Conversaciones a pie de página

Dilemas y retos del libro en la América nuestra

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Debates, críticas, cuestionamientos, reflexiones, análisis, sinergias, intercambios de experiencias y prácticas en torno al universo del libro y la lectura se entrecruzan en Conversas ao Pé da Página, iniciativa gestada tres años atrás en Sao Paulo, Brasil.

Hoy, llega a Cuba con disyuntivas respecto a la formación de lectores en América Latina e inquietudes alrededor de las obras clasificadas por rangos etarios. Se ha convertido en un proyecto articulador, que extiende su red hacia Latinoamérica y el mundo; pero nació fortuitamente, en un diálogo cotidiano entre dos amigas, acompañado solamente por un café…

Al respecto, rememora la investigadora Dolores Prades: “Este espacio surge como una acción entre la sicoanalista Patricia Perera y yo, que soy editora. Comenzamos a pensar algunos anhelos en torno a la lectura, porque ambas tenemos una gran trayectoria en el trabajo con la formación de mediadores y lectores. Nos pusimos de acuerdo para crear un espacio de diálogo volcado a la promoción de la lectura, el libro y la formación de lectores, que tuviera como foco central el libro infantil y juvenil.

“Una institución de cultura muy importante en Brasil nos solicitó un proyecto sobre lectura y presentamos esta idea de Conversas ao Pé da Página, que se realizó por vez primera en 2011 y fue muy bien; en 2012, lo repetimos y resultó un éxito. El año 2013, ha sido fenomenal porque ya se ha transmutado en un gran evento que se propone ofrecer herramientas para formar lectores a través de la reflexión crítica sobre lo que se está produciendo en los ámbitos teórico y práctico referido a la lectura y su comercio”.

En el contexto del Congreso Internacional Lectura 2013: Para Leer el XXI, se inserta, por vez primera, Conversaciones a Pié de Página, con un espíritu multidisciplinar, mediante las voces de importantes figuras latinoamericanas que, valiéndose de la confrontación inteligente, contribuyen a la acumulación de conocimientos y la formación continua en torno al libro y sus diversos ámbitos.

Políticas del libro en América Latina y el Caribe, la formación de lectores

¿Qué contradicciones enfrentan nuestros países en las políticas de lectura? ¿Cómo articular una adecuada educación para formar lectores “inteligentes” y críticos? Estas y otras decisivas cuestiones conversan, a pié de página, la editora mexicana Eliana Pasarán, el profesor e investigador brasileño Fabiano dos Santos y Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro (ICL), en un panel moderado por la profesora Dolores Prades.

Desde su experiencia profesional, Pasarán expone la labor del editor en tanto mediador para la selección de autores que coadyuven con su obra a la creación de lectores analíticos y apasionados, aunque reconoce que “desafortunadamente, en el mercado editorial priman las líneas de negocios por encima de las exigencias literarias, y predominan libros que no fomentan la curiosidad y capacidad crítica del niño”.

Dos Santos, por su parte, convida a la reflexión sobre las contradicciones entre el acceso a los libros y la formación de lectores: ¿Cuáles son los resultados, hasta el momento, de los planes de lectura en la región para el desarrollo social y humano? ¿En qué medida han impactado en los proyectos educativos y culturales? Si bien en los últimos años los gobiernos han adquirido propuestas literarias para sustentar escuelas y bibliotecas, el tema de la formación aún carece de firmeza; y aunque existe un mayor acceso a la educación, su calidad no es la mejor. Se trata, entonces, de concebir estrategias para equilibrar estas dimensiones.

En el caso de Cuba, la promoción y desarrollo de la lectura se ha sustentado sobre la base de la alfabetización, la educación, bibliotecas y librerías públicas, talleres literarios, casas de cultura y una amplia red de instituciones dedicadas al impulso del libro. Sin embargo, reconoce Romay, “existen nuevos modelos del tiempo libre que jerarquizan la música y el consumo de productos culturales digitales (películas, series, juegos) de baja calidad, por encima de la lectura”.

Asimismo, en el acto de leer ha tomado prominencia la “lectura fácil”, que no desarrolla el pensamiento ni la espiritualidad. En este sentido, se ha comprobado que los libros más vendidos en las ferias anuales son los de cocina, aventuras, policiales y autoayuda, obras “sin grandes exigencias en el lenguaje y la comprensión”.

