Para llegar a Argeliers

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

María Teresa Linares vive con él cada día en la memoria de los años compartidos entre fundaciones, estudios, y esperanzas. Miguel Barnet agradece para siempre que lo guiara por las intrincadas y mágicas sonoridades de los instrumentos musicales de origen africano y lo pusiera en la estela del aprendizaje y la cercanía de Fernando Ortiz. El propio sabio lo consideró discípulo aventajado y estimuló su prospección en el campo de la etnomusicología. Sembró en sus alumnos rigor, disciplina, sed de conocimientos y amistad.

Esa imagen poliédrica y fecunda de Argeliers León recorre las páginas del libro Historias para una historia, de Grizel Hernández Baguer, la más joven de los estudiantes de la carrera de Musicología abierta por el maestro en el Instituto Superior de Arte, y paga de algún modo una deuda de gratitud que sus compañeros y ella contrajeron con su mentor.

Imagen: La Jiribilla

Pero el libro es mucho más que eso. Concebido como extensión y complemento del filme que sobre Argeliers estrenó en 2009 el realizador Félix de la Nuez, producido por el Centro para el Desarrollo del Documental Octavio Cortázar, de la UNEAC, esta publicación de la editorial del Museo Nacional de la Música, permite valorar la dimensión intelectual y humana de una de las figuras fundamentales de la cultura cubana en el siglo XX.

Estructurado a partir de una sucesión de testimonios, el volumen reconstruye las diversas facetas del maestro y creador: en apretada síntesis, miembro activo del Grupo Renovación Musical en los años 40, profesor del Conservatorio Municipal de La Habana, editor de revistas, escritor de ensayos, director del Departamento de Folclor del Teatro Nacional de Cuba y el de Música de la Biblioteca Nacional José Martí, fundador del Instituto de Etnología y Folclor de la Academia de Ciencias, catedrático en la Universidad de La Habana y profesor invitado en la de Oriente, director del Departamento de Música de la Casa de las Américas y fundador de los estudios de nivel superior de Musicología en Cuba.

Compositor, pedagogo, teórico, e investigador de campo se las arregló para asumir cada una de estas vertientes con notable coherencia y profundidad, pero también con una generosidad ilimitada que se refleja en la influencia y permanente huella que dejó en quienes trabajaron y aprendieron con él y hoy son legatarios de su vida y obra.

Por la naturaleza de los testimoniantes, en su mayoría musicólogos y etnólogos, el libro privilegia los aportes de Argeliers en ambos campos, destacándose, obviamente, su esencial labor pedagógica. Se echan de menos valoraciones más exhaustivas de su creación como autor musical, aunque resultan reveladores las evocaciones de Harold Gramatges, Roberto Valera y especialmente la del coreógrafo Ramiro Guerra al recordar la temprana experiencia del montaje de una obra suya con música de Argeliers para el Ballet de Alicia Alonso.

Una particular carga emotiva se desprende de la memoria de su compañera Teté mientras que de sus discípulos Olavo Alén, Jesús Gómez Cairo y Jesús Guanche se desprenden lecciones permanentes. “Él no era solo mi profesor. Después de que empecé a estudiar con Argeliers, llegué a sentirlo como el pilar que sostenía completamente mi vida”, confesó Olavo. “Nunca tuvo el afán de demostrar lo mucho que sabía, sino de transmitir sus experiencias para que los demás pudieran hacer uso de sus conocimientos”, afirmó Gomez Cairo. Y Guanche fijó así un concepto defendido por el maestro: “Para Argeliers fue importante no dormirse en los laureles y saber que ningún tema de investigación va a opacar a nadie, porque nadie es dueño de la información, la información es compartida porque el análisis que tú puedes hacer puede ser bien distinto del mío, de acuerdo con los referentes culturales, con la información de base que uno tenga desde el punto de vista profesional, de modo tal que influyó  mucho en ‘desfeudalizar’ los campos del conocimiento”.

Otras lecciones pasan por el respeto hacia los informantes en el trabajo de campo, por el predominio de la ética en las relaciones profesionales y humanas, y por la consecución de una perspectiva holística en la concepción de la cultura. Y, por supuesto, por el peso de una obra ensayística tan sólida como la que habita en Lecciones del curso de música folclórica de Cuba (1948), Música folclórica cubana (1964) Del canto y el tiempo (1974) e Introducción al estudio del arte africano (1980).

La devoción de Grizel por su maestro debe hallar nueva expresión en la compilación de la obra teórica e investigativa de Argeliers, que incluirá artículos y ponencias. De tal manera se nos mostrará un Argeliers mucho más completo.

Comentarios

Soy amiga de una senora que conocio a Argeliers, a 'Tete", Ithiel, Carmenchu, Edgardo, Ardevol y Harold Gramatges.Ella era una jovencita cuando vino para USA pero siempre los recuerda con amistad. Dice haber sido amiga de "Carmenchu". Puede esta ponerse en contacto. Escriba a Meaghan7@aol.com

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