Spanglish para llevar

Susel Gutiérrez • La Habana, Cuba
…demasiado habanera para ser neoyorquina/ demasiado neoyorquina para ser,/ aun volver a ser,/ cualquier otra cosa.
 

En EE.UU. anualmente se otorgan más doctorados sobre temas latinos que los que se ofrecen en conjunto en toda América Latina”. Medio en serio y medio en broma, alguien vuelve a las palabras del antropólogo y crítico argentino Néstor García Canclini. Luego, se tejen las conexiones entre mercado, consumo y producción cultural; entre el arte y la literatura generados por la(s) comunidad(es) latina(s) dentro del mainstream estadounidense.  

Y mientras se debate sobre literatura, pienso en el catálogo, inventario diríase, de autores que respaldan con su quehacer la discusión en el contexto de este coloquio en la Casa. ¿Quién escribe, cómo lo hace, bajo qué enfoques? Y sobre todo, ¿desde dónde y en qué idioma? Mucho por decir. Mucho donde escoger.

Imagen: La Jiribilla

Coloquio Internacional Latinos en las Artes y las Letras, Casa de las Américas
 

Yo pido spanglish, para llevar.

Según crecen las cifras de emigrados procedentes de Latinoamérica y el Caribe (51 millones y en ascenso), en el llamado “país del Norte” se mezclan “los de allá” y “los de acá”; ganan cierta visibilidad las producciones artísticas generadas “por y para los latinos” y se incrementan los espacios académicos dispuestos a abordar el tema, a debatir sobre las identidades culturales o el panorama de una literatura escrita en inglés, pero pensada muchas veces en español.       

Enmarcada en un locus preciso, esa literatura participa del desmontaje del mito aún no superado que insiste en presentar lo latino como gigante dormido integrado por una masa homogénea, carente de matices y embestida de a lleno por el influjo de imaginarios estereotipados. En un escenario desde el cual las llamadas “literaturas de minorías” amenazan con escapar a rótulos simplificadores que las atan cual camisas de fuerza, surgen nuevas interrogantes y reaparecen viejas polémicas: ¿Se trata de una literatura latina, única, o sería mejor acaso hablar de literaturas en plural, con puntos de contactos pero esencialmente diferentes?        

Más allá de taxonomías, a los nuyoricans, chicanos y cubano-americanos se suman cada vez más autores del Caribe, Centro y Suramérica, cuyas voces trascienden sus fronteras geográficas y lingüísticas de origen para integrar un corpus literario que se diversifica en cuanto temáticas, acercamientos, géneros y estilos; un corpus que trasluce una identidad en la cual lo político y lo afectivo, lo íntimo-personal y lo colectivo, se enfrentan como elementos irreconciliables, y al mismo tiempo complementarios, como dos caras de un mismo signo.

La literatura, termómetro de la sociedad que la produce, narra, testimonia y poetiza la realidad de manera tal que personajes, testigos y “yo” poéticos aparecen frecuentemente condicionados por las limitaciones y los conflictos de sus propios autores como sector social de una nación de espaldas a sus aportes.

No obstante, algo está cambiando. A pesar de las barreras idiosincráticas, lingüísticas y muchas veces, étnicas, los latinos demuestran ser capaces de integrarse al american way of life, ese que les es negado instintivamente, acaso por temor a la otredad cultural. La distorsionada imagen del latino embrutecido, oscuro y marginal, encarnación caricaturesca del amante perfecto o la violencia irracional, va cediendo paso a otra más delineada y sutil de lo que este representa; inexacta aún, pero mucho más completa y heterogénea.

“Allá”, nuestras letras cobran de a poco mayor significado y comienzan a ser mejor valorizadas, en gran medida gracias al reconocimiento recibido en los últimos años por escritores como el recientemente fallecido Óscar Hijuelos, que con Los reyes del Mambo tocan canciones de amor se convertía en el primer Premio Pulitzer hispano, en 1990; el Junot Díaz( Pulitzer 2008) de La maravillosa vida breve de Oscar Wao; o más recientemente, de Quiara Alegría Hudes (Pulitzer 2012) con la obra de teatro Agua a cucharadas.

Desde la experiencia, se alzan nuestros demiurgos contemporáneos, quienes combinan lo mejor de las tradiciones literarias latinoamericanas allende sus fronteras en el proceso de conformación y (re)construcción de una identidad que ahonda en la complejidad de fenómenos migratorios que involucran al sujeto migrante, al país del cual se marcha y al otro que lo recibe. En el centro de la ecuación: el latino, siempre, o casi siempre, a medio camino entre presente y pasado; entre dos lugares, entre dos lenguas, entre dos culturas, in betwen.

Ese espacio de cruce, esa línea divisoria devenida interrogante identitaria, signa una gran parte de la producción de aquellos que aun cuando se integran a corrientes o cuerpos poéticos ajenos a estereotipos y cánones precedentes, respiran los hálitos reminiscentes de un drama sicosocial que asoma con fuerza: el de la no pertenencia. Otros, renuentes a clasificaciones, prorrumpen con formulaciones estéticas, proyecciones y anecdotarios que plantean temáticas y conflictos ideológicos aún no atendidos, no resueltos, seductores en tanto gozan su condición de lugar no ocupado, esquivo a etiquetas y reducciones. 

Los debates centraron su atención en múltiples áreas de la producción artística de los latinos en EE.UU., cuya impronta cultural comienza a manifestarse desde la hibridación, el mestizaje y los procesos de asimilación Vs. resistencia que la caracterizan. Esa impronta resulta de sujetos de edades, procedencias, estilos y experiencias vitales diversas, pero con una visión afín del mundo que permite (re)construir por medio de la fuerza creadora de la palabra escrita, una literatura que circula por una vía de doble sentido que nos permite conocernos a nosotros mismos y a los otros, entender quiénes somos de cara a aquellos que nos observan.

En el Coloquio Latinos en las Artes y las Letras, en la Casa de las Américas, todas estas relaciones afloraron en las charlas, las conferencias. La concepción propositiva y abierta de las sesiones fomentó el diálogo más que la búsqueda de verdades absolutas, generó un estado de opinión y perfiló el panorama actual de la literatura escrita por latinos en ese país. Y mientras esas sesiones tenían lugar, la presencia de estas comunidades en los EE.UU. alcanzaba ya más de 51 millones de personas.

¡Allá uno trata de cruzar la frontera; allá otro alcanza las costas de Cayo Hueso!

Los números astronómicos, en blanco y negro, se traducen en oleadas de hombres y mujeres, multicolores como sus concepciones culturales, religiosas, morales, sociales, políticas y lingüísticas. Más que un lugar de origen, los une un destino común, un punto de llegada que marca la promesa de un futuro mejor, el “sueño americano”, la utopía compartida.

Al tiempo que ganan reconocimiento y se abren espacio dentro de esa utopía, nuestros autores legitiman su quehacer, visibilizan e incluso resemantizan la literatura latina en los EE.UU. En esa escritura, como afirma el boliviano Edmundo Paz Soldán, “el español se va filtrando de contrabando en el inglés y lo va cambiando desde adentro”. Gracias a ellos (los escritores), la tan oficialmente monolingüe literatura de esta nación, pronto dejará de serlo. Y me pregunto qué quedará entonces. ¿Spanglish para llevar?

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