Artes Plásticas

Ángel Ramírez: un hacedor de objetos, un comunicador

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Fotos: Cortesía del artista
 

Desde el 26 de octubre y hasta el 24 de noviembre, el destacado grabador, pintor y escultor Ángel Ramírez (La Habana, 1954) visitó Suecia —en calidad de “artista residente”— para presentar una muestra personal, que tituló Cualquier pedacito de oro,  y también confeccionar una escultura.

Imagen: La Jiribilla

Este proyecto —recién iniciado— tiene el objetivo de incrementar la vida cultural y fomentar el intercambio entre artistas de la plástica, cubanos y de otras latitudes, en la ciudad de Varberg, al sur de Gotemburgo, una zona de gran desarrollo portuario e industrial y reconocida, además, por la calidad de sus aguas.

Ramírez llevó de La Habana sus pinturas y grabados que fueron, mayoritariamente, concebidos para este proyecto, y paralelamente se propuso, a pesar del poco tiempo disponible, un empeño arriesgado.

“Podía hacer lo que quisiera y decidí crear una escultura que me llevó mucho tiempo  y, a la vez, implicó un poco de angustia porque pasaban los días y no lograba terminarla. Al mismo tiempo, se montó la exposición Cualquier pedacito de oro que aborda un tema muy común en nuestros días: todo se compra y se vende y esa necesidad de comerciar —como recurso de vida— convierte en mercancía cualquier cosa.

“Todas las piezas tenían ese carácter; pero incluí otras cuatro que pertenecen a una serie anterior titulada Son para la corona. En esta serie hablo de cambios, de momentos de rompimiento y de surgimientos de nuevas etapas. En Son para la corona aparece, con recurrencia, el mismo personaje que corta flores para esa corona”.

Imagen: La Jiribilla

La expresión “cualquier pedacito de oro” se asocia con la realidad inmediata cubana, ¿cómo funcionó con el público sueco?

Es un problema internacional que tiene que ver con la modernidad. En Cuba el tema del hombre que pregona comprando oro es relativamente nuevo, pero en el mundo es un fenómeno normal. Desde hace muchos años, he visto —por ejemplo en México, en Venezuela y en varios países de Europa— carteles que anuncian: “Compro oro”, y es algo muy natural. En la obra empleo el pregón, que hoy se escucha en toda la Isla, como excusa para poner acento en la situación en que nos estamos encajando y que está muy cercana al mercado. Nosotros venimos de la utopía de la ausencia de mercado, pero ya estamos metiéndonos en él. Es una realidad.

¿En qué consistió la escultura?

Como se trataba de una obra hecha enteramente en Suecia y que se iba a quedar emplazada allí, pensé que nada mejor que hacerla en madera. En ese país hay mucha madera, hay infinidad de casas hermosísimas construidas con ese material. Ellos tienen una cultura arraigada de cómo manejar y emplear la madera, que viene de tiempos muy atrás. También los barcos son una parte importante de la cultura sueca —su fomento data del tiempo de los vikingos, quienes fueron excelentes navegantes―. Hay una zona de Suecia, en la parte de la costa, que está compuesta por unas inmensas chinas pelonas, es decir, unas piedras enormes, maravillosas, con un paisaje espectacular. Antaño había un gran bosque que devastaron porque se utilizó la madera para construir barcos, pero cuando el rey de aquel tiempo se dio cuenta de que habían acabado con el monte,  mandó a  sembrar, rápidamente, nuevos árboles sin percatarse que demoraban años en tomar altura: habían consumido en poco tiempo lo que la naturaleza demoró muchos años en formar. Desde entonces, ellos tienen una gran cultura de cuidado hacia el medio ambiente.

Imagen: La Jiribilla

En un viaje que anteriormente realicé a Suecia, estuve en una cooperativa de artistas en la que cada creador tenía su espacio: se hacía grabado, cerámica, escultura, textiles, etc; en uno de esos talleres, participaba un hombre que —¡él solo!— se dedicaba a hacer cascos de barcos. Luego, entregaba esos cascos para que fueran concluidos por otras manos. Me pareció sumamente interesante esa técnica, es decir, que uniendo la madera se podía lograr un volumen muy grande como el que tiene un barco, por ejemplo.

Eso, de alguna manera, me influyó y decidió mi forma de hacer las esculturas: las que hago en este momento son eso, una suma de maderas sobre una estructura, que es la que las sustenta y da cuerpo. Esa es otra razón por la que abordé esta escultura en madera según la manera de hacer un barco en Suecia. La tercera razón es que, en ese país, hay una tradición y una cultura muy particular de hacer asientos y en las calles, por donde quiera, te encuentras bancos. Me quise sumar a la estética del lugar con un banco de madera en el que está sentado un anciano que te invita a que lo acompañes. También está el tema de la soledad: ese hombre está solo y quiere conversar con alguien. La pieza se llama “Cuéntamelo todo”  y es como una invitación para descargar toda tu catarsis al anciano que, al final, no va a juzgar y tampoco, lo va a comentar con nadie.

