Marina Colasanti

Al calor de mi letra

Alejandro Ruiz Chang • La Habana, Cuba

Cuando vi a aquella señora, supe que era Marina Colasanti, al instante. Aún sin conversar con ella, noté en su rostro una sabiduría ancestral y una pasión sublime por la literatura. Y es que Marina inspira amor, cariño, un respeto cultivado a través de tantos años y de toda su obra extensísima y multifacética.   

Marina Colasanti nació en 1937 en Asmara, Etiopía. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial se mudó a Italia y, en 1948, llegó a Brasil, donde estudió grabado en metal en la Escuela de Bellas Artes. La pluralidad es tangible en su vida y obra. Pintora y grabadora de formación, Colasanti es también ilustradora. Fue publicista y cuenta con una extensa carrera como periodista, la mayor parte de ella en una revista del Brasil. La también poeta ha publicado y escrito cuentos, crónicas, crítica literaria, libros infantiles, de conducta y cuentos de hadas, recibiendo numerosos premios, además, como narradora de historias, y por si fuera poco ha traducido más de 15 libros.

Imagen: La Jiribilla

Sus textos ensayísticos constituyen obligada referencia y su Congreso Internacional de Lectura 2013, Literatura, Literatura cubana, Instituto Cubano del Libro (ICL), Cátedra Latinoamericana y Caribeña de Lectura y Escritura, Comité Cubano del IBBY, Lectura, Infanciaobra es objeto de estudio en programas universitarios, en su país y en el extranjero. Ha sido galardonada con altas distinciones, entre las que destacan el Gran Premio de la Crítica de Brasil al mejor libro del año, el Norma-Fundalectura y, en repetidas ocasiones, ha recibido el premio Jabutí. Entre sus muchísimos títulos publicados están Eu sozinha (1965), Nada na manga (1973), Zoilógico (1975), A morada do ser (1978), Contos de amor rasgados (1986) y Passageira em trânsito (2010).

Este 2013, llega nuevamente a La Habana para el Congreso Internacional de Lecturas: Para Leer el XXI. Las intervenciones de Marina son lujo para los oyentes. Quienes hemos tenido la oportunidad de disfrutarlas, tanto en su conferencia “Múltiples lecturas, múltiples saberes”, como en las “Conversaciones a pie de página”, nos cargamos de palabras en extremo atinadas, convincentes, repletas de sentido por profundas y actualizadas.

La oralidad de la Colasanti es cautivadora, pareciera estar escuchando a ratos a la abuela que en nuestra niñez nos seducía con aquellos añorados cuentos de hadas; pero la intelectual brasileña los trae hasta nuestra contemporaneidad, los decodifica y nos los devuelve con un sentido otro. Sobre su mundo, su país, su literatura, sus experiencias, su vida, Cuba… sobre Marina conversamos con Marina.

¿Cómo logra cohesionar tantos saberes en una sola persona? Periodista, cronista, artista plástica, poeta, ilustradora…

Para hacer una metáfora que lo deje más claro, es como si yo fuera una orquesta de cámara: son cinco o cuatro instrumentos para lograr una misma música, así que si hago poesía, o si escribo cuentos de hadas, o si hago cuentos de adultos o ensayos, estoy en búsqueda de lo mismo. Mi pegunta es dónde empieza eso, dónde está el origen de eso. Me interesan los orígenes.

¿Qué poder le concede a la lectura y a la literatura en tanto contribuyen a formar al hombre como ser humano y ser social?

Hace más de 30 años, estamos hablando de eso y ya se ha vuelto un tema recurrente y común. Lo que sí te puedo decir es que la persona que soy yo es fruto en igual medida de las enseñanzas que recibí y de las lecturas que hice. No tengo ninguna experiencia no lectora en mi vida. No pasa un día en que no esté leyendo algo, para mí la idea de una tortura era dejarme sin nada para leer. De lo que leo olvido muchísimo, casi todo; pero es la brújula con la que me oriento en la vida. Fue mi formación, la sabiduría de los otros, la sensibilidad de los autores que he leído. En tiempos en los que la televisión no era tan plural como ahora, yo viajé por el mundo a través de los libros. Hoy día todo está en las imágenes, pero para mí las imágenes estaban escritas. Además, estoy casada con uno de los más grandes escritores brasileños, no dicho solo por mí, el poeta Affonso Romano de Sant'Anna, tengo una hija traductora y otra dramaturga. Así que estoy rodeada todo el tiempo de textos, de literatura.

¿Por qué llegó al Periodismo y qué experiencia ha tenido?

