Gretell Barreiro

La sensibilidad del arte en función de otros

Guille Vilar • La Habana, Cuba

En el contexto universal de la música contemporánea, específicamente en la canción comercial, se ha abusado de la belleza femenina como el rasgo principal para colocar en los más altos niveles de popularidad a cantantes de moda —gestión provocada por una deshonesta campaña de marketing sobre las supuestas condiciones como vocalistas de verdaderas modelos.

Imagen: La Jiribilla

Por tal razón, se ha convertido casi en un precepto que, si lo buscado es un hecho artístico consecuente, entonces es recomendable no dejarse llevar por el hermoso rostro de una cantante. Sin embargo, la vida siempre se encarga de demostrar lo errado de cualquier posición fundamentalista. Desde el primer acercamiento a un concierto de Gretell Barreiro, me convencí de inmediato de cómo en una artista se pueden concentrar el mayor número de alabanzas posibles. Si bien es cierto que se trata de una muy atractiva y agradable mujer, durante sus actuaciones, despliega los atributos profesionales que, cual declaración de principios, apoyan su condición de cantante.

A Gretell se le conoce sobre todo como la autora de sus propias canciones, algunas de las cuales han sido llevadas a video clip como es el caso de “Tenerme”. Además, grabó un primer disco con la dirección musical de Dagoberto González, que bajo el título Soy, muestra una aproximación diversa al género de la canción; pero cuando en los conciertos aborda sus versiones de temas del rock clásico, acontece el hechizo propio del  desempeño de intérpretes de altura.

Alguien de tanta ascendencia en nuestra música como Bola de Nieve, afirmaba que, al exponer su sensibilidad en canciones de otros compositores, no las sentía ajenas sino como propias; semejante compromiso se puede palpar en sus grabaciones [1]. Si escogemos “La flor de la canela”, de Chabuca Granda; “La vie en rose”, de Edith Piaff y “Be carefull it´s my heart”, de Irving Berlin, bastan solo estas tres canciones para comprender por qué a quien no sea conocedor de su obra, puede resultarle difícil creer que no se trate de composiciones suyas, por la autenticidad manifiesta en cada una de las piezas en cuestión. Y, en tal sentido, Gretell profesa una fe similar a la de Bola de Nieve, al otorgarle la mayor honestidad al gesto de apropiarse de canciones consideradas leyendas del rock por medio de una acertada interpretación de estos covers.

A lo largo de la historia del género, escoger títulos de otros autores para ser trabajados desde perspectivas diferentes a la concepción original, es una opción habitual que, incluso, ha sido puesta en práctica por agrupaciones del mayor prestigio como Los Beatles, los Rolling Stones y Led Zeppelin. El famoso “Twist and Shout”, de Phil Medley y Bert Russell, alcanzó su mayor popularidad en la versión de Los Beatles; mientras que Los Rolling Stones en “It´s all over now” se alejan lo suficiente de lo concebido por Bobby Womack y Shirley Jean Womack para convertirlo en un clásico del repertorio del grupo. En cuanto a Led Zeppelin, para su primer disco, de 1969, considerado por la crítica como el de mayor impacto de toda su colección, sus integrantes deciden sin el menor sonrojo, colocar junto a composiciones propias, piezas de otros autores como es el caso de Willie Dixon, un cultor del blues de Chicago y sus piezas “I can´t quick you”  y “You shook me”, obras que en su conjunto, contribuyen a la explosiva presentación de un entorno sonoro diferente de lo que hasta entonces se concebía como música rock.

Imagen: La Jiribilla

En nuestro país, desde finales de los años 60 hasta la actualidad, músicos cubanos complementan sus composiciones con los mencionados covers del rock anglosajón.  Si el reproducir cualquiera de estos temas con la voluntad de tocarlo lo más parecido posible al original, constituye de hecho un homenaje, en donde la pasión proyectada decide la valía del esfuerzo, otra cosa es lo que han logrado Gretell Barreiro y su grupo.

