Una clase de humanidad

Marta Campos • La Habana, Cuba

Hace poco recordaba a Teresita en su peña del Parque Lenin, cada domingo. Allí empecé a conocerla. Lo que más me maravilló, además de su obra para niños y para adultos, fue su pedagogía en la escena, en la canción. Cada canción era una clase de humanidad.

Teresita era muy martiana, sentía un profundo amor por él y su obra. Y en la escena siempre lo evocaba.

La recuerdo con tremendo cariño porque para nosotros ha sido la gran maestra de la canción, de la vida, de la cual le gustaba mucho hablar. Era también muy amante de la historia, de los pueblos latinoamericanos. Ella estaba muy identificada con los pueblos indígenas, porque su obra era así.

Recuerdo muchas cosas hermosas que viví con ella. Hay como tres videos que grabamos juntas en la televisión. Uno de ellos fue en el Teatro Amadeo Roldán con Liuba y otros trovadores; y el otro con Angelito Quintero.

Era muy ocurrente. Siempre me decía que le gustaba mucho cómo tocaba la guitarra, y yo me reía, porque claro, si la estudié, quería hacerlo bien. Pero ella era así. Y por lo menos para mí siempre va a ser un ejemplo.

Imagen: La Jiribilla

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