Foro UNIMA Cuba

Los títeres en Centeno, el Guiñol
y Stanislavski

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Cuando escuchaba hablar a los participantes en el Foro UNIMA Cuba con tanta pasión, entrega y compromiso hacia su labor profesional; me preguntaba cuántos problemas de menos tuviera nuestra sociedad si todos sintieran ese ardor sublime por lo que hacen como estos directores, dramaturgos, titiriteros, actores e investigadores que han inmerso su vida en el mundo de las figuras animadas.

Tres motivos titiriteros para dialogar y una evocación visual es el título con el cual se presenta este evento, que forma parte del ambicioso programa teórico del 15 Festival de Teatro de La Habana.

Imagen: La Jiribilla

Coordinado por uno de los más grandes exponentes del arte titiritero en nuestro país: Rubén Darío Salazar, director de Teatro de Las Estaciones y Secretario General de la Unión Internacional de la Marioneta en Cuba, el Foro UNIMA suma fuerzas en el resurgir del teatro de figuras dentro de la Isla y constituye, no solo una plaza de intercambio entre los profesionales del área, sino también una causa para hacer estallar viejas concepciones y prejuicios alrededor del teatro para niños y de títeres. Así, con esta y otras iniciativas que se han venido desarrollando en los últimos años, se revivifica el patrimonio titiritero cubano y sus conexiones con el mundo.

En este sentido, el Foro se erige como epicentro de homenajes a representantes inolvidables del arte dramático en el ámbito nacional e internacional: Modesto Centeno, el Teatro Nacional de Guiñol, Konstantin Stanislavski y Serguei Obratszov.

Los 100 años del director y dramaturgo Modesto Centeno

Un panel sobre los aportes de la obra del dramaturgo Modesto Centeno y sus valores como director inicia el encuentro. La investigadora Yudd Favier, de Teatro El Arca, realiza un acucioso análisis de la adaptación teatral de Caperucita Roja. Al respecto, la joven estudiosa resalta la dramaturgia de la obra, el tratamiento de los diálogos y el carácter de los personajes.

Imagen: La Jiribilla

Centeno era un dramaturgo que se valía en ocasiones del lenguaje paródico, profundizaba en la obra artística, manifestaba un afable trato y una cuidadosa observación, contribuyendo, de esta forma, a la integración de una mirada pedagógica para el espectador. “La Caperucita de Centeno sobrevive por su agilidad, la idiosincrasia tangible de sus personajes, la omisión de hechos fútiles… sobreviveporque es auténticamente cubana”, afirmaFavier.

Quienes compartieron con Centeno en la escena recuerdan clásicos de su dramaturgia como “Bebé y el señor Don Pomposo”, “Cecilia Valdés”, “Viajemos al mundo de los cuentos” y “Tres a la vez”, evocándolo como maestro, ejemplo y héroe dentro del teatro cubano.

“Es importante señalar que en un momento existió el Premio Modesto Centeno”, explica Mayra Navarro. “Solo se otorgó una vez a la obra “Nocal de Maíz”, del grupo Papalote. En aquel entonces, el teatro de títeres no tenía la valoración y el reconocimiento con el que cuenta ahora gracias al trabajo y la investigación de muchos de ustedes. A los 100 años de Modesto, junto a este homenaje, se hace necesario rescatar ese premio”.

Los 50 años del Teatro Nacional de Guiñol, caminos hacia un teatro vivo

Jóvenes teatristas cubanos vinculados al trabajo con la animación de figuras comparten sus primeros acercamientos al Teatro Nacional de Guiñol (TNG), sus experiencias y sus interrelaciones con las personalidades que han mantenido la tradición gestada por los hermanos Camejo y Pepe Carril desde inicios de los 60.

María Laura Germán, de Teatro Las Estaciones, presenta, valiéndose de un texto colmado de metáforas y poesía, sus encuentros con Armando Morales y Xiomara Palacio desde la infancia. Una narración nostálgica, un paralelismo con un titiritero, dan cuenta de un sinfín de muñecos que la formaron y definieron en su camino como representante de la nueva generación titiritera.

