Gestionar lo latino en el “in-between”

Marianela González • La Habana, Cuba

Estamos en la Sala Manuel Galich de la Casa de las Américas, en La Habana de 2013. Un académico norteamericano nos va a hablar de Arsenio Rodríguez y de su paso por EE.UU. como invitado al Festival of American Folklife en el Washington de 1969. Él viene de un país que no se parece al de los 60, y estamos en una ciudad, en una institución cultural que tampoco son las mismas de aquellos años de fundación. Mucho ha llovido sobre Macondo, y de ello da cuenta su propia presencia aquí como conferencista, y la nuestra, un auditorio lleno para oír hablar de “presencia latina en los EE.UU.”con un interés que no se consigue fácil por estos días.

David García, docente e investigador en la Universidad de Carolina del Norte, ha empezado a hablar del contexto en que el músico cubano conoció aquel país: Black Power, revoluciones nacionales en el tercer mundo. Cita discursos, entrevistas publicadas en revistas de la época, y “de la manga” sacagrabaciones que uno pensaría que nos pertenecen como patrimonios de “este lado”, el de Arsenio. Y nos hierve la sangre cuando escuchamos, ahora, que es Arsenio quien se dirige a nosotros, el centenar de personas sentadas en las butacas de la Sala Galich:el negro “canta su dolor”, presenta a su hermana, pregunta: “Si se ha alcanzado la igualdad, como algunos lo han afirmado, entonces ¿por qué estoy siendo discriminado?”, y le aplaude una multitud anónima congregada el 5 de julio de 1969 en una plaza de Washington.

“…ay Dios, ay Dios”, desgarra. Y no dejamos de preguntarnos cómo, por quéno hemos escuchado jamás aquí una grabación como esa. “Aquí como allá” se sabe poco de aquel hombre, “el ciego maravilloso”, y de los verdaderos anclajes de esa canción que hizo rajar la voz de su hermana Estela con un dolor tan profundo que todavíaconvoca.

Y otra vezel académico estadounidense entra a sacarnos del letargo: anuncia que va a compartir un testimonio inédito de Bernice Johnson Reagon,organizadora cultural que conoció a Arsenio en Washington por esos años. Los esquemas de nuestro “aquí” vuelven a atormentarnos en un mismo cuestionamiento absurdo: “…ah, ¡¿y queda más bajo la manga?!”

Dice Bernice Johnson Reagon, en la voz de David García: “Hablé con el señor Rodríguez (esta es una de mis grandes lecciones) y le dije: ‘Este es un programa que celebra la música negra a través de las lenguas del Nuevo Mundo. Este grupo canta...en inglés, este grupo...en francés (…) Y Usted...representará el español’. Él me dijo: ‘¡No, no! No el español: ¡Lucumí! ¡Africano! ¡Africano!’ [...] Estaba tratando de [hacer] una declaración basada en lo que he querido compartir con...el público del festival. Y luego, [Rodríguez]realmente me corrigió sobre lo que era la música negra, la que tenía una base africana en Cuba. Me transformó [cuando] dijo: ‘Nunca hemos traducido este material. Este material es africano’. […] Fue una de las experiencias más poderosas en mi vida joven como organizadora cultural en este país”.

Las palabras del músico cubano aclarando su origen africano fueron para la norteamericana una revelación: “Es como [decir] ‘no todos están muertos. No mataron a todos. No destruyeron todo’”. En aquella conversación con Arsenio, Bernice“abrió su mente” hacia dos sentidos: se replanteó lo que sabía o creía saber, es decir, lo que había sido hasta entonces materia de su gestión; y descubrió lo que latía debajo y quedaría incorporado, desde ese momento, en su trabajo como “organizadora cultural”.

David detiene la referencia y vuelve sobre otra grabación. Arsenio Rodríguez canta otra vez “Aquí como allá”, y ahora lo vemos. 

Estamos en la Sala Manuel Galich de la Casa de las Américas, en La Habana de 2013, y compartimos con un académico norteamericano sus visiones en torno a la música latina en EE.UU. Esta ciudad y aquel país no se parecen a los de 1969. Aquí y allá no son Inglaterra, ni África, ni España. Aquí es Cuba, la Isla, y allá es Miami, Nueva York, “la Yuma”. Nosotros somos de Cuba; él, de EE.UU. María es latina; Tom is a boy. Mucha menos gente de este lado, demasiada en aquel. Esta ciudad y aquel país no se parecen a los de 1969; pero gente como Johnson Reagonsigue teniendo que nadar entre las mismas aguas de hace más de medio siglo: como pueda, entre la tanta visión y la demasiada ceguera. Aquí y allá, y en el medio.

Imagen: La Jiribilla

David García es uno de los invitados al Coloquio Internacional Latinos en las Artes y las Letras: el segundo que esta institución organiza desde la apertura, en 2010, de su Programa de Estudios sobre Latinos en los EE.UU.: un ejercicio de gestión cultural que trasciende los marcos entendidos para ese rol y se viste de pieles muchísimo más complejas. Por un lado,la de “curar”, “seleccionar”voces entre la diversidad de países de origen, comunidades, posturas, historias de vida, imaginarios, referentes, capacidades, propuestas creativas; la de plantearse la producción cultural latina en ese país más allá de la ecuación “cubanos + nuyorricans + chicanos” y abrirse a la complejidad de imaginarios que se multiplican en comunidades e individuos que proceden desde el Cono Sur, Centroamérica y el Caribe, con filiaciones y representación  políticade diversos calibres. Y por otro, la de dejarse seducir también por las subjetividades de un campo que se tiende y distiende no solo al calor de la gestión política, y de las políticas culturales y económicas de los países de origen y el de destino, sino, y sobre todo, al calor de las profunda huella cultural que implican 51 millones de habitantes (y contando).

En este segundo coloquio, junto con David, los Bernice Johnson de este siglo presentaron revistas, proyectos docentes y de investigación, plataformas de socialización de experiencias creativas, criterios curatoriales para exposiciones de arte, pequeñas editoriales y ejercicios de crítica literaria desmitificadores, como la antología Sam no es mi tío. Homenajearon a Lourdes Casal, aquella mujer “del exilio” que derribó prejuicios como muros y que tuvo, “allá”, “su Moncada”.Sus experiencias de gestión de “lo latino” en EE.UU.se inscribieron en el corpus de la experiencia de gestión que es el propio Coloquio, y desde ella, se vieron las caras, plantearon otras ecuaciones.

Pocos días después circulaba un texto del Washington Post que volvía a meterles en un mismo saco homogéneo: “Whois latino?”, cuestionaba, y el propio articulista dejaba clara su tesis: “PeruvianorMexican — doesitevenmatter? We’reall Latinos now”; y en el teatro Trianón, en la capital cubana, se estrenaba Ana y el Trópico, de cubano americano Nilo Cruz, sin que la televisión nacional diera cuenta del regreso a la actuación en Cuba de dos actrices fundamentales de la escena en los 80, luego de una distancia que parecía irrecuperable. Y la experiencia en la Casa deja el sabor, entonces, de un espacio que ha de ser conquistado no solo para el territorio de la iniciativa institucional, sino, y sobre todo, para ser replicado y traducido en todos los spanglishes y los fukús lingüísticos que conforman también los lenguajes, las plataformas y los in between de la gestión política y las políticas culturales a ambos lados del estrecho: abrir los ojos y la mente, enamorarse, como Bernice en el Washington de los 60, ante los distintos tonos de una realidad que difícilmente quepa, derechita y ordenada, en una sola marketa.

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