Los que edificaron La Habana

Josefina Ortega • La Habana, Cuba
Fotos: Jorge Sariol

Recientemente, La Habana fue elegida como una las 28 ciudades finalistas para competir en la última etapa del certamen “Las nuevas siete ciudades maravillas”.

Imagen: La Jiribilla

Urbes iberoamericanas como La Paz (Bolivia); Mendoza (Argentina); Quito (Ecuador) y Ciudad de México, se suman a Barcelona (España) en la lista de la última etapa del concurso que organiza la fundación New 7 Wonder.

Según los organizadores del certamen “Las nuevas siete ciudades maravillas” como parámetros de calificación se tienen en cuenta —y se evalúan con todo rigor— los valores arquitectónicos, geográficos, culturales, elementos identificativos“únicos” y la diversidad.

Digan lo que digan algunos, La Habana también tiene —y bastante— de esos indicadores.

Y, tal vez, en la arquitectura la capital tenga la muestra mejor de ser la ciudad en su maravilla.

Uno de los ingenieros más recordados de cuantos han dejado obras de relevancia en Cuba esel habanero Francisco Albear y Fernández de Lara, autor del acueducto que hoy lleva su nombre y que una estatua y tarja inmortalizan en un céntrico lugar de La Habana Vieja.

Pero, en verdad, no solo Albear sobresalió en tales lides y desde la conquista y colonización del Nuevo Mundo, pasaron por La Habana notables maestros canteros, albañiles e ingenieros —entonces con perfil militar, por razones obvias— que levantaron obras en esta isla del Caribe que aún perduran en  el tiempo,a la vista de la humanidad,como mejor homenaje  a sus autores.

Entre los más antiguos están el maestro albañil y capitán del ejército Mateo Aceytuno, y Miguel de Espila, maestro de albañilería quienedificó la construcción de la primera parroquial mayor que tuvo La Habana.

Otro de los destacados constructores fue Bartolomé Sánchez, calificado de ingeniero y que vino a La Habana para construir el Castillo de la Real Fuerza, en sustitución de Gerónimo Bustamante Ferrer, de renombre en la corte,nombrado anteriormente pero imposibilitado de venir por enfermedad. Sánchez, a quien  el Rey llamaba “ingeniero” trajo consigo unos 14 oficiales y maestros de cantería, entre los cuales estaban Francisco Claros y Pedro de Ableztra, pero aun así no pudo llevar a cabo su cometido y fue relevado de dicho cargo en 1560.

Francisco Claros fue ayudante de otro Francisco,venido para sustituir a Sánchez. De apellido Calona, el recién llegado,no era propiamente ingeniero sino maestro de canterías, aunque venía recomendado por el maestro mayor de la catedral de Sevilla.

Calonacontinuó la obra del Castillo de la Real Fuerza desde su llegada  hasta terminarla en 1577. Construyó también la Zanja Real para traer agua del río de la Chorrera, hoy llamado Almendares, hasta la ciudad. Otros de sus trabajos fueron el proyecto para la torre de la iglesia Parroquial de La Habana y la Aduana. Pero al igual que Sánchez, a Calona muchos le llevaron la contraria, y le rectificaban los planos. Por cierto, lo acusaron de malversación y hasta de haber envenenado al gobernador Carreño, cargos de los que se libró felizmente.

Imagen: La Jiribilla

Otros nombres se sumaron a la lista de constructores ilustres, y entre ellosel de Juan de La Torre, maestro de obras, sucesor de Calona, a la muerte de este, como maestro Mayor de las fábricas de la ciudad y auxiliar de  Cristóbal de Roda, sobrino del tal vez más famoso de todos los constructores en la Historia de Cuba y que se llamó Bautista Antonelli, edificador de las fortalezas de los Tres Reyes del Morro y de San Salvador de la Punta.

Felipe de Fondesviela, Marqués de La Torre, promotor de una remodelación de la Plaza de Armas muy al estilo de muchas plazas europeas del siglo XVIII, se inscribe entre quienes intentaron dejar trazas de una gran ciudad.

Con los años, vinieron a Cuba otros destacados ingenieros, arquitectos y constructores en general, de distintas nacionalidades, y que contribuyeron a la formación de los maestros de obras cubanos.