Periodismo no fue lo que yo estudié. No era lo que yo pretendía hacer, pero desde joven tengo un temperamento muy independiente y de pronto quise ser independiente. En esa época, yo hacía grabados, luego de graduarme de la universidad, y sabía perfectamente que con eso no iba a ganarme la vida tan pronto. Entonces, busqué un trabajo y unos amigos mayores que eran periodistas trabajaban en un periódico, en aquel momento el más importante de Río de Janeiro, y se dieron cuenta de que mis textos eran buenos y me llevaron con ellos. Allí trabajé durante 11 años y lo aprendí todo. En broma, yo digo que hice la universidad, la maestría, el doctorado, todo allí, porque hice un montón de cosas y lo aprendí todo en ese periódico, y todavía escribo para él.

¿Cuáles podría definir como los ejes centrales en su carrera como periodista y escritora?

En el caso del periodismo siempre trabajé temas culturales. Parece muy pretencioso decir que estoy en búsqueda de una aproximación con el alma humana. Hice muchos años sicoanálisis, trabajé alrededor de 20 años en una revista femenina grandísima de Brasil como editora, y el tema que trataba me llevó a muchas lecturas y, cada vez más, me fue acercando a esa mirada sobre los sentimientos del otro; me encanta la gente, en esa época, sobre todo las mujeres se acercaban a contarme su vida; me encantan las experiencias del otro, esas ventanas que la gente abre de su vida más interior, más intima. Eso es el eje y una mirada crítica e irónica sobre el mundo. Como periodista, como profesional, necesito esa mirada que lo contamina todo.

¿Por qué surge su interés por el alma de las personas en su creación?

No sé por qué. Desde niña, fui alguien que miraba a los otros. Lo sé porque mi papá me decía que era tan curiosa, y en las fotos siempre aparecía con unos ojos grandes mirando. Observaba más de lo que hablaba. Me encanta mirar, afuera y adentro. Por qué, no lo sé.

¿Cree que exista hoy, en el mundo, un ambiente más favorable para la lectura y la literatura?

Tuvimos dos modificaciones importantes con el cambio de siglo. Una es que entramos en la era electrónica, digital, y ya tenemos otro soporte. Ya hoy todos firmamos contratos para publicar nuestros libros digitales. Mi último libro salió, a la vez, en papel y digital. Ese es un cambio, pero es un cambio de soporte.

La otra parte, es que lo que sucedió fue un cambio social porque antes la lectura era para una elite, y hoy día es importante que sea para todos, que se democratice, pero la lectura en verdad no es para todos, todos no nacen lectores. Habrá algunos que sí lo serán, es como mismo no todos nacen jugadores de fútbol. En Brasil, le preguntas a cualquier niño qué quiere ser de grande y dice que futbolista, pero no todos nacen para serlo. Igual, no todos nacen lectores. Hoy día sí queremos que todos nazcan lectores porque la lectura trae conocimiento y ciudadanía.

Ese fue el cambio más grande porque es el que nos lleva a decir: estamos mal con la lectura porque no todos leen. Antes, no decíamos eso porque quienes queríamos que leyeran leían porque se veía bien leer, era parte de la formación. En ese cambio es donde tenemos de alguna manera la sensación de que quebramos la cara, que no lo hemos logrado todavía.

¿Podría comentarnos un poco acerca del escenario literario brasileño en la actualidad?

Brasil fue invitado a la Feria de Frankfurt por segunda vez —la primera vez fue hace 20 años, y yo fui en esa ocasión y ahora—. En Frankfurt, dimos visibilidad a un Brasil no solo folclórico, que no es tan solo fútbol, mulatas y samba, sino un país moderno, un país de punta, y un país de gran diversidad y múltiples voces. Tuvimos una presencia  muy grande, y esa fue una de las intenciones, ver escritores y voces que salen de la periferia, de las fabelas, de la minoría, ver la presencia indígena. Los discursos de inauguración y cierre estuvieron a cargo de dos escritores de posición muy clara que postulan la necesidad de cambios sociales, de otro Brasil con menos diferencias, con más igualdad, más justicia social, un país más democrático, y la propia intervención fue muy democrática porque se habló en contra del gobierno de Brasil, y permitir, desear que eso suceda es muy democrático.

Tenemos muchos jóvenes escritores, ya se desplaza el dominio hacia los estados, tenemos muchas mujeres que antes eran muy pocas. Estamos bien en poesía, pero ningún genio. Ficción, algo bien; pero ningún genio. Sí mucho mercado editorial, muchas publicaciones —demasiadas—, mucho best-seller, mucha autoayuda y también, buena literatura.

