Debajo de su pie que baila está el pasado

Susadny González • La Habana, Cuba

Para la bailaora argentina Marcela Suez, el arte es una forma de comunicación en el que vuelca conocimientos, elaboraciones intelectuales, pero sobre todo, el corazón. De ahí su sello personalísimo: “la intensidad, la conexión profunda con público y artistas, la sensualidad en su sentido extenso”, aunque, considera, ese ritual sagrado que acontece sobre el escenario, donde danza, música y teatro dialogan, resulta mejor sentirlo que describirlo con palabras. Raíces del flamenco valida su certeza.

Imagen: La Jiribilla

Con guion narrativo de Rubens Correa y puesta en escena de Rafael Fernández, sobre la idea original de Marcela -intérprete, productora y directora- llegó a las tablas de la sala capitalina Raquel Revuelta -en el contexto del Festival de Teatro de La Habana- luego de un recorrido por otras latitudes donde conquistó el favor de la crítica y conmovió a los amantes del zapateo, el toque y el cante.

La novedad de las presentaciones en la Isla fue la participación en el espectáculo de dos miembros de la compañía Ecos. Intercambio que evidencia una incesante búsqueda, que durante años la ha estimulado a estudiar y perfeccionar su estilo con prestigiosos maestros y coreógrafos del mundo.

Sin embargo, a pesar de su sólida formación, y debut en los mejores tablaos de su país, “tenía la inseguridad interior de estar siempre mirando a España, como un referente inalcanzable, me sentía disminuida frente a sus bailaoras”. Comprendió que por medio de este lenguaje unificador de razas cada artista ofrece su propio mensaje.

“Lo interesante es la reelaboración que podamos hacer de él. Me interesa dar nuestra visión, que no es teórica, está en el cuerpo, en los ritmos, en la sensualidad, somos diferentes y tampoco nos queremos parecer a ellos, queremos profundizar en lo latinoamericano para hablar a través de la danza. Por eso quise integrar a estas bailaoras -no nos dio tiempo para trabajar minuciosamente en otras coreografías-. Me gusta mucho como bailan, tienen algo muy fresco. Nos estamos planteando la posibilidad de hacer algo ya directamente juntos. Tal vez pueda recibir un poco la elaboración que ellos hacen del son y el flamenco, es muy interesante la mirada cubana”.

Imagen: La Jiribilla

 ¿Podría decirse que Raíces del Flamenco es un itinerario por las raíces de sus ancestros?

Exactamente. Siempre me pregunté por qué tenía tanta necesidad de bailar flamenco, más allá de mi formación. Sentía que algo me llamaba, si bien durante mucho tiempo me negué a escucharlo: mis abuelos fueron judíos sefaradíes. Este es un homenaje a mis ancestros. La obra tiene un mensaje humano. Habla de las raíces del flamenco, resultado de la integración de las culturas perseguidas que sobrevivieron. Esa necesidad de bucear me llevó a España, recorrí Andalucía, Sevilla, Granada, Córdoba, Cádiz, me adentré en las callejuelas de las juderías y aunque muchos templos y sinagogas ahora están transformados, la historia persiste, negada. Es fuerte decirlo pero el sentimiento de antisemitismo ha dejado una impronta. Después está mi propio país, vivimos la dictadura militar, los desaparecidos, exiliados. La obra habla del dolor de dejar la tierra en la que uno ha crecido. Pero tiene un mensaje esperanzador: la riqueza cultural queda y siempre sale a la luz.

El poeta granadino se ha vuelto recurrente en su trabajo…

Me atrapó en su profundidad, en su dulzura, en su poesía, justo cuando estaba tan conmovida por el flamenco. Sus palabras eran como un lugar donde comprender ese baile. Su libro Poemas del cante jondo transmite a través de metáforas la esencia del flamenco que me conmovió, del cante jondo y del exilio, de las culturas marginadas que subyacen en las geografías, impregnadas en los paisajes. No pude escapar de él. Lo hemos leído mucho para fundamentar el mensaje que sustenta el espectáculo. Encontramos un poema de Juan Gelman que pareciera escrito para este relato, sobre una mujer que viaja hacia sus raíces y tiene un encuentro con su imaginario para luego llegar al hoy: en la casa del tiempo/está el pasado/debajo de tu pie/que baila. Junto con Cristina Pérsico, la cantante sefaradí, escogimos los textos que incluyen además poemas de León Felipe.

Usted apuesta por ese espectáculo más elaborado, teatral que trasciende la improvisación y la mera destreza del movimiento. ¿Es esa su visión del flamenco?

No necesariamente. Me encanta el teatro, un arte difícil. Con Raíces… fuimos entrando en el teatro desde la danza y me alegro que así fuera. La palabra escrita me motiva mucho, como la música y la imagen. Son recursos escénicos que pueden integrarse. Pero el flamenco es lo suficientemente rico como para explorarlo.

Ha dicho que lo más estimulante del flamenco es que los espectáculos se completan sobre el escenario. ¿De qué manera fluye esa inspiración, esa magia entre el músico y el bailaor?

Es muy propia de la cultura flamenca. A veces me gustaría que esté todo más estrictamente calculado, pero te relajas y te dejas llevar y es muy bonito porque el flamenco es un canal expresivo abierto permanentemente. Se termina de concretar en esa comunión entre cantaor, guitarrista, bailaor. El músico te influye en la manera de bailar. Eso va transformando la danza. Cada función es muy diferente a la otra.

Imagen: La Jiribilla

Existen disímiles criterios en cuanto a la definición del cante jondo. ¿Cuál sería el suyo?

Es un cante visceral, popular del hombre llano, no tiene academias, la escuela es la calle, la casa, el patio y los cantaores. La piedra fundamental del flamenco es el cante, luego la guitarra que lo acompaña, y el bailaor. Viene de profundo, es el quejío que caracteriza al flamenco, ese ay, ay, el llanto cantado de dolor o alegría. Tiene que ver con la conexión profunda con la vida. Es complejo, rico, nunca terminas de conocer el flamenco, es un universo muy rico. Hay muchos ritmos locales.

Suele alternar el baile con su enseñanza y difusión, en sus distintas expresiones. ¿A qué responde esa inquietud?

Es algo que me encanta. Estoy todo el tiempo actualizándome, trabajando coreográficamente con material renovado que luego reciclo y reelaboro de acuerdo a mis maneras. Disfruto ese proceso que realizo en mi sala mediterránea, en un clima muy amoroso, comunitario, exigente. Siempre voy creciendo en ese campo, aprendiendo a transmitir el flamenco a través de nociones que tienen que ver con la salud y con el buen uso de los recursos corporales, para vivir y bailar mejor, y que las mujeres, todas mis alumnas son mujeres, encuentren un canal expresivo para sentirse felices.

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