y el espacio de los otros: La política de las fronteras sociales en el teatro y la danza de hoy", propiciado con la colaboración del Instituto Goethe y la Embajada de la República Federal Alemana en Cuba, donde analizó las poéticas de directores y grupos imprescindibles en el mapa escénico del presente: Christoph Schlingensief, Rimini Protokoll, Volker Lösch, Romeo Castellucci, Ligna, Rodrigo García.

Benjamin Wihstutz dejará inaugurado el segmento teórico del XV Festival de Teatro de La Habana (FTH), el sábado 26, en la Sala Villena de la UNEAC, con la conferencia “Límites y umbrales de la experiencia estética: Sobre el teatro como heterotopía”, a continuación de la cual se pondrá en circulación la revista tablas 1/13, que aborda, entre otros asuntos y figuras, la creación del maestro Vicente Revuelta.

El propio miércoles 23, la Fundación Ludwig de Cuba y la Casa Editorial Tablas-Alarcos organizaron un Inventario para acercar Máquina Hamlet, de Heiner Müller, al espectador cubano, ya que el FTH traerá en su tramo final la presentación de ese texto en versión del Deutsches Theater; funciones que ahora revisten particular significación al fallecer en Alemania el director de la puesta, el búlgaro Dimiter Gotscheff.

Intervino en el panel Orestes Sandoval, traductor, antólogo y profundo conocedor de la obra del alemán, quien preparó hace años Textos para el teatro, de Müller, editado por Alarcos, título dos veces impreso y agotado. También el dramaturgo Rogelio Orizondo, autor de Ayer dejé de matarme gracias a ti Heiner Müller, igualmente editado por Alarcos y Premio de la Crítica 2011, y el narrador y dramaturgo Reinaldo Montero, quien además fungió como moderador. En el encuentro se proyectó un documental sobre Müller y la Compañía del Cuartel, bajo la dirección de Sahily Moreda, leyó Máquina Hamlet.

El jueves 24 abrió el Festival de Teatro de La Habana. ¡Oh, casualidad!, con Anna Karénina por el Estudio Teatral Vajtángov, de Rusia, la misma gran novela de León Tolstói que es intertexto fructífero de Ana en el trópico, la pieza del dramaturgo cubanoamericano Nilo Cruz estrenada en la noche del pasado lunes 21, en el Trianón, la sede habitual de Teatro El Público. Bajo la rectoría de Carlos Díaz, coproduce su grupo con FUNDarte, el Archivo Digital de Teatro Cubano, el Departamento de Lenguas y Literaturas Modernas y el Departamento de Artes Teatrales, de la Universidad de Miami, todas instituciones de la Florida, EE.UU., en un paso más, pero significativamente importante, en el intercambio cultural entre ambas partes.

En fin, el mar… (esta vez no por medio), sino una semana de locura teatral en la capital cubana, presagio de otra donde La Habana es puerto de buques escénicos de Alemania, Chile, Argentina, Brasil, Polonia, Colombia, China, Dinamarca, Ecuador, España, Finlandia, Francia, Italia, México, Rusia, Suiza, Uruguay y Venezuela, más expediciones comandadas por teatristas cubanos residentes en España y EE.UU. ¡Buen apetito!

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