No es primera vez que está en Cuba, ¿cuál es su visión de nuestro país?

Vine, por primera vez, en la década del 80 y era otra Cuba. Luego, como jurado de Casa de las América, recuerdo mucho a Retamar que es una figura increíble, y fue un encuentro muy emocionante porque era una Cuba sonriente con la Revolución. Fue muy sorprendente para nosotros porque al contrario del resto del mundo que yo frecuentaba, acá todo venía de países aislados para mí —tomabas un jugo yugoslavo, comías un bizcocho chechenio y era muy entusiasmante—. Después, viene por primera vez a un Congreso Internacional de Lectura y ya era otra Cuba. Luego, no pude venir por cuestiones meteorológicas nuevamente a este encuentro, pero mandé mi ponencia, y ahora estoy otra vez acá.

Cada vez que vengo encuentro no otro país, pero sí otra situación, otro espíritu y logro tener otra mirada, porque en un momento tuve un mirada del presente muy intensa, después una mirada ya crítica y ahora tengo una mirada hacia el futuro. Podrían ser miradas muy precarias porque son de una presencia rápida, pero la sensación que me queda es de tres momentos históricos distintos.

¿Qué importancia le merece el Congreso Internacional de Lectura?

Me parece muy importante sobre todo para el público, para nosotros son muy provechosos, pero ya nos conocemos, por lo general, encontramos muchos amigos, hablamos de cuestiones que están en el aire y que para nosotros ya son más conocidas, pero me parece que para el público —y a veces son públicos muy grandes—, eso es importante porque hay talleres, charlas, experiencias y abres ventanas y ventanas, y ventas. Eso es muy importante hoy día.

Comentaba Ud. en una de sus intervenciones, parafraseando a Ortega y Gasset, que todo lector es él y su circunstancia. ¿Cómo cree que influya la circunstancia en el lector, a la hora de asumir la lectura de un libro o, en el caso del escritor, a la hora de crear?

Es importante en el momento de elegir y leer un libro. Si estás involucrado por ejemplo en el yo, en el yo mismo, lees a Dr. Jekyll y Mr. Hyde de una manera distinta que si estás leyendo otra cosa. Cuando uno compra un libro o lo elige en la estantería de una biblioteca, ya lo elige con una correspondencia, con un diálogo y eso cambia según las circunstancias de la vida de cada cual. Si estás enamorado, vas a leer el amor de Stendhal y si estás haciendo una tesis, vas con otro objetivo. Es un impulso que se lleva desde el momento que buscas el libro y cuando lo lees seleccionas lo que en ese momento te habla de manera más personal, dialoga con tu interior. Por eso, cuando lees un libro por segunda vez es distinto porque estás en otra situación, en otro momento y, a veces, lo lees y te preguntas por qué antes me gustó tanto este libro y ahora no me interesa para nada, ¿qué pasó? ¿es que era muy joven y no entendía de literatura? No, es porque eres otro momento de tu mismo yo y eso cambia.

¿Qué ha querido lograr con su literatura y qué ha obtenido?

He obtenido más amor de lo que imaginaba. Cuando era joven, nosotros no buscábamos la fama, buscábamos el éxito en lo que íbamos a hacer; eso sí lo queríamos, pero no pensábamos en la fama como piensan hoy los jóvenes. Así que la fama no era un objetivo, el éxito sí. Y este, que para mí no es necesariamente numérico, me llega hoy por el amor de mis lectores. Mis lectores tienen conmigo una relación que me conmueve, no pretendo que sean muchos, pero los que sí son me llegan de brazos abiertos. Hoy, la emoción la encuentro en muchos adultos por todas partes que me dicen: “fui su lector de niño en la escuela”, y no me odian, eso es importante porque podrían odiarme, y tampoco me olvidaron.

Yo entré en la vida de esos humanos como Stevenson entró en la mía, como entró Salgari, Andersen y es un premio sin igual, es estupendo y siempre me pregunto: ¿cómo es que pasó eso? ¿es que lo merezco? ¿es más de lo que esperé? Es una dicha inconmensurable.

Solo me siento segura cuando logro aproximarme al alma del otro, y creo que hoy he logrado esa seguridad. Siempre salgo en busca de la emoción, me interesa la vida y escribir la vida. Quiero ser alguien que siembre calor, quiero que al leer la gente se sienta abrigada en mi calor, en el calor de mi literatura.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato