Una cubana de honestidad extrema

Carlos Alberto Cremata • La Habana, Cuba

Yo era vecino de Teresita y tengo muchas anécdotas de ella. Era contestataria, pero todo lo que decía era desde el corazón, porque mujer más revolucionaria que ella no había. Teresita es la última que se fue de los tres grandes de la música infantil en América Latina; y diría que en Iberoamérica: Francisco Gabilondo Soler, maestro de muchas generaciones, incluso de Teresita; María Elena Walsh, en Argentina; y la tercera es la cubana, la última que nos deja.

Imagen: La Jiribilla

La Colmenita tiene en planes producir uno de estos espectáculos de historietas con Elpidio Valdés que hacemos, pero dedicado a cada uno de esos tres grandes.

Fui testigo del acercamiento de muchos niños de La Colmenita a ella, que era de esas creadoras que no solo amaba a los niños en sus canciones, sino también en el trato exquisito que les dispensaba, en el respeto tremendo que les tenía. Ella no los consideraba inferiores, ni personas en crecimiento; los consideraba igual a ella y les hablaba igual que a los adultos, siempre con extrema honestidad.

Porque era una persona de una tremenda honestidad, como fiel habitante de Santa Clara, pues casi todas las personas que conozco de allí se caracterizan por eso. Siempre digo que son grandes maestros. Teresita era una maestra de Santa Clara, una de verdad.

Otra cosa que marcaba mucho su persona era su generosidad. Fui testigo, por la cantidad de veces que fui a su casa con Liuba (María Hevia), de muchos momentos en que intentaba regalarle su guitarra, y Liuba la convencía una y otra vez de que esa guitarra tenía que estar con ella. Porque ella muy generosa; quería regalar todo, dar todo.

Le tenía pánico a los truenos. Aunque tuviera la actividad más importante del mundo, si estaba tronando, ella no iba. Eso también lo viví muchas veces. Ella cuenta la anécdota sobre eso en el libro Yo soy una maestra que canta.

Tuve la oportunidad de disfrutar de su amistad. Y fue realmente un privilegio escucharla hablar muchas veces, en su lenguaje descarnado y natural. Lloré mucho, en silencio, porque también me dijo cosas muy fuertes, desde el fondo de su corazón. Estoy seguro de que era incapaz de decir mentiras; todos reconocen eso.

Fue la maestra de todos nosotros, con la que creció mi generación. Y eso era algo que a ella le gustaba decir, que muchas generaciones crecieron con sus canciones para niños, y con otras, que no se conocen tanto, para adultos, pero que son increíbles. Ojalá esta triste despedida sirva para estudiar más esa parte de su trabajo.

Me alegro de que los niños de La Colmenita hayan podido compartir escenario en más de una ocasión con Teresita. Puedo decir que, de la misma forma en que queremos que los niños estudien mucho y sean como Martí y Celia Sánchez, sucede igual con Teresita Fernández. Es una cubana de ese calibre y de esa estatura.

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