Francisco de Calona: Maestro mayor
de las obras de La Habana

Josefina Ortega • La Habana, Cuba

El 27 de abril de 1577, ante una discreta congregación de notables ciudadanos, militares y autoridades eclesiásticas de la villa de San Cristóbal de La Habana, un escribano llamado Gaspar Pérez de Borroto leía ante notario el acta que daba por terminado, oficialmente, El Castillo de la Real Fuerza.

Entre los firmantes del documento estaba don Francisco de Calona, maestro mayor de las obras de la ciudad, quien había tenido a su cargo la responsabilidad de la construcción de la mayor parte de dicha fortaleza.

Sin embargo, se cuenta que poco después el rey Felipe II enviaba un emisario secreto para conocer en verdad el estado de terminación de La Fuerza, tal vez por la suspicacia provocada ante la cantidad de cartas recibidas con quejas de irregularidades en su construcción.

“…un patio demasiado pequeño, de solo veinte pies en cuadrado… su muralla demasiado cerca del mar… y una colina del lado opuesto del canal, desde la cual el enemigo puede cañonear con éxito”, decía entre otras cosas un informe recibido por el monarca español.

Y es que, en realidad, la edificación del Castillo de la Real Fuerza, y sobre todo sus constructores, sufrieron tal cantidad de contratiempos que pudieron haber dado al traste su terminación.

Según se dice, después de siete meses de viaje, el 11 de junio del año 1562, llegaba a La Habana Francisco de Calona, nacido en Alcalá de Guadaira, Sevilla, con la encomienda de terminar una fortaleza iniciada cuatro años antes —el 1 de diciembre de 1558—, por el ingeniero Bartolomé Sánchez.

Sucedió que Sánchez, después de un montón de dimes y diretes, fue destituido por una orden del rey Felipe II y cumplida con diligencia por el gobernador de entonces, Diego de Mazariegos.

Al llegar Calona a La Habana, efectivamente, las obras andaban aún en las primeras piedras, y es que parecía que un dudoso destino le estaba deparado a la fortificación, porque el elegido para hacerla había sido un afamado ingeniero militar llamado Jerónimo Bustamante de Herrera, quien a última hora no pudo venir. A su sucesor, el aludido Sánchez, elegido por la princesa doña Juana de Austria, se le acusó de ser un individuo de trato difícil y obrar dudoso y las quejas al rey fueron tales que éste optó por buscar otro menos conflictivo.

Fue así que, recomendado por Fernán Ruiz El Mozo, Maestro Mayor de la Catedral de Sevilla, era enviado a la Habana Francisco de Calona para terminar la construcción del Castillo de La Real Fuerza. Llegaba el nuevo hacedor de fortalezas con fama de tener habilidad  y suficiencia, además de poseer cordura y templanza y venía además con el cargo de director de la fortaleza. Cuarenta y cinco  años después moría en la ciudad de La Habana con el título de Maestro Cantero y Maestro Mayor de las Obras de la Ciudad.

Ciertamente, Calona vivió en La Habana durante nueve lustros y dejó para la posteridad una fortaleza que con orgullo hoy exhibe la capital cubana, como uno de sus principales tesoros y como la construcción más antigua que pueda verse.

Sin embargo este personaje dejó  tras de sí una estela de murmuraciones, reclamaciones y acusaciones que no le dieron paz en buena parte de sus años cubanos.

No vamos a pensar, como bien dice el autorizado investigador Pedro A. Herrera López, que Calona fuera intachable y perfecto, pero fue un buen hombre, envidiado, calumniado y perseguido por sus enemigos. “No obstante, se desempeñó como un obrero altamente calificado en su oficio de cantero, y a la vez se reveló como arquitecto, ingeniero y astrónomo, lo que demuestra que sus conocimientos sobre Matemáticas no eran comunes”.

La primera reclamación que se le hizo fue que no había ido a ver las obras del Castillo de la Fuerza inmediatamente después de su llegada y no se le había descontado de su sueldo dinero alguno.

Otra fue la de no darse cuenta de que las hiladas de las primeras piedras de la  fortaleza no eran correctas. Por el supuesto error en la colocación de las piedras el gobernador Mazariegos le forzó a rehacerlas y a pagar los salarios de su bolsillo.

Y luego vendría una ristra de calamidades, que lo llevarían a prisión —la primera vez—a consecuencia de haber entregado por orden de un superior, herramientas  a soldados, en vista de que no había suficientemente mano de obra para encarar el foso del castillo.

Muchas fueron las amarguras que padeció Calona como constructor, sobre todo ante la falta de dineros con que pagar la mano de obra y algunos insumos para trabajar.

De tal modo que, en carta al rey, el 26 de enero de 1574, Francisco de Calona escribía sobre “… los que acá están sin pagar y aún sin tener que comer porque son hombres pobres que no tienen hacienda sino su trabajo”.

En la misma carta refiere al rey que los esclavos traídos de Santiago de Cuba habían llegado enfermos de viruelas.

Pero igualmente las misivas enviadas al rey con quejas sobre Calona no cesaban, incluso en una de ellas lo acusaban de ser un jugador empedernido que siempre estaba en deudas.

Tuvo en los años posteriores difíciles momentos, a causa de la malquerencia del gobernador Gabriel de Montalvo, quien escribió al rey su deseo de despedirlo por su alto sueldo y por no tener ya mucho que hacer. Calona por su parte explicó de la conveniencia de hacer obras mediante cantería, más difícil y lenta pero más sólida.

Otra de las obras que realizó Calona fue la Zanja  Real, para llevar el agua desde La Chorrera, en un recorrido de más de dos leguas, hasta el centro de la Villa.

Pero esta obra presentó numerosos contratiempos hasta culminar en 1591. Gracias a Calona se dieron soluciones inteligentes —al paso de la zanja por una ciénaga—, construyendo una pequeña presa o husillo que evitaría la contaminación por las aguas estancadas, evitando así la proliferación de epidemias.

Cuando se terminó, sin embargo, se colocó una tarja que reconocía en su realización al Maestre de Campo don Juan de Texeda y que aún puede verse  empotrada en la pared de una esquina del viejo Callejón del Chorro.

Tal vez la peor de todas las malquerencias que sufrió Calona fue a consecuencia de las pésimas relaciones sostenidas entre el gobernador Gabriel de Luxán y el alcaide Diego Fernández de Quiñones, pugna que arrastró a muchos habitantes de la villa a definirse por uno u otro bando.

Se cuenta que un día de septiembre el gobernador ordenó encarcelar a Francisco de Calona con graves acusaciones de malversación y asesinato de don Francisco de Carreño, anterior gobernador, cargo en el que también se intentó implicar a doña Leonor de Peralta, esposa de Calona, pero todos sabían que la verdad era que el gobernador Luxán–autor de semejante infamia- intentaba desacreditar y destruir al constructor.

Relatan que el alcaide Fernández de Quiñones intentó convencer por las buenas al gobernador de soltar al prisionero, pero ante las reiteradas negativas y viendo que la prisión del maestro cantero se prolongaba, el alcaide optó por recurrir a la fuerza y con un piquete de soldados, entró en la cárcel, un día a finales de noviembre, cargó con Calona y lo puso a trabajar en las obras. Entretanto las cartas enviadas al rey por ambos contendientes cruzaban el océano unas tras otras. Una de las cartas escritas por el propio Calona decía “porque lo que acá todos tenemos es que (el gobernador) desea la perdición del dicho alcaide y fuerza”.

Todo el terrible episodio terminó en 1589 cuando llegaba a la Habana don Juan de Texeda como nuevo gobernador.

A partir de entonces Calona recibió mayor reconocimiento. Fue confirmado por el rey como Maestro Mayor de las obras de la ciudad, con su salario de 800 ducados anuales, y pudo desarrollar su actividad como constructor con menos contratiempos, hasta su fallecimiento en el mes de junio de 1607, a la edad de 79 años.

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