El Centro Pablo en el evento Ania Pino in memorian

Los locos necesarios

Gabriela Sotolongo • La Habana, Cuba

Era un evento teórico y podía haber sido, como muchas veces ocurre, aburrido. Pero quizás porque se trataba de compartir con gente joven y de hablar de la locura imprescindible en todas las épocas y en todos los tiempos, la participación del Centro Pablo el domingo 10 de noviembre en la tercera edición del concurso y evento teórico Ania Pino in memorian devino hermosa y aleccionadora.

Imagen: La Jiribilla

Como explicó el director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Víctor Casaus, la institución quiso este año tener una participación mayor, por la condición de ser un evento joven y por la admiración que siente por la gente que realiza proyectos como este, contra viento y marea.

Así, además de la donación de libros para los ganadores del concurso, este año el Centro participó en el evento teórico con la presentación de tres de los títulos de su editorial vinculados al audiovisual y, específicamente al cine: El Noticiero ICAIC y sus voces, de Mayra Álvarez; Desde los sueños. Una experiencia audiovisual comunitaria y participativa, de Daniel Diez Castrillo; y Eladio Rivadulla: carteles de cine (1943-1963), de Jorge. R. Bermúdez.

La editora jefa de Ediciones La Memoria, Vivian Núñez, recordó que el libro dedicado al Noticiero ICAIC ya fue presentado en la pasada feria del libro y que constituye un homenaje a ese acontecimiento inédito e irrepetible en la historia del cine cubano dirigido por Santiago Álvarez. “Se iba entonces al cine, a veces más, para ver el noticiero que para disfrutar de la película”, rememoró. También señaló que en el caso de los otros dos títulos, se presentan ahora por primera vez y que los tres se mostrarán en el próximo Festival Internacional de Cine de La Habana.

Por su parte, Daniel Diez Castrillo, fundador de la Televisión Serrana, aseguró que en su libro trató de hablar de lo que es el proceso de creación, de la realización de un documental, de la imprescindible investigación para llegar a las esencias de cualquier fenómeno.

Recordando los tiempos en que fundó esa televisora, añadió que “todo el mundo me decía que yo estaba loco cuando me fui para la sierra y por suerte a lo largo del camino me he encontrado gente que pertenece a ese mismo psiquiátrico, gente loca como a la que se les ocurrió crear el Centro Pablo.

Tras destacar la importancia de la labor comunitaria, Diez Castrillo apuntó que “hay elementos de nuestra identidad, de nuestra vida, de quiénes somos que no se conocen; hay que ir a buscar a las comunidades las esencias de los seres humanos, esencias de lo que se ha producido en esos lugares y resaltarlo: eso es lo que yo traté de hacer hace 20 años con la Televisión Serrana”.

“No solo me tildaron de loco, sino que auguraban que la Televisión Serrana no duraría tres meses, que se agotarían los temas; 20 años después todavía hay muchas cosas que decir”, destacó, tras asegurar: “creo en el trabajo comunitario, creo en la televisión alternativa, y creo que es la única posibilidad de poder llegar a la Cuba profunda, esa donde todos opinan, todos tienen algo que decir, todos tienen algo que contar y no los escuchamos”.

“Dijo Martí que para ser un hombre hay que haber tenido un hijo, sembrado un árbol y escrito un libro; entontes parece que yo empiezo a ser un hombre a partir de ahora”.

Imagen: La Jiribilla

Víctor Casaus, por su parte, compartió con Daniel “ese grado de locura imprescindible para la creación  y para la vida”, al recordar que cuando en 1996 le mostró a algunos amigos el proyecto que había elaborado para la creación del Centro Pablo, uno de ellos le comentó: “Está muy bueno, es la obra de un loco”.

“Nos sentimos muy contentos de mantener ese grado de locura que está generalmente asociado a los jóvenes”, afirmó, y rememoró que en el empeño fundacional de la institución que él dirige está propiciar y apoyar el trabajo de los jóvenes en diferentes áreas, como la nueva trova, el arte digital, la literatura, el cartel.

“Por eso eventos como este son tan importantes y por eso el Centro Pablo quiere estar presente en ellos para apoyar esa voluntad de diálogo, de discusión, de crítica, de análisis de lo que nos rodea, porque es una necesidad, no solo de los jóvenes, sino de toda la sociedad, de todas las generaciones”.

“Como sabemos –expresó– encarar esos desafíos no siempre es fácil y no siempre se encuentra la comprensión, ni siquiera el análisis justo; a veces lo que se encuentra es la incomprensión, las exclusiones; la historia de la vida está llena de esas cosas”.

En ese sentido compartió con los presentes en el evento, mayoritariamente jóvenes, una anécdota del trovador Silvio Rodríguez, quien al  inicio de su carrera fue llamado al ICRT por un funcionario que le informó que tenía prohibido actuar en los medios. Recordó Casaus que caminando por todo 23, a la altura de Paseo, Silvio se detuvo y dijo –mejor gritó–: “Pero, ¿qué coño se cree este tipo, que él es el dueño de la revolución?”. “Con ese criterio siguió trabajando, siguió creando, y no tengo que decir lo que aporta a la cultura cubana y a esta manera de ver la realidad”, puntualizó el director del Centro Pablo.

Sobre el libro Eladio Rivadulla: carteles de cine (1943-1963), significó que el texto tiene para la memoria un valor extraordinario, por ser Rivadulla uno de los fundadores de la cartelística cubana y un antecedente cultural de lo que sería la escuela de carteles creada por el ICAIC.

“Gracias a la consecuencia y el amor con el que Mercy, la hija de Rivadulla, ha guardado la obra de su padre y trabaja por la difusión de ella se pudo hacer este libro, y también por la labor de su  autor, el profesor y crítico Jorge R. Bermúdez”, afirmó.

Haciéndose eco de la importancia de la comunidad destacada antes por Diez Castrillo, Casaus consideró que en torno al Centro Pablo se han creado comunidades de creadores, fundamentalmente jóvenes, que acompañan a la institución en su diverso quehacer.

“Todos los integrantes de esas comunidades pertenecen a la categoría de los locos.  A esa locura creadora que muchos de ustedes encarnan y que ojalá no pierdan nunca queremos dedicar esta presentación del libro de Rivadulla sobre el cartel cubano de cine”.

En la jornada de clausura del evento, el Centro Pablo cerró su participación en el mismo con la entrega del Premio Audiovisual Memoria Joven. El jurado, integrado por Casaus y por el maestro Raúl Rodríguez, entregó una Mención a Secuelas, de Lissy Rodríguez y Elizabeth Velázquez, “por su propósito de plantear y analizar, a través de voces testimoniales, un sensible tema de interés social y cultural de nuestros días”, en tanto el Premio recayó en Mi saoco, de Eliecer Jiménez Almeida, “por construir una imagen viva y múltiple de la memoria de uno de los mayores músicos cubanos de todos los tiempos, Benny Moré, a través de un amplio trabajo de investigación y de una realización cuidadosa”.

El premio entregado fue una reproducción hecha en grabado por Luis Miguel Valdés -pionero del arte digital en Cuba y una de las personalidades que ha recibido el Premio Pablo- de una de sus primeras obras digitales realizadas en su taller en el ISA, a finales de los 80.

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