48 horas con Korimakao

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: Ingrid Arcos

Dos días no alcanzan para tener una idea exacta —aunque sí bastante aproximada— del impacto que, a nivel de comunidad, tiene la existencia del Conjunto Artístico Comunitario Korimakao, que desde hace 21 años se asienta en Pálpite, poblado de la Ciénaga de Zapata, el municipio más grande de Cuba y, a la vez, el menos poblado.

Imagen: La Jiribilla

La Ciénaga

La Ciénaga de Zapata, un ecosistema pantanoso, es el mayor humedal del Caribe insular con un espacio aproximado de unas 300 mil hectáreas y forma parte de las regiones verdes mejor conservadas del archipiélago.

La vegetación de la Ciénaga constituye una de las áreas verdes más importantes de Cuba y, por las especies de la flora y la fauna que alberga, representa un lugar de interés mundial. También está reconocida como Parque Nacional y Región Especial de Desarrollo Sostenible; posee uno de los mayores reservorios de agua dulce del país y cuenta con una población de apenas 9000 personas con una densidad de 6 habitantes por kilómetro cuadrado, la más baja tasa de la nación.

Imagen: La Jiribilla

Korimakao

El Conjunto nace en 1992 por iniciativa y bajo el amparo del Comandante Faustino Pérez —a cargo de implementar planes de desarrollo estratégicos en la región— quien propuso generar un movimiento artístico en la Ciénaga: “no se concibe el progreso de una localidad sin la participación del arte”, afirmaba y le pidió colaboración al destacado y reconocido actor cubano Manuel Porto, quien convocó a un grupo de jóvenes para materializar esa aventura que, por muchos, fue calificada como “quijotesca”. Desde el comienzo, Korimakao tuvo el propósito de llevar el arte a las comunidades. Y lo ha logrado: el impulso dado por Porto —que hoy no está en funciones por problemas de salud— lo continúa Yander Roche, actual director artístico general, quien afirmó a esta reportera que “Korimakao no es un trabajo sino un estilo de vida y una forma de pensar. Cuando hay una urgencia puedes convocar de inmediato porque la gente vive aquí y todo el mundo está todo el tiempo dispuesto para la creación y la experimentación artísticas”.

Imagen: La Jiribilla

Una de las características del Conjunto es que durante 11 meses permanecen viviendo juntos por lo que se han convertido “en una comunidad dentro de la propia comunidad de la Ciénaga”, mientras que, constantemente, experimentan y buscan nuevas fórmulas para encontrar cercanía con los pobladores de la Ciénaga y lenguajes que, también, faciliten la comunicación con otros públicos menos locales.

Korimakao es, además, una fuente de trabajo para la comunidad porque muchos de sus pobladores están vinculados con el conjunto que, durante más de dos décadas, desarrolla una labor sistemática con niños y jóvenes de la zona encaminada a procesos de creación pedagógica de diversos tipos. Durante dos meses al año, dice Yander, “nos movemos por todas las comunidades de la Ciénaga y convivimos con esas personas: comemos en sus casas, dormimos en los portales o en las salas; nosotros les entregamos un producto artístico y, a la vez, compartimos la vida con ellos durante 60 días. El resto del año, tenemos un grupo de presentaciones y acciones puntuales que inciden en la vida y la dinámica artística y cultural de la región y eso influye en la elevación del gusto estético y en los niveles de apreciación y de entendimiento del arte en toda su magnitud de los pobladores de la Ciénaga de Zapata”.

Imagen: La Jiribilla

Korimakao posee un grupo de danza (15 bailarines, 2 coreógrafos y un especialista principal de danza), una orquesta (18 músicos, un director de orquesta, un director de coro y un especialista principal de música), un Departamento de Artes Plásticas (5 jóvenes egresados de la Escuela de Instructores de Arte de Matanzas y de la Academia José Joaquín Tejada, de Santiago de Cuba, carpinteros y escenógrafos), un Departamento de  Diseño (que incluye vestuaristas, diseñadores de muñecos, costureras y maquillistas), un Departamento de Teatro (11 actores, 3 directores de teatro y 1 especialista principal) y otro de audiovisuales. En total Korimakao tiene una plantilla de 180 personas, 120 dedicadas al trabajo artístico y 60 de apoyo y servicios.