Escuchar canciones como “Strawberry fields forever”, A day in the life”  y “Oh, Darling”, del dúo autoral Lennon/McCartney o “Message in a bottle”, de Sting en la voz de Gretell, es convertirnos en testigos del inspirado talento de la cantante, además del imprescindible apoyo de dotados instrumentistas. Se trata de una estudiada propuesta para hacer valer que este empeño de re-creación, nazca de una concepción ubicada más allá del intento de compartir nostálgicas añoranzas, al contener elevada dosis de creatividad como para dejar asombrado al espectador más escéptico. Los arreglos de la propia Gretell, compartidos con su guitarrista Miguel Comas, le otorgan un nuevo ropaje a canciones sumamente conocidas, vestimenta estructural que las hace sonar diferente; pero sin dejar de ser las mismas. En el contexto del rock que se toca en nuestro país, contados son aquellos músicos que asumen la audacia de transformar la presencia de piezas paradigmáticas de la música popular contemporánea y salir airosos.

Por si fuera insuficiente la expectativa creada por tales arreglos a obras de Los Beatles, de Pink Floyd o The Police, durante sus actuaciones, cada pasaje de una canción es acompañado del gesto corporal preciso, con la expresión que el rostro de Gretell reclama para cada momento específico, además de un dinámico desplazamiento por el escenario. Una vez más, regresemos a la prédica de Bola de Nieve, en lo relativo a la necesidad que tiene el cantante de creer en la verdad que cada pieza lleva por dentro.[2] Sentencias de esta índole nos confirman que Gretell, sencillamente, ha accedido a la verdad interior que contiene cada una de estas composiciones, única razón plausible para explicar su convincente interpretación.

A una joven artista del rango de Gretell Barreiro, le queda un largo camino por recorrer, matizado por la incesante búsqueda de quien como compositora no se reconoce en impedimento alguno para incursionar en la multiplicidad de géneros y estilos, actitud que le reserva prometedores augurios. Por lo pronto, entre sus proyectos inmediatos se encuentra la grabación de Voy, su segundo disco, además de la realización de un DVD a voz y piano para el sello Colibrí. Para noviembre del 2014, con motivo del 80 aniversario del natalicio de su abuelo Carlos Fariñas, traerá a la actualidad, en diferentes discos, la obra que para piano, para el cine cubano y para la música electroacústica dejara plasmada el insigne creador cubano.

No obstante, el impactante resultado de sus versiones a canciones reverenciadas como monumentos del rock, ha marcado un hito en la escena musical del momento al compartir, quizá sin saberlo, la intuición de Bola de Nieve en relación con las obras ajenas: “Yo entiendo por arte, dar las cosas como uno las siente, poniendo al servicio del autor la propia sensibilidad, y establecer esa corriente que hace que el público ría o llore, o guarde silencio”. [3]

 

[1] “Cuando interpreto una canción ajena no la siento así. La hago mía. Yo soy la canción que canto; sea cual fuere su compositor. Por eso cuando no siento profundamente una canción, prefiero no cantarla. Si yo canto una canción porque está de moda, pero no la siento, entonces no la puedo transmitir, no le puedo dar nada a quien me escucha”. Fernando Rodríguez Sosa. “Bola con su sonrisa y su canción”. Revolución y Cultura. Octubre de 1971. P. 21
[2] “Yo digo lo que la canción tiene por dentro. La verdad. Lo interior, aquello en lo que uno cree integra, radicalmente. Y estoy convencido de que lo único que se impone en el mundo, es la verdad”. Raul Nass en “El fabuloso Bola de Nieve”. La Prensa. New York. 9 de septiembre de 1956.
[3] Fernando Rodríguez Sosa. “Bola con su sonrisa y su canción”. Revolución y Cultura. Octubre de 1971. P. 21

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato