Artes Plásticas

Tomás Sánchez, fotógrafo

Virginia Alberdi • La Habana, Cuba

Amén de ser considerado como uno de los pintores, dibujantes y grabadores cubanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX y de lo que va de la presente centuria, Tomás Sánchez (Aguada de Pasajeros, 1948) está dejando una estela trascendente en la fotografía. 

En 2009, a propósito de su participación en la Décima Bienal de La Habana, el artista declaró en una entrevista: “La gente me conoce más por mis paisajes, pero yo pinto basureros, pinto Cristos… no me gusta que me clasifiquen como paisajista porque no me gustan las etiquetas y si hago una muestra integral de mi obra todos se podrían dar cuenta de que hago muchas cosas más: diseño joyas; estoy incursionando en la escultura; he retornado al grabado; estoy haciendo algunas instalaciones experimentales en mi casa en Costa Rica y tengo proyectos para el futuro que no los he mostrado porque no están maduros”.

Imagen: La Jiribilla

¿Estaría considerando entre esos proyectos la fotografía? ¿O acaso desde mucho antes se había valido de la cámara como herramienta auxiliar para trabajar la pintura?

Lo cierto fue que en 2012 exhibió en la galería Jorge Sorí, de Miami, una colección de imágenes bajo el título Photographs, la cual tuvo una recepción del público que transitó de la curiosidad a la admiración.

Y ahora, en 2013, como para refrendar una vocación para nada transitoria hacia esa manifestación, acaba de publicar el libro-catálogo Notas al paso, un repertorio de fotos digitales, que testimonia la exposición homónima que se inauguró el 3 de julio en el Centro Cultural Casa de Vacas, Parque del Buen Retiro, en Madrid, España. Lo primero que salta a la vista es la coherencia y la consecuencia del arte fotográfico de Tomás con su pintura. Y no es solo que las imágenes del libro centren su atención en el paisaje —quiéralo o no, él ha protagonizado una auténtica revolución en la concepción paisajística históricamente presente en el arte cubano, con repercusiones hemisféricas—, sino que lo hace desde una línea de continuidad y correspondencia con su poética personal.

La diferencia básica entre pintura y fotografía radica en cómo mientras el paisaje pictórico, aunque verosímil, es una representación ficcional, el paisaje fotográfico, aunque parezca una invención, es una representación documental.    

A fin de cuentas, este camino emprendido por el artista se inclina a ser comprendido como un cambio de instrumento y soporte más que como una reorientación estética. Al respecto sería válido lo que un prominente creador norteamericano de origen latino, Andrés Serrano, dijo de sí mismo: “Soy un pintor, pero en lugar de espátula y pincel utilizo la cámara”.

Las fotografías de Tomás en Notas al paso sobrecogen al espectador situado ante la perspectiva de un paisaje que pudiera pasar inadvertido para el ojo humano. No son imágenes tomadas al azar, sino construidas por una sensibilidad entrenada en auscultar la belleza no como una noción abstracta. Es la belleza que se niega a ser aniquilada, resistente y avasalladora.

Imagen: La Jiribilla

El artista se aproxima a estos paisajes —unos tomados en la vertiente costera del Pacífico costarricense y otros en algunos espacios cubanos— con humildad pero entonadamente. No hay manipulación, el punto de partida es la observación. Sin embargo, entre este momento contemplativo y la selección y plasmación del encuadre media una operación cultural, la de un creador consciente de la necesidad de establecer una relación conflictual con la realidad y compartirla con sus contemporáneos. Sobre este interés ha dicho: “Yo pienso que cada cual puede encontrar su propia relación personal con la naturaleza y sus formas de expresarlo porque normalmente sucede mucho en el paisajismo que la gente se queda en la mera reproducción comercial de la naturaleza y muchos desgraciadamente copian a otros pintores paisajistas y con ello niegan sus propias posibilidades como creadores”.

Con relación a la pintura de Tomás, el crítico Gerardo  Mosquera resaltó “una relación perfecta entre el hombre y el medio, entre lo objetivo y lo subjetivo, que nos hace sentir la calma de un equilibrio ideal entre elementos que se integran sin perder su identidad”. 

Sin embargo, quien aprecie las imágenes de Notas al paso difícilmente se deje arropar por el sosiego. Olas, espumas, peñascos, despeñaderos, nubes se conciertan tanto en su monumentalidad como en su precariedad. Como si de la afirmación ontológica se nos indujera a penetrar en los entresijos de una epistemología del paisaje.

Es así como el artista rebasa la instancia del encuentro casual con este o aquel fragmento de la realidad: Tomás Sánchez, al pintar con la fotografía, lejos de seducir, interroga e inquieta.

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