Entrevista con Ángela Pradelli:

“Toda mi vida está puesta en los deseos de lectura”

Sheyla Valladares • La Habana, Cuba

Ángela Pradelli está de regreso en La Habana. Por estos días su nombre aparece en el programa de actividades del Congreso Internacional Lectura 2013: para leer el XXI, en el que se ha conversado sobre la  lectura como acto reflexivo y emocional en la medida que funciona como puente entre el ser humano y su relación con el mundo.

Imagen: La Jiribilla

La presencia de Ángela es prácticamente obligatoria en encuentros de este tipo. Casi toda su vida ha sido profesora y se ha preocupado porque la lectura ­—la posibilidad de conocernos mejor y de conocer al otro— esté en la vida de las personas. Está convencida de que la lectura salva, nos quita la arena de los ojos, nos da la posibilidad de hacer del mundo un lugar mejor en tanto aumenta nuestra lucidez.

Por eso siempre está recorriendo su país, Argentina —y cualquier punto geográfico donde se solicite su presencia—, coordinando talleres de escritura y de lectura, dos actos que para ella son uno, porque lo escrito es la lectura que el autor ha hecho de sí mismo y de su entorno, cuya huella queda convertida en la grafía; y el que lee va escribiendo/reconociendo su historia a partir de las pistas que encuentra y que logra dilucidar al conectarse con esa escritura y hallar en sí mismo la traducción.   

Entonces, en el marco del Congreso y como parte del V Taller Internacional de la Organización Internacional para el Libro Juvenil (Board on Books for Young People), IBBY por sus siglas en inglés, Ángela Pradelli vino a compartir el taller “Escritura creativa: de la emoción a las palabras”, dirigido a todas las personas con ganas de escribir y con el cometido de construir relatos porque según ella declaraba en la convocatoria:

“Estoy segura de que las narraciones son una forma de entender el mundo y ensayar explicaciones. Cuando se narra, sabemos, se está recreando un mundo que, por alguna razón, deslumbra, conmueve, intriga. El taller propone conectarnos con el lenguaje partiendo de esas emociones que nos provoca el mundo en su transcurrir de los días y las noches”.

Por eso ha regresado a La Habana. Ha vuelto para compartir lo aprendido con sus alumnos de secundaria, con los docentes con los que ha trabajado, con las historias de las personas que ha encontrado a lo largo de su vida y que casi siempre lleva a sus libros, para devolver ese conocimiento y ponerlo a recircular para que los otros también le hallen nuevas significaciones. En este intercambio de saberes ocupa un lugar importante los talleres que imparte. En ellos se instaura el derecho a la palabra y sus participantes, quizás todos lectores, quizás no, protagonizan su turno como narradores.

“Es un taller que coordino en distintos países. Empecé en la Argentina, lo coordiné acá en Cuba hace dos años, no en el marco del Congreso sino como una actividad de la Cátedra de Lectura y Escritura Latinoamericana y del Caribe. Lo hicimos para los maestros y para los bibliotecarios en La Habana.  Y para mí fue una experiencia importante. Ese taller lo incluí en el último libro que escribí El sentido de la lectura publicado por Paidós. Conté esa experiencia que para mí fue una experiencia muy fuerte. Entonces como todo había salido tan bien ese año me ofrecieron darlo nuevamente en el marco del taller y acepté encantada”.

Imagen: La Jiribilla

A través de la escritura de sus novelas Las cosas ocultas, Amigas mías, Turdera o El lugar del padre y de otros libros publicados “fuera de colección” por inclasificables —o quizás por indomables como El sentido de la lectura— Ángela ha comprendido que una cosa es vivir la experiencia y otra contarla, ponerla en palabras sin traicionarse y lograr sumar al lector en el viaje que se le propone.   

“En general toda la gente tiene una fuerte emoción que no sabe cómo ponerla en palabras y a veces esa intención se disuelve, la emoción no aparece bajo ninguna palabra. Trabajamos con historias autobiográficas que de alguna manera conmocionaron, perturbaron, emocionaron, y queremos trasmitirlas al otro, pero no la mera anécdota; lo que más nos importa es que el otro se emocione como me emocioné yo con la experiencia y en ese sentido organizamos el taller”.

En la escritura, tanto como en el relato oral, se hace imprescindible canalizar la emoción. De su buen uso depende el éxito con que traslademos al otro nuestras historias/explicaciones sobre el mundo. Para Ángela Pradelli este aspecto es fundamental e insiste en que los facilitadores de la lectura desde los autores, hasta los maestros, los bibliotecarios, los padres tienen que mantenerse siempre alertas.

“La emoción no es algo fácil de trasmitir. Algunos libros y algunos autores las trasmiten muy bien y otros no tanto. Incluso en el relato oral de las anécdotas, no siempre vamos por los caminos mejores trasmisores de las emociones. A veces hacemos lo contrario. En la exageración se pierde, en el énfasis se pierde”.

Vuelve sobre este particular una y otra vez con los participantes de sus talleres porque está convencida de que la vida de cada cual va a depender de las lecturas que haga. Y este acto, leer/escribir, le permite a las personas conectarse con sus semejantes, comprenderlos, aprender a “leerlos”, descifrar el mundo y como resultado de las lecturas eficaces que hagamos, convertirlo en un mejor lugar para todos.

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