Ferguson y Gómez, señales de la TV

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Roberto Ferguson y Antonio Gómez, profesionalmente, son  hombres de la televisión. Pero a la vez, y sobre todo, son hombres de la cultura. Dicho sea esto porque no siempre, ya lo sabemos, cultura y televisión se articulan y coinciden. Unas veces cuando el medio jerarquiza el entretenimiento y la captación de audiencias a toda costa y reproduce, en nuestro caso, códigos que de la televisión comercial o se deja entrampar por la mediocridad y el populismo; otras, para ser justos, cuando la concepción de un discurso presuntamente culto se enajena del alcance masivo del medio y linda con el aburrimiento.

Imagen: La Jiribilla

En una memorable entrevista que concedió hace algunos años Alfredo Guevara a un espacio televisivo, el recordado crítico Rufo Caballero preguntó qué le faltaba a la TV Cubana y aquel respondió lapidariamente: “Arte”. Respuesta sin lugar a dudas apocalíptica, pero que hubiera sido útil para promover un debate que todavía está por desarrollarse en terreno fértil y ajeno a los frecuentes atrincheramientos y argumentos retóricos de las partes involucradas.

Por el camino de hacer arte desde y a partir de la pantalla doméstica, sin estridencia pero con sólidos pasos, han desplegado sus carreras el director Roberto Ferguson y el camarógrafo Antonio Gómez (más conocido por el “Loco” o el “Loquillo”). Tales méritos le han valido ser reconocidos con el Premio Nacional de la TV 2013.

Ferguson llegó a los estudios en los tempranos 70, cuando se daba el salto del kinescopio a los primitivos video tapes y se hacía mucha programación en vivo. Eso fue determinante en el oficio, en la habilidad para seleccionar las imágenes proporcionadas simultáneamente por las cámaras y armar un espectáculo televisual inmediato y eficaz.

Sin embargo no es el oficio lo que define su obra, sino su largo servicio a favor de la promoción de hitos fundamentales de la vida cultural cubana de las últimas décadas. Lo más visible pasa por la transmisión semanal de Bravo, uno de los pocos espacios donde la música de concierto y los espectáculos danzario-musicales en su espectro más amplio encuentran cabida. Para nada ha importado los cambios de horario, los desplazamientos hacia segmentos poco favorecidos de la programación: Bravo está ahí, de la mano de Ferguson y su guionista conductor, el maestro Roberto Chorens.

Pocos se dan cuenta, sin embargo, que Ferguson también es responsable de numerosas transmisiones en control remoto de los Festivales Internacionales de Ballet de La Habana, de los más representativos conciertos sinfónicos, de las más significativas galas artísticas conmemorativas y de unas cuantas emisiones de Universidad para todos, sobre todo de aquellas en que todos aprendimos a apreciar la música y la danza. Me consta que en más de una ocasión ha sido el propio interés del director el que ha compulsado el registro de esa memoria cultural.

El “Loco” es un ejemplo de cómo se puede trascender una posición eminentemente técnica (el camarógrafo) hacia un ejercicio artístico en favor de la cultura. La admirable fotografía de la serie que documentó el histórico viaje en canoa Del Amazona al Caribe, emprendido por el adelantado Antonio Núñez Jiménez, se debió a la sensibilidad del “Loquillo”.

Lo recuerdo en 1990 cuando Silvio Rodríguez viajó a  Chile, poco después de la salida de Pinochet, para cantar en el Estadio Nacional. El cineasta Rapi Diego y Gómez con la fotografía dejaron un impresionante testimonio de aquel acontecimiento y su entorno: la visita a Isla Negra, el encuentro con prisioneros políticos en la cárcel de Santiago, el intercambio con la familia Parra.

En los encuadres del “Loco” para reportajes políticos y culturales de los servicios informativos siempre se advierte la impronta de un creador.

La proclamación de Ferguson  y Gómez como Premios Nacionales de TV envían una señal alentadora para quienes pensamos que la pantalla doméstica es un medio cultural por excelencia.

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