El Pensamiento, orgullo de la prensa matancera

Cira Romero • La Habana, Cuba

La calle Medio, en la ciudad de Matanzas, sigue siendo la arteria principal de la urbe yumurina, como lo fue en los siglos anteriores, animada hoy con los más variados comercios. En el siglo XIX, exactamente en 1828, al fundarse el periódico  La Aurora de Matanzas, su sede radicó en un local ubicado en esa calle que, posteriormente, pasó a ser la librería El Pensamiento, hace poco tiempo completamente remozado. El nombre de la librería proviene de una revista homónima que era “quincenal de ciencias, literatura, bellas artes, crítica seria e intereses generales”, publicada por vez primera el 15 de agosto de 1879 bajo la dirección de Nicanor A. González, matancero, maestro y colaborador de otras publicaciones como La Libertad y Diario de Matanzas. Fue autor de poemas y de un “ensayo escénico en cinco actos” titulado El éxito de un drama (1883).

En el “Introito” aparecido en dicho número expresaba el director, entre otras observaciones:

"Las bellas artes, la literatura y la crítica razonada tienen en nuestra lista de colaboradores paladines que han hecho ya sus pruebas, por las que han merecido aplausos de propios y extraños. Muchos y muy buenos trabajos tenemos en nuestro poder para dar vida a El Pensamiento [...]".

Y más adelante añadía:

“... tenemos algunas reliquias literarias salvadas del oleaje del tiempo, que daremos a nuestros lectores en prueba del aprecio que nos merece el apoyo con que garantizan la existencia de nuestra publicación. Entre esos tesoros figura una serie de cartas del primer poeta cubano—, del inmortal Heredia; que reproduciremos de un periódico que se publicaba en la Habana hace medio siglo [...] Reproduciremos además otros muchos trabajos en prosa y en verso, con cuya inserción en El Pensamiento queremos tributar público testimonio de admiración a sus autores, y refrescar su memoria en los corazones de todos los que amen las glorias patrias”.

El Pensamiento publicó poemas, narraciones, trabajos sobre arte, historia, crítica literaria. Asimismo, los adelantos científicos del mundo fueron reflejados en sus páginas, dando a conocer artículos sobre meteorología, geografía, educación, ciencias naturales y extractos de trabajos publicados en revistas extranjeras. El bibliógrafo matancero Carlos M. Trelles, en su obra Bibliografía cubana del siglo xix (1914), afirmó que “Es una de las mejores revistas que se han publicado en Matanzas”.

Prueba de la anterior aseveración son las firmas que contribuyeron a darle ese prestigio: Enrique José Varona, Rafael María de Mendive, Antonio Bachiller y Morales, Esteban Borrero Echeverría, Antonio Zambrana, Emilio Blanchet, Federico Milanés, Nicolás Heredia, Enrique Piñeyro, Bonifacio Byrne y dos poetisas, Mercedes Matamoros, no tan olvidada,  y Catalina Rodríguez de Morales, nombre que pocos conocen y reconocen.

Nacida en Madruga, perteneciente hoy a la provincia de Mayabeque, Catalina Rodríguez vivió algún tiempo en La Habana y después se estableció en Matanzas, donde en 1865 recibió un premio por su oda “Al trabajo”. Viajó por Europa en compañía de su esposo, también escritor y científico, Sebastián Alfredo de Morales, y perteneció a las secciones de literatura de las sociedades Recreo de Pueblo Nuevo y Liceo de Matanzas, del cual fue socia de mérito. En esa ciudad dirigió el periódico quincenal El Álbum y colaboró en publicaciones habaneras. Escribió obras para el teatro como la comedia en verso Hijo único (Matanzas, 1884). A ella se debe también el Libro de las niñas (1892), escrito para las infantes que asistían a los colegios, y que contenía “lecturas amenas” sobre educación y moral.

Sus colaboraciones para El Pensamiento fueron muy frecuentes, influidas casi todas por un romanticismo tardío del que también participaron voces como la de Aurelia Castillo de González. Al repasar las páginas de la revista  aparecen composiciones de Catalina como las tituladas “Delirio”, “A Camila Sobrado”, “Sátira a Elisa”, “A la luna”, “Oh, ilusión” y “El canto de la mendiga”, de la cual reproducimos un fragmento:

Mi herencia es la amargura, mis ojos son dos ríos,

Mi mundo es la tristeza, mi lema es el dolor,

piedad de mis congojas, piedad, hermanos míos,

Que abruman los pesares mi enfermo corazón.
 

Tormentos insufribles me acosan inhumanos,

Sin pan está  mi mesa, sin lumbre está mi hogar:

Piedad de mis tormentos. ¿Sabéis lo que es, hermanos,

Pedir de puerta en puerta con lágrimas el pan?
 

Vagando a la ventura, llorosa y solitaria,

Escucho la campana, llamando a la oración,

Al cielo elevo entonces mi férvida plegaria

Sintiendo desgarrarse mi humilde corazón.

[...]

Tormentos insufribles me acosan inhumanos:

Sin pan está mi mesa, sin lumbre está mi hogar;

Piedad de mis tormentos. ¿Sabéis lo que es, hermanos,

Pedir de puerta en puerta con lágrimas el pan?

La crítica ha expresado que Catalina Rodríguez de Morales

"fue algo más que una aficionada dentro de la inmensa legión de mujeres que en el pasado siglo cultivaron la poesía en nuestro país. La literatura fue para ella vehículo expresivo de su mundo interior, no simple entretenimiento de mujer ociosa. Si bien no se le puede considerar una escritora que sentara pautas en nuestro modo específico de percibir y expresar la realidad mediante formas artísticas, sí se inscribe modestamente en nuestra tradición decimonónica de acercamiento amoroso a la naturaleza y de reflejo de los afanes de independencia de la metrópoli española. Por otra parte, notas de contenido social que se recogen en algunos de sus poemas [...], así como en trabajos en prosa, evidencian  preocupaciones sociales sobre la suerte de los esclavos, los obreros y los desposeídos en sentido general".

De Mercedes Matamoros El Pensamiento recogió poemas como el titulado “Venus”, incluido después en sus Poesías completas (1892):

    Del bosque umbrío bajo el manto espeso

que la luna alumbraba misteriosa,

dormida al parecer, hallé a la diosa

de ligero cansancio al dulce peso.

    Despertarla intenté de su embeleso,

por saber si era tierna cuanto hermosa;

y con blando rozar de mariposa

dejó mi labio en su mejilla un beso.

    Mas ¡ay! que inmóvil continuó callada;

y viendo yo mi aspiración burlada,

junto a la estatua yerta sentí frío;

y aunque seguí admirándola por bella,

como el alma inmortal no hallaba en ella,

al fin mi admiración volvióse hastío...!

El Pensamiento puede ser repasado hoy como una verdadera publicación antológica de poesía, pues en sus páginas colaboraron las firmas más prestigiosas del género en aquellos años. Lamentablemente problemas financieros obligaron a su director a darla por concluida con el número correspondiente a septiembre de 1880.

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