“Con el teatro cubano hay que contar”

Anneris Ivette Leyva • La Habana, Cuba

La exaltación espiritual que deja en el actor la comunión con un personaje, el estado de gracia al que lo elevan los aplausos del público cuando la función concluye, no dejaron de embargar a las actrices cubanas Lili Rentería y Mabel Roch durante su paso por nuestras tablas.

Incluso antes de subir a escena y encarnar los personajes de Ofelia (Mabel) y Conchita (Lili) en la obra Ana en el Trópico—escrita por Nilo de la Cruz (Premio Pulitzer 2003), dirigida por Carlos Díaz y presentada en el marco del 15 Festival Internacional de Teatro con la participación de Carlos Miguel Caballero, también cubano y residente en los Estados Unidos—, el ánimo de ambas se mostraba seducido por la interpretación de otros roles, los de sí mismas, en la subtrama de una Habana ante la que volvían a actuar dos décadas después de sus últimas presentaciones.

Imagen: La Jiribilla

Ante la pregunta de qué había significado esta experiencia, a Lili se le agolparon las palabras, pugnaron por salir todas a la vez y ella decantó; Mabel, por su parte, sintió cómo se le fugaban en el justo momento en que más quiso decir… Al final, “maravilla” y “sueño” fueron los vocablos que se impusieron, los que acudieron en su ayuda para sintetizar tanto de anhelo y sorpresa, los que ambas coincidieron en reiterar en sus respuestas a La Jiribilla.

“Yo había venido antes a visitar a mi familia —comentó Mabel—, pero este regreso particular me marca, me deja con deseos de más; ha sido un encuentro maravilloso, una oportunidad de reencontrarme con muchos actores, de conocer a otros profesionales que colaboran con este proyecto, desde Rogelio que se encarga de mi peinado, el más complejo de todas las caracterizaciones; Rosa y Tony, los maquillistas; hasta los impresionantes actores que nos acompañan. Estoy muy agradecida a la vida por esta oportunidad. Trabajar con Carlos Díaz en el Trianón, el cine donde vi La vida sigue igual cuando tenía nueve años, es un sueño convertido en realidad. Estar parada en este escenario es sencillamente increíble.”

Del mismo modo cataloga Lili el hecho de que se haya podido llevar a cabo esta puesta: “Haber unido un elenco de diferentes tendencias, aunque de la misma escuela, ha sido un privilegio, una maravilla, el saldo es absolutamente positivo y favorable para todos. Me satisface mucho haber participado de esta experiencia junto a actores que ya conocía (Osvaldo Doimeadiós, Fernando Hechevarría, Alexis Díaz de Villegas), y a otros nuevos como Clarita González y Yanier Palmero, verdaderos duendes del teatro. Hasta este momento yo tenía el temor de convertirme en una ‘antique’, de no poder comunicarme con el público más joven de Cuba, que seguramente había oído hablar de nosotros, pero con el cual no habíamos interactuado.”

Al querer indagar, precisamente, sobre cómo habían sentido esa acogida, Mabel exclamó dilatadamente, como queriendo duplicar el significado de la expresión: “¡maaraaviilloosaa!”

“Yo no esperaba que fuera así, cada noche me quedo muerta en la escena... Los actores comúnmente somos muy inconformes, quedamos descontentos con la función, nos criticamos mucho; pero los aplausos que recibimos nos obligan a pensar todo lo contrario; yo estoy pasmada, todas las funciones han sido mágicas.”

Imagen: La Jiribilla

“El público cubano es muy educado —enfatizó Lili—, sabe ver teatro; tiene tradición, eso motiva; ver la sala abarrotada, las reacciones de respeto, la risa oportuna, es muy estimulante. Conseguir que un teatro se llene, que todas las butacas queden vendidas con días de antelación, no es fácil en ninguna parte; haberlo logrado aquí es un privilegio, no he tenido que imaginármelo, ha sido un hecho.

“Mis expectativas quedaron superadas, algo que es fabuloso. Eso sí, me hubiera gustado tener más tiempo para preparar mejor mi personaje, pero lo que bien se aprende no se olvida, y en este resultado hay varios factores confluyendo: el recuerdo de mi padre Pedro Rentería, mi madre Lilian Llerena y mi maestro, Roberto Blanco, además del deseo de ser dirigida por Carlos Díaz, a quien conocí hace muchos años cuando estaba haciendo la asistencia de la obra Mariana Pineda. Juntos habíamos cocinado varios proyectos que él pudo llevar a cabo, pero yo me perdí. Ser dirigida ahora por él ha sido como la concreción de un acto de amor, del verdadero, del incondicional.