Imagen: La Jiribilla

¿Acaso se está despertando el interés por hacer una obra utilitaria?

Esta es la primera vez que me sumerjo en algo así. Sin embargo, siempre me ha gustado el tema del mueble y de la carpintería utilitaria; pero no vinculada con la obra. En Gotemburgo, la segunda ciudad más grande de Suecia, está el Museo del Diseño donde se atesora la historia de esa manifestación y cuenta con una cantidad de sillas y de bancos impresionante. Igual sucede en las casas y en las calles, en donde te encuentras bancos y sillas con diseños muy particulares por todos lados. En lo personal, siempre las sillas me han gustado y me encantaría tener una gran colección, pero no tengo ni cómo ni dónde.

A partir de este viaje, ¿surgió un nuevo proyecto?

Establecí contacto con Nina Bondeson, una excelente artista sueca que conocía del viaje anterior. Casualmente, ella presentó una exposición personal, justo en el lugar donde expuse ahora. Nos identificamos  porque ella es como una cuentera. Es decir, su relación texto-obra hace su trabajo muy narrativo y con una intención literaria marcada. Mi obra, también, tiene un vínculo teatral-literario y, en lo personal, me gustó muchísimo su trabajo. Ella es, además, grabadora, dibujante, pintora y hace instalaciones y su esposo, Jim Berggren, es un excelente impresor de litografía. Nos hemos puesto de acuerdo para hacer una obra entre los dos —o entre los tres, porque él es el técnico que dará la solución final a la pieza—. Esta idea forma parte del proyecto Dando y dando que he venido desarrollando desde hace varios años atrás y que consiste en trabajar con otro artista como una manera de unir en una sola pieza mi estética con la del otro creador. Y, verdaderamente, los resultados han sido fabulosos. En el arranque, en el 2004, conté con la colaboración de maestros de maestros y colegas todos, como Armando Posse, Lesbia Vent Dumois, Luis Miguel Valdés, Choco, Rafael Zarza, Sandra Ramos, Abel Barroso, Ibrahím Miranda, Carlos del Toro, Manuel Castellanos, Hugo Azcuy, Rigoberto Mena, Norberto Marrero, Frank Martínez, Ramón Casas, Julio César Peña, Luis Cabrera y Rubén Rodríguez, sin olvidar a Belkis Ayón con quien inicié la idea en el año 1997 y que terminó después, dándole nombre a todo el proyecto que, con el tiempo, se ha ido extendiendo y ha involucrado a grabadores de otros países, culturas y maneras de hacer.

Ud. está en La Habana y ellos en Suecia, ¿de qué manera se llevará a la práctica esta idea?

Es curioso: empezamos por el final porque los papeles se quedaron firmados, aunque no numerados. Firmamos 40 papeles y pienso que, al final, queden validados unos 30. Crearé las imágenes y las haré llegar a través de amigos que viajarán en los próximos meses. Esas imágenes las haré en acetato, que son láminas transparentes que se pasan fotomecánicamente, a las planchas litográficas. En Suecia, como en casi todo el mundo, no se trabaja en piedra como aquí, en Cuba, sino en planchas de metal. Ella hará su parte, yo la mía, y nos consultaremos por e-mail y, seguro, nos pondremos de acuerdo. Luego, a imprimir.

Además de este proyecto, ¿tiene otro?

En el primer trimestre de 2014, tengo una propuesta de exposición en la ciudad norteamericana de Boston para la que crearé una obra nueva, pero siempre con la estética que mantengo desde hace años.

¿Solamente pintura?, ¿no habrá grabado?

Por el momento es muy arriesgado asegurar que no habrá grabado. Aún no sé. Últimamente estoy utilizando el grabado como parte de la obra. Antes de ir a Suecia, hubo una exposición, que se tituló Mi tía se llama Cacha, que consistió en una pieza conformada por 21 —todas a partir de cuatro grabados—. Es una combinación de pinturas y objetos porque sobre la obra, previamente impresa, hay pintura, objetos y tarequería adicionados y, finalmente, termina siendo un único cuerpo.

Imagen: La Jiribilla

Si le obligaran a elegir entre la pintura, el grabado o la escultura ¿por cuál se decidiría?    

De origen soy grabador; pero no creo que exista ninguna palabra que me defina fielmente: quizá soy un inventor, un cacharrero, un hacedor de objetos. Probablemente, la mejor definición sería un comunicador a través de la imagen. Esa definición, creo, se acerca más a lo que hago porque me valgo de cualquier cosa que tenga a la mano. Por otro lado, me interesa, me gusta y disfruto que se vea la manualidad, el trabajo con la materia. También la madera, que fue por donde comencé haciendo grabado, vuelve una y otra vez porque es un material que puedo manejar. Francamente, no me atrevo tanto con otros soportes.

Por momentos su taller parece una carpintería…

Me gustaría que fuese más carpintería aún. Me encantaría contar con buenas sierras, con sinfines, con caladoras… poseer más herramientas que tienen que ver con el quehacer de un carpintero. Pero, al final, todo está en función de la obra que, creo, con coherencia he venido desarrollando desde hace más de 30 años.

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