Erduyn Maza, joven talento que dirige desde hace 10 años Teatro La Proa, aclama la influencia y los aportes de los Camejo y Pepe Carril en las generaciones de titiriteros cubanos, a quienes tuvo la oportunidad de valorar gracias a profesores como Armando Morales, Rubén Darío Salazar, Freddy Artiles, Mayra Navarro e Ignacio Gutiérrez.

Imagen: La Jiribilla

El sentido de posesión sembrado por esos grandes maestros con la sala del Teatro Nacional de Guiñol, la libertad titiritera, las generaciones que aún se mantenían –y mantienen- disfrutando de las puestas del TNG, el arduo trabajo de años, formaron en el joven actor y director la convicción del respeto y admiración por esta escuela de obligada referencia.

Quizás, porque todos los presentes tienen conciencia del significado del TNG, no solo para el arte dramático, sino para la cultura cubana en su más amplio sentido, no pueden detenerse los aplausos de aprobación con este reclamo: “¿Cuándo tendrá el Teatro Nacional de Guiñol las condiciones técnicas que se merece?”

“Creo que hay mucho por hacer en pro de este teatro en sus cincuenta años por parte de los jóvenes y los no tan jóvenes, y sobre todo, por parte de quienes no podemos faltar: los titiriteros”, afirma Maza.“Me siento muy orgulloso de ser un teatrista de estos tiempos y, más aún, de ser titiritero.  Tener al títere como herramienta de expresión en un contexto social y económico rodeado de cambios,nos hace responsables de reflejar, criticar o apoyar el entorno donde nos desenvolvemos. Creo que la tribuna del Guiñol está ante nuestros ojos esperando ser usada cada día. La historia y el público nos esperan”.

Pedro Rubí, actor y diseñador de Teatro Papalote, comparte un documento vivencial de sus primeros acercamientos al Guiñol, mediante la guía de su profesor René Fernández en la Escuela de Instructores de Arte matancera.

El aprendizajejunto a Fernández, actual director del grupo al que pertenece y antiguo aprendiz de los Camejo y Carril, forjaron en Rubí la extraña sensación que lo invade en cada nueva visita al TNG: asistir a un lugar que se sabe importante histórica y culturalmente, la emoción de reconocerse en un sitio que, en otros tiempos, estuvo habitado por personas que hoy significan mucho para la profesión que haescogido comosuya también.

“Junto a René y mis compañeros de Papalote defendemos cada día ese legado, en cada entrega, en cada iniciativa sumada al universo titeril cubano. Quedan con nosotros sus enseñanzas técnico-artísticas; la entrega al arte titiritero por encima de cualquier obstáculo, ya sea de carácter personal, social, cultural, político e incluso económico; la importancia de hacer un teatro de títeres de arte, ideado para hacer pensar y provocar, a la vez que divierta y eduque al público al que se dirige; la pluralidad en la profesión del titiritero, que sea capaz de escribir, dirigir, diseñar, construir, animar o actuar; la búsqueda constante y la renovación en las infinitas posibilidades de expresión técnica y de espacios de expresión del títere; el sentido de trabajo grupal como vía de retroalimentación y dinámica artística; la defensa de una identidad que,partiendo de lo nacional, sea propia y caracterice nuestra línea de trabajo; la constancia y cuidado en el incremento y mantenimiento del repertorio, pero, sobre todo, el compromiso y el respeto hacia la profesión”.

Konstantin Stanislavski y el arte de los títeres ¿antítesis o relación?

A propósito de la dedicatoria de la presente edición del Festival de Teatro al 150 aniversario del actor, teórico y maestro de la escena Konstantin Stanislavski; Liliana Pérez Recio, Directora de Teatro Museo El Arca; René Fernández, director de Teatro Papalote, y Rubén Darío Salazar, maestro y guía de Teatro de Las Estaciones, disertan sobre la vieja polémica de la aplicación del sistema stanislavskiano al teatro de títeres, en un panel moderado por el dramaturgo y crítico Norge Espinosa.