Según se cuenta,Carrillo de  Albornoz  —de origen mexicano— medió en la proyección y construcción de casi todoslos paseos y alamedas que hizo Tacón. Por la época, hubo otros como el Coronel de Ingenieros Manuel Pastor, o Pedro Tomé y Verecruisse, arquitecto nombrado por Real Orden que había ganado mediante oposiciones la plaza de Arquitecto del Ayuntamiento. Se destacaron  también Manuel José Carrerá, procedente de Santo Domingo, arquitecto de la familia Aldama quien no solo construiría el famoso Palacio sino también otras obras en los ingenios de la familia y en las obras realizadas por Tacón.

El arquitecto italiano Daniel D'Allaglio, por ejemplo, tuvo a su cargo el Teatro Sauto en Matanzas;el historiador José María Bens y Arrarteaseguraba que “en 1845 la Sociedad Económica de Amigos del País fundó una Escuela de Arquitectura, que incluía la  enseñanza de dibujo y composición arquitectónica, impartida por cinco graduados de la Universidad de San Fernando de Madrid. Aunque solo eran dos cursos, a los alumnos destacados se les otorgaban becas para continuar los estudios en Madrid. Calixto de Loira, nacido en España,  y  Eugenio Rayneri, de origen italiano, ambos residentes en Cuba desde niños, estudiaron en esta escuela y fueron becados para terminar sus estudios en Madrid, por losayuntamientos de Trinidad y Pinar del Río, respectivamente”.

Según Jacobo de la Pezuela, en 1856, se fundó la Escuela de Aparejadores, Maestros de Obras y Agrimensores,que luego se incorporó como cátedra especial a la general preparatoria. Para empezar la carrera de aparejador y agrimensor se requería haber estudiado elementos de aritmética y álgebra hasta las ecuaciones de segundo grado inclusive, teoría y aplicación de los logaritmos, elementos de geometría y trigonometría rectilínea y conocimientos de dibujo lineal hasta copiar todos losórdenes de arquitectura.

Para recibir el título, al decir de Pezuela, había que estudiar entonces topografía para levantamiento de planos, construcción de perfiles y trazado de las curvas de nivel, elementos de geometría descriptiva y sus aplicaciones a las sombras y a los cortes de piedras, maderas y metales, nociones de mecánica aplicada a la construcción, conocimiento de los materiales, su manipulación y empleo en las obras, construcciones de géneros aplicada a la cantería, carpintería y obras de hierro. Para adquirir el de Maestro de Obras, se precisaba además saber composición de edificios rurales y demás clases de obras que, según las disposiciones del gobierno, están autorizados los maestros a construir, yparte legal correspondiente a esta profesión.

Una especificidad llamaba la atención… “Aunque los exámenes de esta carrera pueden hacerse inmediatamente de terminados estos estudios, no se obtienen sin embargo los respectivos títulos hasta que los alumnos tengan veinte años cumplidos”.

En el año 1863, el gobierno publicó un Decreto que modificaba la enseñanza profesional, estableciendo la necesidad de tener 17 años de edad, haber terminado la Segunda Enseñanza General y pagar 34 pesos anuales. También se estableció que los alumnos, al terminar los estudios, debían pasar a dos años de práctica, para lo que se matriculaban con un maestro de obras o arquitecto, quien certificaba al final de los dos años los trabajos realizados y su aplicación como practicante.

Según el Licenciado Juan de las Cuevas Toraya, en su documentado libro 500 Años de Construcciones en Cuba, en el año 1890, solo había 11 arquitectos en La Habana: Antonio Ariza, Pedro Córdoba, Antonio González Herrera, Carlos  Jerez Huerta, Antonio Espinal, Celestino del Pandal, Eugenio RayneriSorrentino,   Alfredo Sanz,  Enrique Sánchez, Manuel Solano y Pedro Tomé.

El autor refiere que en el año 1871, la escuela cambia el nombre por el de Escuela Profesional de Maestros de Obras, Agrimensores y Aparejadores, la que se mantuvo trabajando hasta 1899. Esta escuela mantuvo un curso de cinco años, divididos en dos niveles, un primer periodo de dos años, al que pudiera llamarse preparatorio y donde se impartían asignaturas básicas como matemáticas, geometría y trigonometría y el segundo de tres años, en que se trataba de materias propiamente de construcciones.

Muchos de los Maestros de Obras graduados de esta escuela se hicieron arquitectos con el inicio de la República.

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