El sueño

Desde el 2001, Korimakao tiene un sueño: fundar el Primer Centro Internacional de Arte Comunitario y es que “este lugar tan espacioso se construyó pensando en ese concepto, idea que no se ha podido materializar porque no han estado dadas las condiciones para estos efectos”, subraya Yander Roche.

La nueva política económica del país exhorta a una sustentabilidad, “tal vez es la coyuntura —dice— para proyectar esta idea para que grupos de todas partes del mundo puedan venir a intercambiar experiencias, vivir procesos de creación o de formación y que esos intercambios de diferentes modalidades también se puedan comercializar”. Sin duda, un sueño hermoso que ojalá se materialice y aunque, ciertamente, la inversión está hecha (me refiero al alojamiento, los salones de ensayo, la galería de arte, las aéreas verdes y el comedor) es imprescindible mejorar muchísimo las condiciones de mantenimiento de la instalación, así como el acceso más rápido y eficaz de las comunicaciones, entre otros aspectos que tienen que ver con la  infraestructura de la institución y que son imprescindibles si se piensa en un Centro Internacional de Arte Comunitario.  

Toma y daca en Korimakao

La idea, me cuentan, surgió de manera informal y fue tomando cuerpo: un grupo de trovadores habaneros iría a la Ciénaga y, durante dos días —lunes 4 y martes 5 de este mes—, compartiría e intercambiaría con “la gente de Korimakao”: sería un toma y daca en el mejor sentido. Y así ocurrió, gracias, esencialmente, al apoyo del Instituto Cubano de la Música y al empeño de Korimakao.

Se realizaron dos encuentros: al primero acudió una abultada representación de los habitantes de Pálpite, algo que sorprendió mucho porque fue un público respetuoso que se mantuvo muy atento a lo que acontecía en el escenario y también interactuó de manera orgánica con los músicos, algo que denota que están acostumbrados a encuentros de este tipo. Eso se debe, seguramente, a la labor sostenida de Korimakao.

El segundo encuentro fue más cerrado, para “compartir a lo corto”, como alguien dijo, y conocer más de cerca el trabajo musical que desarrolla la orquesta de Korimakao que está compuesta por Yoxgiel Martínez (director de la orquesta y pianista), Yenier Zumeta y Carlos A. Landeaux (bajo), Luis Blanco (guitarra), Eldis Herrera (tres), Rodisley Navarro, Gustavo David Linares, Rodisley Navarro, Pedro Crespo, Efraín Pérez (trompeta), Jalieski Delgado (teclado), Osvel López (batería), Yoandry Batista (saxo), Suraimi Milián, Yosmaikel Carrillo, Jorge L. Navarro, Dariel Roig (voces).

El lunes 4, a pesar de la amenazante lluvia, comenzó la descarga —iniciada a las 9 de la noche y terminada 4 horas después—. Fidel Díaz Castro, director de El Caimán Barbudo y persistente promotor de la trova, presentó los dos últimos números de la revista y comenzó a “hilvanar” el concierto.

La poetisa Thais Guillén, en representación de la Asociación Hermanos Saíz, leyó algunos poemas que combinó con varios temas del trovador Richard Gómez quien se acompañó de músicos de su banda —Yoelsys Amiel (guitarra eléctrica) y David García (percusión)—. Luego Ángel Quintero —a guitarra limpia— interpretó algunas canciones ya antológicas de su autoría y evocó los momentos fundacionales del Movimiento de la Nueva Trova: “Este encuentro me recuerda a otros similares realizados en los 80 y, aunque las condiciones han cambiado radicalmente, es muy hermoso y estimulante el compartir canciones y estéticas sin prejuicio alguno”. Angelito interpretó, además, poemas de la adolescencia de José Martí, que fueron muy aplaudidos.