Existen puntos de coincidencia en la región con respecto a la crisis de la mediación y promoción de la lectura, la función de la biblioteca y los bibliotecarios, la formación de lectores en las escuelas, y la reducción de los niveles de lectura. Desafíos y problemas comunes, cuyas soluciones pueden implementarse desde las estrategias pensadas por los panelistas de esta conversa:

Fomentar las sinergias entre autores, editores, maestros, bibliotecas, librerías, escuelas y formadores de lectores, en general, para elevar de conjunto los niveles de lectura; lograr la articulación entre el acceso, la formación, la comunicación y la economía del libro; auscultar los intereses de lectura de manera particular para identificar los lectores potenciales; conquistar el tiempo de ocio de los jóvenes; trabajar con los medios en la promoción del libro y la lectura a través de los canales y horarios de mayor audiencia; aumentar la presencia de dramatizados basados en obras literarias y establecer, de esta forma, una mayor conexión con el resto de las manifestaciones artísticas.

Estos libros sin edad

Desde una visión intimista, poética y muy personal, la escritora argentina Ángela Pradelli, la narradora y ensayista brasileña Marina Colasanti, y las profesoras Yolanda Reyes y Nilma Gonçalves, de Colombia y Brasil respectivamente, exponen su relación con el libro, la literatura y el acto de leer; en un diálogo moderado por el también escritor Enrique Pérez Díaz, director de la Editorial Gente Nueva, de Cuba.

¿Qué es un libro sin edad exactamente? ¿Se trata del libro que puede leer cualquier persona y provocarle similar enriquecimiento espiritual? ¿Existe una edad propia para leer determinado libro? ¿Hay una literatura o muchas literaturas para cada edad? ¿Qué opinar de las editoras, bibliotecas y librerías que clasifican las obras según las edades a las que son destinadas? ¿Qué espacios existen para el movimiento de quien crea, en medio de las imposiciones de la escuela, del mercado, de los mass media y otras instituciones responsables por la divulgación e investigación de la literatura? ¿Cómo moverse en estas franjas sin perder la libertad y no ser víctima de las elecciones canónicas, sean las del mercado o de la crítica? Son estas algunas de las interrogantes que introduce el moderador en el epicentro del intercambio.

Marina Colasanti comparte su experiencia en una de las obras que revela haber dedicado solo a los jóvenes. Con ella, enseña al lector los trueques del escritor, el por qué de la concepción de la trama de una forma y no de otra, la intención de cada escena o descripción. Así, “le dejo elegir cosas al joven lector y lo traigo conmigo como enseñándole el lado interno de una costura. Mi abuela decía: ‘Marina, la buena costura se mira al revés’; por eso le muestro la estructura al revés”. En cuanto a la ubicación de los libros por edad, constituye una tragedia para el autor y el lector, pero es conveniente para el maestro, apunta la escritora brasileña.

Yolanda Reyes, por su parte, confiesa escribir formulando la pregunta infantil del “¿por qué?” en todos los registros, y así trata de mirar el mundo. Ello no quiere decir que la literatura se realice desde un lenguaje infantil, “a veces los editores pierden de vista que los libros para niños de siete años no tienen que ser sobre lo que hablan y viven los niños de esa edad, sino sobre un mundo que los lanza a otro lugar”.

La investigadora argentina Angela Pradelli se descubre a través de la poesía, que reconoce trasladar a sus propios ensayos de investigación. Desde su labor como profesora, da a conocer también la iniciativa de un seminario dedicado a los docentes como camino de inclusión a la literatura. Y para resolver el dilema de los libros sin edad, sigue un viejo consejo que Borges daba a sus alumnos en la Universidad cuando no entendían o no gustaban de un autor: “Si no le agrada Shakespeare, déjelo, porque Shakespeare no escribió para usted; algún día llegará a hacerlo”.

Nilma Gonçalves prefiere recordar sus primeros acercamientos al mundo de la literatura: “Una imagen muy fuerte en mi producción es una ventana de mi casa en la infancia. A las diez de la noche, cuando todos nos acostábamos, me daba miedo estar sola y a oscuras; me mantenía despierta, alerta; entonces, creé una narrativa con personajes que me acompañaban y caminaban a mi lado… Es a través de la literatura que creamos nuestras propias respuestas a los enigmas de la existencia. El autor hace la apropiación inicial del camino de la lectura, es el primero que determina el formato etario del libro. En cuanto a mí, escribo con mis angustias y preocupaciones, y así también leo a otros autores; por ahí voy como escritora e investigadora, creyendo en las apreciaciones”.

Su colega Marina Colasanti admite escribir siempre cuentos de hadas, aún cuando la obra sea para adultos: “Yo no escribo de forma realista, sino penetrando otra realidad. Solo me siento segura cuando logro aproximarme de esta forma al alma del otro: mis libros son eso, giran alrededor de ese encuentro íntimo, busco mi emoción para emitirla en el lector. Deseo ser alguien que siembra buenos sentimientos y calor; me interesa la vida y escribir la vida”.

Así se revelan, desde el sentimiento, las confesiones de estas cuatro mujeres que han dedicado su vida a la literatura.

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