Entrevista con María Santucho:

“Comprometida con un proyecto, aunque sea un quilombo nada fácil”

Vivian Núñez • La Habana, Cuba

Casi nunca habla en los conciertos pero siempre está ahí, donde se le necesita. Es argentina y lleva muchos años en Cuba, por lo que mezcla de manera original y espontánea el “quilombo” con el “no es fácil”. Los trovadores la conocen y la quieren, aunque no ha dejado de “cantar las cuarenta” cuando ha hecho falta.

María Santucho tiene una historia de vida admirable y como parte destacada de ella está su accionar a favor de la canción de autor, venga de donde venga, diga lo que diga, siempre que sea dicho desde la honestidad y el compromiso.

Este noviembre se cumplen 15 años del proyecto A guitarra limpia, organizado por el Centro Pablo. Mejor: creado, junto a Víctor Casaus y otros fundadores del Centro a finales de la década del 90, e impulsado, defendido, amado por María Santucho desde entonces hasta este 15 aniversario. Con ella conversamos sobre lo realizado, sobre las deudas que permanecen, sobre el futuro.

Imagen: La Jiribilla

¿Cuánto de lo que soñaron para A guitarra limpia se ha hecho realidad y cuánto no?

Mucho más de lo que originalmente estaba en nuestras cabezas hacer. Es de los proyectos del Centro Pablo que me hacen sentir muy feliz, porque creo que hemos avanzado, no solo en poder tener a todas las generaciones y las tendencias dentro de la trova en Cuba, sino también en la posibilidad de haber ampliado eso fuera de la Isla y lograr un intercambio bastante fluido con otros países de América Latina y de Europa.

¿Qué hay que hacer o cómo hay que ser para que alguien sea invitado a actuar en un concierto de A guitarra limpia?

En primer lugar nosotros tratamos que las generaciones fundadoras del Movimiento de la Nueva Trova estuvieran en el Centro Pablo, y salvo dos o tres nombres que por razones de sus agendas de trabajo o sus tiempos u otros problemas no han podido estar en el Centro, realmente han pasado todas las generaciones fundadoras del Movimiento. A partir de eso, iniciamos después varios proyectos que eran de manera colectiva con la gente más joven, que en ocasiones tenía una obra no menor en calidad, sino en cantidad, y los agrupamos. La idea era que hicieran un concierto colectivo determinadas voces, determinadas maneras de decir que tuvieran un denominador común, y luego entonces empezar a desgajar, es decir, un racimo primero y luego cada quien pudiera tener su propio espacio. Después, a partir de una idea que nos plantearon trovadores más jóvenes —Ihosvany Bernal y Samuel Águila, que llegaron a nosotros muy jóvenes y que ya tienen una obra— se creó Puntal Alto, un pequeño espacio en la galería nuestra, incluso con creadores de fuera de La Habana, que sirviera como una especie de trampolín para hacer después A guitarra limpia. Como considero que este proyecto mayor se ha ganado un respeto dentro del panorama musical cubano, la idea es justamente que estos trovadores vengan a él cuando ya tengan, al menos, un concierto consolidado.

Cuando el Centro Pablo comenzó esta labor, hace 15 años, la nueva trova y la trova en general habían desaparecido prácticamente de los escenarios, de la discografía y de los medios cubanos. Ahora no es así. ¿Cuál piensas tú que ha sido la contribución del Centro y de A guitarra limpia para que hoy el panorama sea diferente?

El Centro Pablo potenció el hecho de que hoy haya una diversidad enorme de escenarios en los cuales los trovadores pueden presentar su obra, intercambiar con el público, darse a conocer. Creo que sí, que el Centro Pablo abrió esa posibilidad, posibilitó ese espacio en un horizonte que estaba prácticamente desierto. Incluso los fundadores de la Nueva Trova tenían uno o dos lugares fijos, mientras que hoy existen muchísimos: salas de conciertos, importantes instituciones dándoles oportunidades, así como la televisión, la radio con programas dedicados a la trova, sitios que tienen que ver más con la vida nocturna… El Centro Pablo fue al menos un catalizador para que hoy exista ese panorama.

Hay muchos que consideran que un creciente número de creadores cubanos contemporáneos se dejan seducir por el mercado —y a veces por la necesidad—, recurriendo a lugares comunes en su creación, menos auténticos, quizás más comerciales, y que eso puede lastrar su obra. ¿Coincides con ese criterio? ¿Cómo piensas que ha funcionado en el caso de los trovadores?

Si bien te he dicho que hay un panorama favorable hoy para la divulgación y la promoción de la trova y para la confrontación de los creadores con un público ya conformado y conocedor, también creo que ha sucedido mucho lo que tú apuntas entre los trovadores. Considero que tiene que ver, básicamente, con escoger algunos caminos más fáciles, más remunerables, lo cual genera una especie de encantamiento en algunos sectores; creo que se produce un descenso en la calidad o un estancamiento de la obra de ese trovador. Opino que, lamentablemente, los apremios de la situación económica ha lastrado la obra de algunos trovadores que arrancaron muy bien, que hicieron una carrera incluso vertiginosa en cuanto a calidad, y que hoy no han crecido como creadores. No es menospreciar “los bares y las cantinas” por definición —acabamos de presenciar en A guitarra limpia un concierto de Marta Valdés, que tiene una buena parte de su magnífica obra asociada a esos lugares—, sino que creo que ello debe estar vinculado con una labor de estudio, de investigación, una lectura que no ocurre, salvo excepciones, en las nuevas generaciones.

¿Piensas que A guitarra limpia se ha desgastado como proyecto o crees que le quedan muchos años más?

Estoy segura que le quedan muchos años más, porque siempre existirán trovadores, siempre habrá alguien cantándole a su ciudad, a su pareja, a lo que ocurre a su alrededor… Pero creo que A guitarra limpia tiene que hacer un giro conceptual, tiene que hacer un giro de forma, tiene que hacer un giro buscando otras propuestas, vinculándose incluso con otras manifestaciones; eso lo enriquecería mucho. Tenemos que alimentarnos de un sector de la trova que está haciendo propuestas nuevas. Este es un año de cierre que nos va a permitir quizás en el 2014, con un poquito de tranquilidad, pensarlo mejor. A lo mejor no podemos seguir haciendo un concierto mensual porque necesitamos armarnos de una estructura diferente o pensarlo de otra manera o salir del patio, como ya lo hemos hecho, pero más regularmente; buscar fuera de La Habana, porque creo que fuera de la capital están pasando muchas cosas en el terreno de la canción de autor. Esos son algunos de los retos que tenemos para el año próximo: buscar nuevas propuestas y nosotros motivar, incentivar a un sector de los trovadores a que hagan también proyectos diferentes.

Entonces nos vemos dentro de 15 años para seguir hablando de A guitarra limpia…

No creo que dentro de 15 años esté organizando el concierto, pero de seguro estaré en el público.

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