Paloma Enríquez —sicóloga y profesora de la Facultad de Sicología de la Universidad de La Habana— hizo su versión de “Contigo en la distancia”, del maestro César Portillo de la Luz y, aunque es “aficionada” en cuanto a calidad no quedó por debajo de lo que estéticamente se estaba proponiendo.  

Luego, llegó el Dúo Jade (Maigre Bourricaudy y Yanaisa Prieto), que tiene una cubanísima y delicada manera de enfrentar la canción y un elaborado trabajo de empaste vocal: las muchachas de Jade, arrancaron también aplausos. Después Ariel Díaz, trovador con inteligente lírica y autor de canciones de profunda hondura regaló varios temas compuestos recientemente y que se refieren a aspectos puntuales de la Cuba de hoy. Ariel sorprendió al incluir en uno de los temas al rapero Jorge Díaz (Jorgito Camancola). Fue un  momento de gran comunicación con el público.

 

Daniel Xacharias es un músico brasileño que en Sao Pablo trabaja con las compañías de teatro Do Miolo y Pauliceia, que asistieron a la recién concluida 15 edición del Festival de Teatro de La Habana. Daniel se sumó con el  cavaquinho, un hermoso instrumento de cuerdas que se emplea en la música folclórica brasileña. Daniel, de sólida formación académica y con gran dominio de la guitarra, se insertó muy bien al espectáculo y acompañó a varios de los trovadores y se fusionó con el quehacer de Jorgito, el rapero. En este “bloque”, Ariel Díaz se sumó con su armónica, instrumento que domina muy bien.

La trovadora Marta Campos, quien fue una de las promotoras de esta “expedición trovadoresca” a la Ciénaga, interpretó varios de sus temas y puso a bailar al público con esa gracia que la caracteriza. Marta se acompañó de la banda de Korimakao y fue, realmente, un momento de fusión. Por su parte, la joven Ivette Letusé, acompañada de Carlos Lara (piano), Miguel Mateo (percusión) y Sheila Vives (bajo) por su particular registro, mereció aplausos.  

Imagen: La Jiribilla

La noche no podía tener mejor cierre que con Tony Ávila, trovador muy popular y que exhibe un trabajo apegado a lo más tradicional del género guaracha. Pero, tal vez, lo que más gusta de Tony es su manera de relacionarse con el público. La gente de Korimakao se la puso difícil al pedirle dos temas compuestos varios años atrás: “Campesino” (que dijo escribió cuando era custodio de la Empresa de Petróleos de Matanzas) y “Babalao”. El público, que obviamente conoce muy bien la obra de Tony, pedía más y más y él con el desenfado y la gentileza que lo acompañan complació a todos. No podía ser de otra manera: “La choza de Chicha” puso punto final a la descarga de la primera noche.

El martes, como llovía, los músicos de La Habana y los de Korimakao se juntaron en uno de los salones de ensayo ¡y se armó! En un ambiente más relajado y con el deseo conocer a fondo el trabajo de los músicos del conjunto se fueron mezclando géneros y la fusión se concretó: la orquesta de Korimakao hizo su propuesta y, después, de manera totalmente informal los trovadores de La Habana se fueron mezclando con Korimakao. Fue una experiencia muy particular y aleccionadora: con música todo es posible.

El final

Quienes tuvimos el privilegio de estar 48 horas con Korimakao reconfirmamos que no es solamente hermoso sino vital el intercambio entre músicos de la capital y de otros lugares —y eso va más allá de Korimakao—También coincidimos en que si, lamentablemente, ese proyecto se disuelve se habrá dado culturalmente un paso atrás porque el trabajo del conjunto  ha dejado y deja una huella en la Ciénaga, lugar en el que las opciones culturales no abundan y Korimakao, en muchos sentidos, ha suplido esa carencia.

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