Estorino, siempre

Vivian Martínez Tabares • La Habana, Cuba

Tras el fallecimiento del dramaturgo, crítico, director y escritor cubano Abelardo Estorino, Premio Nacional de Literatura 1992 y Premio Nacional de Teatro 2002

Acaba de morir Abelardo Estorino y el teatro cubano pierde al escritor y al artista que, con una obra modelo de consecuencia ética, humana y profesional y de inconformidad permanente, siempre aspirando a la perfección, nos legó historias humanas y entrañables con personajes inmersos en disyuntivas morales como las que nos tropezamos día a día, y afanados en encontrar, a toda costa, tras sus actos y conductas, la verdad como asidero más legítimo del ser.

Ha muerto Abelardo Estorino y la cultura y la nación cubanas pierden a un hombre honesto y noble, a un ciudadano memorioso, a un creador dedicado y fecundo, convencido de la utilidad de su misión, empeñado en defender sus ideas hasta las últimas consecuencias, con las armas que sabía manejar con excelencia: la palabra, las leyes de la escena, que también supo violar y transgredir, desde la necesidad inalienable de pensar su presente y su historia.

Imagen: La Jiribilla
Foto: La Jiribilla
 

Ha muerto Abelardo Estorino y la Casa de las Américas pierde a un miembro de la gran familia latinoamericana y caribeña que somos.

Ha muerto Estorino, y quienes lo conocimos y tuvimos su amistad y su confianza como un premio que nos dio la vida, hemos perdido a alguien insustituible, cariñoso y jovial, agudo y ameno conversador, y a un espíritu juvenil y juguetón que luchaba contra el inevitable paso del tiempo.

Ya no podremos escucharle defender sus ideas, comentar entusiasmado sobre sus próximas tramas, sorprendernos con el empeño de rescribir y hacer crecer una dramaturgia andada.

Pero el artista vive eternamente en su obra, en sus pasajes literarios y en sus situaciones dramáticas, en las palabras de esos seres que no fotografió sino que supo recrear para recrearnos a nosotros, sus espectadores y recrearse él mismo. “Creo en lo que está vivo y cambia”, “encontrar las motivaciones más profundas” son, más que algunas de sus frases raigales, una vocación de vida, vocación de amor y de servicio por la humanidad.

Esteban, Tavito, Ismael, Milanés, Nina, Cecilia y tantos otros seres que fueron hijos de su pluma y de su talento, lo mantendrán junto a nosotros, siempre.

Publicado en La Ventana, portal informativo de Casa de las Américas

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