Pérez Recio muestra las diferencias y vínculos entre técnica y estética, expone las posibles comuniones entre el sistema de Stanislavski y el teatro de figuras animadas, y manifiesta que, en el caso de los animadores, utilizan estas categorías de forma natural.

La joven investigadora da pruebas de la vigencia de los diez reclamos sobre ética y disciplina de Stanislavski para los teatristas, que sienten apenas pasado el tiempo al releer las carencias y miserias que denunciaba el director ruso para la realización de la obra dramática.

“Trabajamos por una renovada insatisfacción estética, por el cultivo del espíritu del artista para multiplicar las posibilidades de libertad. La esencia de la pedagogía no es enseñar, sino compartir experiencias. Formar valores éticos y estéticos en el creador y propiciar el desarrollo creativo es el cometido de los titiriteros cubanos en la educación estética del público infantil”, agrega la directora de El Arca.

René Fernández defiende la aplicación del sistema Stanislavski al quehacer titiritero, reconociendo que la formación de muchos ha bebido de este método. Nutriéndose del mismo, Fernández ha sembrado en sus discípulos la atención orgánica, el trabajo frente al títere, la observación de la vida con sensibilidad, el control de la mirada, la interacción colectiva de todos los actores en escena, la verticalidad y postura, la fantasía creadora, la improvisación, la actitud escénica, el énfasis en los hallazgos convincentes y renovadores, el desarrollo de la intuición para el enriquecimiento artístico y el estudio de la figura para concretarla y corporizarla.

“Otro postulado es la valía del teatro de arte, transmitido por el TNG; también que nuestro trabajo mantenga la unidad en la animación e interpretación, y siempre esté en función de la sociedad”.

Rubén Darío Salazar finaliza el debate y exhibe una antológica imagen de Stanislavski disfrutando un espectáculo de figuras animadas dirigido por Serguei Obratszov. A su vez, enumera las personalidades cubanas que, mediante el sistema stanislavskiano, formaron generaciones de titiriteros. “No hay choque ni problema con el arte cuando es auténtico y verdadero; el método y la titiritería, entendida como algo vivo, que tiene su ciencia, no está divorciado en lo absoluto”.

Imagen: La Jiribilla

El Foro UNIMA concluye con un tributo audiovisual a Serguei Obrasov: se trata del visionaje de fragmentos del espectáculo titiritero Concierto Extraordinario, dirigido por el maestro para el Teatro Académico Central de Muñecos de Moscú.

Palabras para un cierre

El dramaturgo Norge Espinosa, organizador, junto a Rubén Darío Salazar, del evento teórico correspondiente a la presente edición, considera que este foro prepara el camino para el Congreso Internacional de UNIMA que, por vez primera, se celebrará en nuestro país el próximo año.

“Estos espacios intentan recordar a las personas cuánto se tiene ya de ganado y cuánto, sobre todo, falta por hacer. De ahí la importancia de darles continuidad para que permanezcan como una señal de alerta constante. No pueden retornar los tiempos en que estábamos convencidos de que todo estaba bien y perfecto, porque creer eso en el arte es sencillamente morirse.

“En este momento hemos logrado esa principal voluntad de unir todo lo que puede ser pasado, presente y algo de futuro. Estamos aquí para discutir, para ser controversiales, para demostrar que todavía necesitamos mucho más apoyo delas instituciones que están responsabilizadas con esto y también mucha responsabilidad interna con respecto a este movimiento. La queja es la primera manifestación del holgazán, y creo que mientras más conscientes seamos de cómo la tradición que aún pervive en algunos maestros pueda ser transmitida en las generaciones más jóvenes, desde un concepto que implique respeto y superación de ello,entoncesestaremos hablando de cosas mucho más logradas y provechosas para todos”.

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