El más genial creador del método se honra en La Habana

Amelia Duarte de la Rosa • La Habana, Cuba

A Konstantin Stanislavski, una de las figuras emblemáticas de la escena mundial contemporánea, está dedicada esta edición del Festival de Teatro de La Habana (FTH). La cita conmemora no solo los 75 años de la desaparición física del director ruso —que revolucionó la enseñanza del teatro con la creación de su propio método de actuación—, sino la extraordinaria vigencia de su obra en la formación del actor y de los estudiosos de las tablas.

Stanislavski —seudónimo de Konstantin Sergueievich Alexeiev— nació en Moscú en 1863. Desde muy joven integró compañías teatrales de aficionados de las que fue animador, director y actor principal. En 1898 inauguró, en colaboración con Vladimir Nemirovich-Danchenko, el Teatro de Arte de Moscú, compañía que puso en escena las grandes obras de Chéjov y tenía como objetivos la renovación en sentido realista de las técnicas interpretativas y la restitución a la labor teatral de su carácter de austera disciplina artística.

Su singular talento como director convirtió este teatro en uno de los más importantes de la época. Pronto comenzó a desarrollar su sistema de interpretación, en el que pretendía que el mundo emotivo de los personajes fuera proyectado al espectador de forma verídica y alejado de toda artificialidad, en un efecto de “realismo sicológico”.

Los precedentes teatrales del siglo XIX, en donde la declamación y los gestos histriónicos eran prácticamente los únicos recursos expresivos utilizados, cambiaron cuando Stanislavski planteó su riguroso realismo sicológico.

La necesidad de que el actor fuese tan convincente como una persona real, la búsqueda de las motivaciones en experiencias vitales y las técnicas de estimulación sicológica, revolucionaron la enseñanza del teatro y dieron lugar a lo que se conoce como “método de las acciones físicas” o “sistema Stanislavski”.

El método desarrollado por Stanislavski muy pronto llamó la atención del cine, un medio que pretendía reflejar situaciones reales, y sentó las bases para la fundación en Nueva York del Actor’s Studio, la famosa escuela de interpretación dirigida por Lee Strasberg.

Después de la revolución soviética se dedicó a su trabajo de investigación y desarrolló una importante labor como pedagogo. A él se deben los libros Un actor se prepara y La construcción del personaje, ambos de influencia determinante en el teatro europeo y estadounidense; Mi vida en el arte; la metodología didáctica El trabajo del actor sobre sí mismo, expuesta en los dos volúmenes dedicados a la sicología y a la técnica de la interpretación; y El trabajo del actor sobre el personaje, publicado de manera póstuma en 1957. Todos constituyen puntos de referencia indispensables para cualquier estudioso o intérprete de teatro.

En la escena cubana, la poética de Stanislavski ha sido esencial. Su método se introdujo en la Isla a partir de los años 40 del pasado siglo XX, cuando figuras como Vicente Revuelta y Verónica Lynn integraron los saberes del maestro ruso a los presupuestos relacionados con la formación del actor. 

De ahí que el uso de su método interpretativo, el esfuerzo de nuestros actores por mantenerse fieles a él y el crecimiento de las nuevas generaciones fuesen también motivo de debate en las jornadas del evento teórico del FTH, que tuvo lugar en la Sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC.

El maestro y renovador teatral falleció el 7 de agosto de 1938. En cierta ocasión confesó que cuando comenzó, a finales del siglo XIX, no podía imaginar que iba a influir tanto. Tras años de investigación, el autor aseguraba: “Mi sistema es el resultado de búsquedas de toda la vida... he tratado de encontrar un método de trabajo para actores que les permita crear la imagen de un personaje, insuflándole la vida interior de un espíritu humano, y a través de medios naturales, encarnarlo en el escenario en una bella forma artística”.

Lo cierto es que el sistema creado por Stanislavski se diferencia radicalmente de todos los viejos sistemas teatrales. Su grandeza dramatúrgica se resume en una de sus propias frases: “Todo el mundo es teatro y todos somos actores”.

 

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