“Todo esto aún lo estoy procesando; después podré reflexionar….Este es el tiempo de sentirlo, ya llegará el momento de pensar. Por ahora no me quiero perder nada de lo que estoy viviendo, para entregar lo que siento.”

Usted habla de sus maestros, entre quienes tiene la dicha de contar a sus padres. ¿Qué significaron Lilian, Pedro y Roberto para su carrera?

“A Roberto —narró Lili después de un suspiro evocador— una vez se le ocurrió dirigir a mi madre y a mi padre en Doña Rosita la soltera; ahí fue donde se encontraron y enamoraron, y gracias a eso estoy yo aquí. Para colmo, en ese tiempo mi papá no pudo asistir al parto, y en su lugar fue Roberto; o sea, para mí él es mi maestro, padre y madre…todo a la vez.

“Después pasaron los años, yo crecí y un buen día me senté a ver Yelma, fue entonces cuando dije ‘yo quiero estar en ese grupo’. Se lo pedí a Roberto y me respondió ‘Lilita, tú eres muy bonita, hija de dos grandes actores, yo te recibí cuando naciste, pero yo no sé como actriz si…’. No obstante, insistí en que me probara y así lo hizo. Estuve en Teatro Irrumpe seis años, ahí crecí.

Imagen: La Jiribilla

“Para mí, Mariana Pineda ha sido la experiencia teatral más importante que he tenido, todavía no he encontrado otra que la supere. Ese personaje me hizo crecer; lo estuve haciendo casi cinco años seguidos, y mantenerlo vivo durante tanto tiempo significó otra escuela.

“Les debo a mis maestros todo lo que sé, al punto de que por eso me he dedicado a hacer un colegio, a transmitir lo que me enseñaron, y a intentar crear para otros jóvenes el espacio que les permita conocer lo que yo viví con Roberto integrando todas las artes, la música, la danza; porque él insistía mucho en la importancia de que todo ello formara parte del espectáculo.

“En mi opinión, el teatro en Cuba le debe a Roberto Blanco ser lo que hoy es; sin su presencia y sus propuestas, no sería igual la historia de esta manifestación. Su nombre es parte indispensable de la cultura cubana. Mucha gente dice “nadie es imprescindible”, pero yo sí creo que hay gente que marca la diferencia, y él es un ejemplo.

“La dicha de haber tenidoa mis padres y a un director como Roberto se incrementa hoy al ser dirigida por Carlos.”

En mi caso —intervino Mabel—, hubo mucha gente que tuvo que ver con mi carrera, entre ellas Lili, mi amiga, quien me instó a convertirme en actriz, pues me inclinaba por el mundo de la biología. También fue esencial mi maestro en la escuela, Michaelis Cué, y en el cine Humberto Solás. Cada director con quien una trabaja le deja algo, igual me sucedió con Raquel Revuelta, a quien respeto y debo mucho, y con la cual interactué como actriz y directora.

Imagen: La Jiribilla

Después de tanto tiempo fuera, y en el contexto de este Festival Internacional, donde confluyen actores de tantos países, ¿se han sentido como representantes del teatro cubano?

“Yo he venido como una actriz, cubana, pero sobre todo como una actriz —expuso Lili—. Ser cubana, no obstante, es una condición que nadie me puede quitar, este espacio me pertenece, aun cuando no esté físicamente todo el tiempo. Que ahora lo hayamos logrado es una maravilla, es lo que debe seguir  sucediendo, incluso con otros que a veces se resisten a venir y en el fondo darían la vida por estar aquí y recibir los aplausos de un público tan hermoso.

Como continuación del mismo discurso, agregó Mabel: “soy cubana, no me puedo sentir como venida de afuera; decidí vivir en otro lugar pero soy de aquí. Ahora, cuando termine, es que me voy para afuera.Pero me quedo con ganas de más. Vi Fíchenla si pueden, de Carlos Celdrán, y me quedé muy impresionada. El teatro cubano es riquísimo, eso lo dice sobre todo el público con su asistencia, aquí hay una vida teatral.”

En cuanto a las propuestas nacionales de este 15 Festival, una de las cosas que más sorprendió a Lili es “la pluralidad en el estilo, las diferentes formas de decir, y lo atrevido y transgresor que está siendo el teatro hoy en día”.

“Lo que vi de Danza Abierta me dejó fascinada. Me encanta que el movimiento teatral cubano continúe tan sólido y rico como lo ha sido desde sus orígenes; por eso creo que podemos hablar ya de una tradición.

“Hay que contar con el teatro cubano en el mundo, es un punto referencial para cualquier estudioso; ojalá que otros cubanos que están fuera del país también puedan disfrutarlo,  que los puentes sean verdes, no de otro color.”

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